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Las ciudades deben prepararse para la demanda energética de los autos eléctricos

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Unas semanas atrás, en la junta de copropietarios del edificio en donde vivo, tuvimos un debate porque uno de nuestros vecinos compró un vehículo eléctrico y decidió, por su propia iniciativa, conectarse a la red de iluminación del edificio y poner allí un contador para cargar su auto.

El vecino señalaba en la reunión: “yo tengo claro en este contador cuánto consumo, de manera tal que la administración solo tiene que cobrarme después esa energía en la factura mensual”. Pero el tema importante de discusión era que la red de iluminación no estaba hecha ni diseñada originalmente para tener cargadores de vehículos conectados, ya que los fusibles o breakers están dimensionados para proteger el cableado del circuito de luz, no para un cargador de batería de un auto eléctrico. Adicionalmente,  debatimos que el administrador debería estar pendiente constantemente de leer el contador y ello significaba un gasto administrativo adicional.

Este ejemplo de la vida cotidiana, me sirve para evidenciar cómo cada vez más asistiremos a casos similares a estos en las ciudades y cómo sus gobiernos, empresas y ciudadanos, deben prepararse de la mejor manera para la avalancha de vehículos eléctricos que ingresarán al parque automotor, con la eliminación gradual del uso de los combustibles fósiles en el transporte urbano.

El primer asunto que hay que considerar es que dicha masificación de carros eléctricos significa, en términos prácticos, que va a haber un consumidor adicional en la red eléctrica y sobre todo en la red de hogares. Hoy en Europa, el 90 por ciento de la carga de este tipo de autos se hace en casa y el 10 por ciento restante se carga en puntos de recarga externos o en centros comerciales.

En este momento las redes eléctricas de las ciudades están hechas para unos consumos determinados, como son los electrodomésticos y la iluminación. Ahora entrará un nuevo consumidor y por ello hay que tener en cuenta que cuando la persona llegue a conectar su vehículo en la casa o apartamento, también llegará a cocinar, lavar ropa, usar el computador, lo que representa un consumo simultáneo de energía de los carros con toda la infraestructura de electrodomésticos.

Es claro que la red no está hecha para eso, por lo que habrá que empezar a hacer cambios en diámetros de cables, en los transformadores que alimentan los edificios, o en niveles específicos de la infraestructura energética.

Igualmente, habrá que pensar en limitar los tiempos y los horarios de carga de los autos para aprovechar las horas valle en el consumo energético, que son después de las 9 o 10 de la noche y que no lo hagan en horas pico, de alto consumo de la red eléctrica.

En China, por ejemplo, investigadores de Harvard encontraron que los vehículos eléctricos privados pueden tener un efecto positivo en la reducción de dióxido de carbono, si los propietarios son incentivados a cargar los vehículos durante las horas de menor actividad, permitiendo un uso efectivo de las plantas de energía eólica. En la actualidad lo vienen haciendo en horas disímiles, especialmente en horas pico, lo que obliga al ingreso de generadores de carbón adicionales para suplir el aumento de la demanda, provocando también mayor contaminación.

En resumen, la infraestructura debe adecuarse a ese nuevo escenario y todos los actores tendrán nuevos roles que asumir.

En el caso del sector constructor, por ejemplo, los nuevos diseños de casas y apartamentos y los nuevos proyectos que se acometan deberán considerar que en el peor de los casos todas las personas van a tener carro eléctrico y todas se van a conectar al mismo tiempo, a la misma hora. Hay que pensar entonces en robustecer los transformadores, las subestaciones de energía del edificio o urbanización, y hay que tener en cada vivienda o apartamento construido su cargador propio. Adicionalmente, habrá que definir horarios de carga energética y restringir otros en beneficio de la urbanización o edificio.

Las empresas prestadoras del servicio de energía en la ciudad también entran en la ecuación. Ellas deberán ajustar su infraestructura a las nuevas necesidades. Algunas subestaciones que hoy tienen no suplen seguramente los nuevos requerimientos y deberán renovarlas o ampliar su capacidad. Además deberán contemplar en sus planes la producción de más energía para cubrir la nueva demanda. Para ello resultará útil incentivar energías alternativas y, en este caso en particular, instalar cargadores de energía solar y eólica incluso en las viviendas, edificios y urbanizaciones, esto de la mano con los constructores.

Y por último, los gobiernos de las ciudades, si quieren que se masifique el uso de vehículos eléctricos, tendrán que facilitar la infraestructura de carga, tendrán que equipar a la ciudad con estaciones de recarga, dentro y fuera de la propia ciudad, ya que deberán tener en cuenta que la autonomía promedio hoy de los vehículos es de 300 kilómetros y hay que tener cargadores fuera de la zona urbana, ya que la gente sin duda saldrá de paseo, de viaje y es claro que hay países donde las distancias a recorrer son larguísimas.

Pero lo más importante para esos gobiernos es un asunto financiero: tendrán que pensar en nuevas fuentes de ingresos, ya que en muchos países y ciudades existen impuestos y sobretasas a la gasolina, con las que se financian el transporte público, la construcción de nuevas infraestructuras viales y muchos otros asuntos de la vida urbana. Y si los vehículos eléctricos se multiplican, ya los tributos derivados del uso de la gasolina serán menores o desaparecerán. Y además se deberán contemplar nuevas normas ante la congestión, que ya será de autos eléctricos. La pregunta es para muchos alcaldes y tomadores de decisión que sé que leen esto: ¿están planificando ya el tema, lo tienen en cuenta en sus planes de gobierno?

Es positivo el ingreso de los vehículos eléctricos a nuestras ciudades. Por lo menos se podrá mejorar la calidad del aire, pero todos estos nuevos asuntos en la planificación de la ciudad deben ser contemplados ya,  si no queremos que un buen tema como la movilidad eléctrica se convierta en una catástrofe energética o financiera para las ciudades.

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