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La felicidad, un pilar del desarrollo económico sostenible

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La felicidad es asumida hoy en compañías, ciudades y países del mundo como un factor primordial a la hora de pensar en el desarrollo y la competitividad.

La felicidad, un pilar del desarrollo económico sostenible
Las empresas, de acuerdo con Camila Pérez, directora de Análisis Macroeconómico y Sectorial de Fedesarrollo, están comenzando a reconocer la importancia del bienestar de sus empleados

Bután, país budista ubicado en la cordillera del Himalaya, mide la felicidad interna bruta (FIB) desde 1972. Esa idea ahora es una tendencia que relaciona la calidad de vida de los empleados, las estrategias para propiciar la creatividad, el sentido de pertenencia y el trabajo en equipo con la felicidad y gana terreno como capital para el mejoramiento de la competitividad, y como pilar del desarrollo sostenible. Compañías, gobiernos y organizaciones supranacionales comienzan a darle un lugar primordial en sus planes de desarrollo, a pesar de ser un concepto presente en estudios económicos desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Bután, país budista ubicado en la cordillera del Himalaya

“En ese entonces, el economista Richard Easterlin hizo aportes a la ciencia económica en lo que se refiere a entender por qué al haber aumentos sostenidos de los ingresos per cápita en países como Japón, Estados Unidos e Inglaterra las mediciones de felicidad de sus habitantes, también conocido como el bienestar subjetivo de los mismos, no tenía el mismo efecto de aumento significativo”, explica Catalina Gómez Toro, jefa del pregrado en Economía de EAFIT.

Se generó entonces lo que se conoce en la literatura como la Paradoja de Easterlin: los ingresos de las personas aumentan, pero su nivel de satisfacción con la vida se mantiene igual o, incluso, tiende a caer en el tiempo. De eso se desprende una línea de investigación conocida como economía de la felicidad, mediante la cual investigadores en diversas ramas del saber tratan de entender qué genera bienestar a los individuos.

En palabras de la docente, este enfoque se convirtió en algo novedoso “pues la felicidad o bienestar del sujeto era solo tema de investigación de filósofos, teólogos y psicólogos. Los economistas, luego de la década del 70, entraron a hacer aportes al entendimiento de por qué un individuo se declara satisfecho o insatisfecho con su vida, lo que va más allá de su nivel de ingresos o socioeconómico”.

Conceptos como el desarrollo del talento humano a través del mejoramiento de la calidad de vida de los empleados, y la puesta en punto de estrategias para propiciar la creatividad, el sentido de pertenencia y el trabajo en equipo se están convirtiendo en la constante mientras las compañías tratan de igualar sus enfoques estratégicos con los planes de vida de sus colaboradores.

La felicidad, un pilar del desarrollo económico sostenible
Camila Pérez, directora de Análisis Macroeconómico y Sectorial de Fedesarrollo

Las empresas, de acuerdo con Camila Pérez, directora de Análisis Macroeconómico y Sectorial de Fedesarrollo, están comenzando a reconocer la importancia del bienestar de sus empleados, que no trabajan por un sueldo y tienen aspiraciones inmateriales, como el tiempo libre. “La condición de felicidad va más allá. El progreso económico basado solo en el ingreso es relativo, y cada vez más las personas evalúan otros aspectos. La plata puede dar una satisfacción momentánea, pero habrá cosas menos costosas que dan más satisfacción”, señaló Camila.

No obstante, aún existen prejuicios que ralentizan el avance de este concepto en el ámbito mayoritario pues, según Carolina Velásquez Castaño, coordinadora administrativa de EAFIT Bogotá, la felicidad en las organizaciones se ha malinterpretado como una moda en vez de asumirse como la forma de entender que no basta fortalecer aspectos técnicos sin tener un conocimiento sólido de sus empleados en relación con sus gustos, actividades y posibilidades de aportar lo mejor de sí mismos.

“Incorporar la felicidad a la estrategia empresarial pasa por abordar aspectos de inteligencia emocional, capacidades individuales y colectivas, comunicación asertiva, liderazgo, conformación de equipos y creatividad, entre otros”, resaltó Carolina.

De esta manera, el concepto de desarrollo deja de estar asociado únicamente a la capacidad de generar dinero y pasa por la incorporación de temas de calidad de vida. Para muchas empresas es claro hoy que el tener un capital humano satisfecho redunda en mayor eficiencia, productividad y crecimiento económico.

“Para las corporaciones es un concepto importante, dado que todavía somos economías intensivas en mano de obra y, además, enfocadas en el sector terciario, en donde la eficiencia y productividad son claves para un buen desempeño. Empleados felices traen externalidades positivas, perduran en el tiempo. Ya no se habla de captación de talento humano sino de retención de talento humano”, manifiesta Catalina Gómez.

Y es que los costos de inestabilidad laboral son, para la docente, fuente de choques productivos negativos, por lo que el tener empleados con condiciones laborales flexibles y líderes en lugar de jefes, que ven a sus equipos como seres humanos con familia y responsabilidades personales, genera un ambiente laboral positivo que redunda en mayores ganancias.

Richard Easterlin. Foto: Jame Madison University

Fenómeno global

La calidad de vida adquiere mayor importancia al analizar que para entrar a un estadio de mayor desarrollo es necesario crecer de manera sostenida durante un largo período, un fenómeno evidenciado en países asiáticos como Japón y Corea del Sur. En dicho sentido, empresas más productivas aportan al crecimiento económico del país, y este último, a largo plazo, llevará a mejorar la calidad de vida de millones de personas.

Así lo considera Catalina Gómez, quien resalta que los países latinoamericanos lideran las escalas de medición de felicidad, a pesar de sus problemas de pobreza, inseguridad, inequidad, entre otros fenómenos sociales.

“Resulta curioso que los países de América Latina son considerados como los más felices del mundo. Por ejemplo, la encuesta de Gallup 2017 encuentra a los países latinos liderando el top 10 de experiencias positivas (…). Los únicos países por fuera de los latinos son Uzbekistán, Filipinas y Noruega. Lo anterior puede explicarse, en parte, por razones culturales, en donde se presume que los habitantes de América Latina se enfocan en los aspectos positivos de la vida”, señaló la jefa del pregrado en Economía de EAFIT.

Colombia realizó un primer diagnóstico de la felicidad de sus habitantes, a través del Departamento de Planeación Nacional. Los resultados, publicados en 2016, arrojaron un puntaje promedio de 8,2 —en una escala de 1 a 10— cuando los colombianos respondieron qué tan felices se sintieron ayer, con un 8,3 en hombres y 8,1 en mujeres.

La Red para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas publicó el Informe Mundial de la Felicidad 2017, en el que Colombia ocupó el puesto 36 entre 155 países. Noruega, Dinamarca e Islandia tienen, según el documento, los habitantes más “felices”, mientras los más “infelices” están en República Centroafricana, Burundi y Tanzania.

Lo anterior, ya sea en el ámbito de naciones o de corporaciones, es una muestra de que la felicidad se abre camino como indicador de desarrollo y competitividad, un concepto que abrazan con mayor facilidad los jóvenes y adolescentes.

“Antes se crecía con la idea de estudiar para emplearse y tener carro, casa y beca. Pero las generaciones más recientes tienen más motivaciones y el dinero no compra la felicidad. Por eso, las empresas están cambiando la estrategia y se enfocan más en la gente, en condiciones más acordes con las aspiraciones personales para ser más productivos y creativos”, aseguró Pilar Ibáñez, consultora en felicidad organizacional.

Agencia de Noticias EAFIT

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