Para interactuar en La.Network, debes ser un miembro de la comunidad

¡REGISTRATE, ES GRATIS!

Registrate con tu cuenta de Google Registrate con tu correo electrónico ¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Donar

¿La felicidad duele?, ¿Para ser feliz tengo que sufrir un poco?

Compartir en redes sociales:

¿La felicidad duele?, ¿Para ser feliz tengo que sufrir un poco?

Recientemente platicando con un grupo de trabajo, salió en la conversación, una pregunta bastante interesante, demasiado profunda, y hasta cierto sentido incomoda.

¿Para ser felices, debemos sufrir, aunque sea un poquito?

Definitivamente, es un cuestionamiento muy humano, y no lo digo en el sentido de quien hizo la pregunta, sino, que pudiera parecer muy humano el hecho, de que de una forma u otra creamos y aceptemos, que tenemos que pagar un precio, un tributo por aquello que pueda darnos satisfacción, como en este caso, sería la felicidad.

En una sociedad donde todo tiene un costo, es muy normal (no digo que este bien o mal) que pensemos que, hasta nuestras emociones y sentimientos, tienen un costo, un precio, un impuesto que nos garantice al menos, unos segundos de real y poderosa felicidad, y es que “nadie puede ser feliz, así porque sí”, ¿cómo por qué?

Bajo esta lógica, nos acostumbramos a pensar que la felicidad por sí sola no puede darse, tiene que costar algo, y si el costo es un pequeño sufrimiento, mucho mejor, algo así como una especie de tributo emocional, que nos asegure y respalde el disfrute pleno de los momentos felices de nuestra vida, a veces pensamos tanto en este pago sentimental, que creemos realmente que sería hasta irresponsable, andar por la vida deseando ser felices, sin pagar lo que se tenga que pagar para serlo.

Y es que después de todo, nacimos en un entorno donde sin quererlo, aprendimos a monetizar todo lo que nos rodea, y por mucho que nos esforcemos en decir que los grandes momentos de la vida no cuestan, lo real, es que lo aceptamos, aceptamos la realidad de creer que todo cuesta, aún y cuando eso no suponga que así sea en verdad.

Veámoslo desde una perspectiva diferente, ¿el dolor cuesta?, ¿el sufrimiento tiene un precio?, o ¿está dado por sí mismo?, ¿en el pecado llevamos la penitencia?, ¿sufrir es el costo de la vida?, ¿es el propio dolor la moneda?, ¿va implícito en esas acciones que nos hieren o lastiman?, ¿en esos pequeños tormentos que debemos vivir para valorar lo demás?.

Categóricamente podría decir que no, que no se necesita pagar con el cambio de nuestras tristezas, nuestras efímeras alegrías.

Porque incluso al hacerlo, estaría aceptando el hecho de que la felicidad es buena, y el dolor es malo, y tampoco es así. La vida, nuestra vida, trasciende muy a pesar de nuestras tercas convicciones, el bien y el mal, nuestra vida es total, integral, lo es todo, y se compone de todo, tanto de aquello que nosotros etiquetamos como bueno o malo, según el momento, conveniencia u oportunidad.

Desde que nacemos venimos equipados y acompañados por capacidades personales y sociales, que van cambiando de forma, intensidad y dirección, de acuerdo a las emociones, que al tiempo convertimos en sentimientos, que conformamos en experiencias, a partir de miles de sensaciones, generando una red infinita de historias y leyendas, a las que les ponemos personajes, nombres, momentos y tantos matices, como nos podamos imaginar, nuestra vida, es eso y más, y de ninguna forma se puede limitar a entender lo que nos pasa diariamente como bueno o malo.

Es a partir de nuestra a veces terca necesidad de encuadrar lo que sentimos, de calificar y validar, que abandonamos nuestro derecho y capacidad de sentir en plenitud nuestros sentimientos, y aprender de ellos, de tomar lo mejor de lo que consideramos bueno, así como de aquello que nombramos como malo.

Quizá la pregunta no es, ¿qué tanto tengo que sufrir para ser feliz?, sino, ¿por qué sigo insistiendo en pensar que mi felicidad debe pagar un tributo emocional para poder ser?

Somos el producto de nuestro reír y llorar, de nuestro gritar y callar, de lo que expresamos y escuchamos, de nuestras escaladas y descensos, de nuestra gente propia y ajena, somos un cúmulo de todo, no particularidades emocionales, clasificadas en positivo o negativo.

Y comento lo anterior, sólo como una idea para empezar la reflexión, pero, sobre todo, ¿tú qué opinas?, o mejor aún, ¿qué quieres seguir pagando?…

Lic. Fernando Hernández Avilés

www.resilienciamexico.org

www.generacambios.com

Facebook.com/resilienciamexico

Facebook.com/generacambios

Twitter: @generacambios

Whatsapp: 559191-9292

¿Te interesa el tema? más en www.conferencistasmexico.com

 

 

Compartir en redes sociales:

0
0

Este es un espacio de cocreación libre e independiente. Las tesis, los argumentos, las opiniones expresadas aquí reflejan los puntos de vista de los autores y no comprometen el pensamiento ni la opinión del equipo editorial de LA Network. Uno de nuestros principios es la pluralidad y la practicamos con convicción.

¿Crees que este artículo no cumple con las normas de la comunidad? Reportar contenido

¿Cómo te pareció este artículo?

Comentarios

    Creemos en el debate respetuoso y constructivo. Nuestras ciudades lo merecen. Aquí puedes expresar tus comentarios

Artículos Relacionados