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Cinco ejes estratégicos para ciudades intermedias en Bolivia

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Cinco ejes estratégicos para ciudades intermedias en Bolivia
Plaza Principal de Tarija (Bolivia). Foto: Dieter Jungblut (Dominio Público)

Cuando piensas en Bolivia ¿cuál es la primera ciudad que te viene a la mente? ¿La Paz? ¿Santa Cruz? o, tal vez, ¿Cochabamba? Pero ¿qué hay de Trinidad, Tarija, Cobija o Riberalta? Estas son ciudades relativamente pequeñas, en comparación con las urbes antes mencionadas, pero con un crecimiento acelerado en términos de población.

En Bolivia, las ciudades intermedias son aquellas con una población comprendida entre 50 mil y 500 mil habitantes y con economías típicamente más especializadas en servicios terciarios o industria. La pregunta que surge es ¿cómo estas ciudades pueden gestionar su crecimiento para ser sostenibles y estar preparadas para el futuro?

El proceso de urbanización de Bolivia comenzó relativamente tarde en relación con otros países de América Latina. Cerca del 66 por ciento de los bolivianos vive actualmente en áreas urbanas y, según estimaciones de Naciones Unidas, el índice ascenderá al 75 por ciento en 2025. Este panorama ofrece una oportunidad única para actuar y aprovechar los beneficios de la urbanización, sobre todo para las ciudades intermedias.

El Banco Mundial ha realizado un análisis extenso sobre estas ciudades en Bolivia y ha identificado cinco temas estratégicos para su desarrollo:

  • Construir ciudades compactas

En la mayoría de las ciudades de Bolivia, el aumento de la población extendió enormemente los límites municipales. Las viviendas de baja densidad y de autoconstrucción empezaron a agruparse en los márgenes de las ciudades que, frecuentemente, son propensos a riesgos como deslizamientos o inundaciones.

Para atender estos asentamientos hace falta una red extendida de servicios, cuyo desarrollo y mantenimiento implica importantes inversiones. Además, viajar largas distancias para llegar al trabajo representa altos costos para los usuarios (son los pobres quienes normalmente viven en las áreas más alejadas y desconectadas de la ciudad) y pérdida de tiempo productivo.

Mediante el uso de herramientas de planificación territorial las ciudades pueden orientar su crecimiento hacia la densificación en lugar de la expansión del tejido urbano de tal manera que sus habitantes no estén expuestos deliberadamente a los riesgos mencionados, los costos de los servicios sean más manejables y las distancias de viaje sean más cortas.

  • Los datos son importantes

Para administrar las ciudades efectivamente es fundamental entender qué desafíos específicos enfrentan. Evaluar el tejido urbano mediante indicadores medibles ayuda a llegar al fondo de estos retos y establecer la línea base para evaluar el impacto de los proyectos futuros.

Los datos relevantes como movilidad, pobreza o acceso a servicios básicos a menudo se pueden recopilar con una extensión del Censo de Población. Es importante que la metodología sea consistente en todo el país y que esté alineada a las recomendaciones internacionales como las desarrolladas en Hábitat III.

Además, es esencial incluir todos los asentamientos -formales e informales- en la recopilación de datos para obtener una evaluación completa. El establecimiento de un sistema de catastro que registre todos los lotes y habitantes simplifica la recopilación y el análisis de datos y, al mismo tiempo, es una oportunidad para generar más ingresos.

Municipio de Trinidad (Bolivia) desde el aire. Foto: Cortesía
  • Fortalecer la resiliencia ante los peligros naturales

El concepto de resiliencia ante desastres involucra tres aspectos:

  • La evaluación de los riesgos actuales y futuros
  • La planificación territorial coherente
  • Mejoras estructurales.

Además, es crucial desarrollar mecanismos institucionales que se activen de manera inmediata en caso de ocurrir un desastre, de manera que las competencias sean claras y no se desperdicie tiempo para brindar ayuda a la población afectada.

  • Invertir en capacidad municipal

Las ciudades intermedias en Bolivia reciben una contribución per cápita significativamente mayor que las ciudades más grandes en recursos provenientes de transferencias del Gobierno nacional. En consecuencia, la atención puede enfocarse en el fortalecimiento de capacidades de administración e implementación de proyectos con una clara visión de desarrollo territorial. Para hacer un uso eficiente de la tierra y los fondos, así como para aprovechar mejor el potencial de ingresos, es fundamental contar con personal calificado. Esto significa capacitación en planificación urbana y territorial y gestión municipal.

Las ciudades no pueden hacer esto solas. Para mantener las inversiones en capacidad institucional a largo plazo, se necesita asistencia técnica continua desde los niveles regional y nacional. Por ejemplo, las administraciones municipales de las ciudades intermedias podrían unir fuerzas con las autoridades nacionales y regionales para organizar talleres y programas de capacitación para su personal con el fin de difundir conocimiento sobre mejores prácticas.

  • Aprovechar las economías locales

Cada ciudad intermedia tiene sus propias características geográficas y económicas y un papel en la red nacional de ciudades. Es importante evaluar estos factores y adaptar las estrategias de desarrollo territorial específicamente a estas condiciones.

Las iniciativas de desarrollo económico deberían basarse en el análisis de las economías locales y considerar las cadenas de valor relacionadas como posibles nuevos campos de actividad.

Las estrategias para aprovechar las economías locales van desde la creación de alianzas entre empresas establecidas y emergentes de la ciudad, hasta asumir el entrenamiento de “aprendices” para emparejar las habilidades que se enseñan en las escuelas con las necesidades de las empresas locales. También se debe pensar en el apoyo para construir nuevas economías en torno a las ya existentes.

Las cinco estrategias mencionadas, pero especialmente las tres primeras, se superponen y están interrelacionadas. Enfocarse en una de ellas reduce la barrera para lograr las demás. Lo que significa que no hay lugar equivocado para comenzar y las ciudades intermedias de Bolivia pueden enfrentar los desafíos de su rápido crecimiento urbano, paso a paso, para proporcionar a los nuevos residentes urbanos una mayor calidad de vida.

Columna publicada originalmente en Blog del Banco Mundial

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