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La Buena Medida de La Boca

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La Buena Medida, integrante del circuito de cafés y bares notables de la ciudad de Buenos Aires, reabrió sus puertas el 2 de mayo pasado después de un gran esfuerzo de su familia fundadora y de distintas personalidades del barrio de La Boca. Todo un emblema.

Café La Buena Medida, ubicado en el barrio de La Boca. Foto: GCBA

Celeste del Bianco – Periodista (Buenos Aires)

“La Buena Medida” está ubicado en el corazón profundo de La Boca, en Suárez y Caboto, frente a la Plaza Solís, donde se fundó el club Boca Juniors. Emplazada en la parte no turística del barrio, es un lugar que conserva su autenticidad de bodegón. Su fundación se produjo en 1905 por Ángel Schiavone y hoy persiste con sus tonos grises, sus ventanales grandes, las típicas construcciones de chapa de los conventillos en la parte superior y los pisos con baldosas amarillentas y negras como un tablero de ajedrez.

Detrás del mostrador, entre grandes heladeras metálicas, Tony Schiavone, hijo del fundador accedió a la charla con LA Network.  “Viene mucha gente de la cultura, pintores, escultores, escritores. Se juntan con amigos para almorzar, a tomar una copa, conversan y ese tipo de cositas. A veces no entiendo que haya tanta gente identificada con el bar, con la trayectoria. Me dicen que están contentos, que pasan momentos buenos. Eso es importante”, relató Schiavone hijo.

El historiador urbano Horacio Spinetto señaló que como artista plástico comparte las tardes con el grabador Rodolfo Cavilla, los pintores José Bava, Bárbara Laguens, Dolores Pardo, el escritor Pablo Vinci, los cineastas Carlos Canepa y Juan B. Stagnaro, entre         otros.

El café tiene las típicas construcciones de chapa de los conventillos en la parte superior, que se ven en el barrio de La Boca. Foto: Cortesía

El lugar ha sido también escenario para el cine argentino. La gente relata cómo Palito Ortega junto a Juan Carlos Altavista y Javier Portales grabaron escenas de “Los muchachos de mi barrio”. Muchos años después, sería Julio Chávez en “Un oso rojo” de Israel Adrián Caetano, quien tendría varias escenas en el café.

Sin embargo, mantener un bar de estas características no resulta fácil. “Es un bar histórico que está pasando por un momento difícil. Al no haber trabajo, los gastos se reducen y se complica. Nos afectó el tarifazo de los servicios por la razón de que no hay trabajo”, explica Tony que comparte los quehaceres con un mozo y una cocinera.  “El barrio es muy lindo, pero está muy abandonado. Está pasando un momento malo, como dejado en el tiempo. La gente no se ocupa, el gobierno de la ciudad tampoco se ocupa como debería hacerlo”, describió.

“Está bastante dejado, hay muchas casas tomadas. No es lo mejor, por eso me limito a tener muy poquito tiempo de atención, pocas horas. Antes trabajaba de 7 de la mañana hasta las 10 de la noche, ahora es todo distinto, cambió. Estamos de 9 a 18 horas, parece una oficina ya, no parece un bar”, agregó apenado.

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