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La Biela, donde Bioy Casares y Borges te esperan

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Enfrente del Cementerio de La Recoleta, en uno de los lugares más turísticos de la ciudad de Buenos Aires, las esculturas de los hermanos Oscar y Juan Gálvez, populares pilotos del automovilismo argentino durante las décadas del 40 y el 50, custodian la entrada de “La Biela” con una sonrisa.

Frontis del Café La Biela. Foto: La Biela

Celeste del Bianco – Periodista (Buenos Aires)

Adentro, en la primera mesa que da a la puerta permanecen sentados inmóviles los escritores Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, en homenaje a la mesa 23, reservada por los mozos para el autor de “La invención de Morel”.

Carlos Gutiérrez, dueño del tradicional bar que ya lleva más de 150 años, indicó que los dos escritores pasaban largas horas hablando y escribiendo. “Cuando gana el Premio Cervantes, Bioy Casares, en un libro, habla de todo el personal que lo atendía en La Biela. Tenía una mesa, que era la mesa 23, que no se ocupaba viniera o no viniera. Era una mesa disponible para él. Siempre venía al mediodía. Las fotos que tenemos arriba de la barra son sacadas por Bioy Casares para un libro de Borges”, señaló Carlos en diálogo con LA Network. “Era muy caballero, tenía muy buen trato. Entraba a la cocina, saludaba a los cocineros; era un personaje importante”, agregó.

En la primera mesa que da a la puerta permanecen sentados inmóviles los escritores Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, en homenaje a la mesa 23. Foto: Celeste del Bianco

Antes de convertirse en La Biela, el lugar cobijó a la pulpería del “Vasco” Michelena y al bar La Viridita”. Tomó su nombre en la década del 50 cuando el corredor de automovilismo “Bitito” Mieres fundió su coche y se quedó en el bar junto a sus amigos con “La Biela fundida”. Desde ese momento, el lugar se convirtió en una referencia para ese deporte. “Los hermanos Gálvez eran habitúes. Había un lugar al que le decíamos “el rincón de las tuercas” que cuando no era tan comercial el Turismo Carretera, en el año 60, cuando se ganaban los campeonatos venían a festejarlo acá. Venía Gastón Perkins, Vega, venían todos y lo festejaban”, recuerda el Gálvez, quién está al frente del lugar desde 1966.

“Tuvimos un auge internacional muy fuerte cuando estaba la Fórmula 1, los corredores paraban en el Hotel Alvear, a pocas cuadras de aquí, y comían todos los días en la confitería. Salíamos en todas las revistas que tenían que ver con la F1 y eso ayudó a que se conociera el bar en el mundo. Hoy no creo que haya un bar tan conocido como La Biela en el mundo porque tiene una historia muy particular”, rememoró.

Carlos Gutiérrez, propietario del lugar. Foto: Celeste del Bianco

El salón amplio y elegante está decorado con fotos de escritores, automovilistas y obras de artistas jóvenes que exponen en el Centro Cultural Recoleta, un reducto de la cultural porteña cercano al café.

“En verano hay más turismo que gente “habitué” pero es un lugar de encuentro permanente para todo lo que tiene que ver con la cultura, con el deporte, con la política y con la gente normal, los vecinos de la zona que se reúnen permanentemente para reuniones, para charlar. Todavía se arman las mesas y están cuatro o cinco horas hablando en el café. Eso es muy tradicional de Buenos Aires. No hay muchas ciudades que tengan la cantidad de bares que tiene Buenos Aires y es por el tema social. También vemos que la gente joven un poquito cambió. Hay una mesa de seis y cuatro con el celular. No es por estar en contra de la tecnología, pero creo que le hizo mal a la charla cotidiana de la gente y pasa en las casas también”, afirmó.

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