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Equipo editorial Medellín - Colombia
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Museos comunitarios en Latinoamérica, espacios donde los ciudadanos cuentan su propia historia

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Para esta experiencia que existe en por lo menos 10 países de la región, lo importante no es entender el museo en su concepto tradicional, sino como una excusa para que las comunidades relaten su propia historia.

Museo Imaginado 2017

Oaxaca en México; Mulaló en Colombia o La Vela en Venezuela; son algunos de los museos comunitarios en Latinoamérica que se le vienen a la cabeza a la antropóloga e historiadora estadounidense, pero mexicana por adopción, Teresa Morales Lersch.

Los menciona con reticencia –se nota que los quiere tanto a todos que no quiere escoger alguno en particular-, ante la pregunta de cuáles de los museos comunitarios de ocho países que integran la Red de Museos Comunitarios de América considera, han avanzado más desde que, en el año 2000 junto a su esposo Cuauhtémoc Camarena, crearan la red con el objetivo de que las comunidades fueran las autoras de sus propios relatos y no actores externos quienes decidieran, qué se contaría sobre ellas.

“La experiencia nació cuando respondimos a la necesidad de una comunidad indígena originaria de Oaxaca y aprendimos tanto ahí que en realidad fuimos dando continuidad a la experiencia y respondiendo a otras necesidades. Para nosotros lo importante no es el museo sino el proceso comunitario, fortalecerlo”, dice la directora de la Red.

El primer museo de este tipo nació en 1985; luego otros más en el mismo estado que dieron lugar a la Unión de Museos Comunitarios de Oaxaca, en 1991; y posteriormente a la Unión Nacional de Museos Comunitarios y Ecomuseos de México en el año 1994; para derivar en pleno cambio de milenio a la unión de experiencia comunitarias en 10 países: México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Perú y Bolivia.

“Lo que hacemos es fortalecer las comunidades para contar sus historias, fortalecer su capacidad al tener su patrimonio material e inmaterial; sus narrativas, tradiciones, darles valor en esa forma pública en vez de ser sujetos de otros que contaban sus historias”, destaca la experta.

Agrega que las comunidades –las indígenas por ejemplo-, están cansadas de ser vistas de manera folclórica, de forma comercial, “de manera ‘light’”, advierte.

Este enfoque heterodoxo de ver el concepto de museo, tan distante de esa funciones sociales de conservación, exposición, educación e investigación; resulta poderosísimo para cohesionar a las comunidades, gracias a las propias iniciativas gestadas desde una ciudadanía que desafía las convenciones para retomar el control de su vinculación con el mundo exterior.

“A las comunidades se les dice tú eres esto, debes tomarte la foto cocinando y haciendo esto o aquello. Por eso quieren reclamar ese espacio. Sentimos cada vez más cómo esto crece y se manifiesta y las cosas se van encontrando y vinculando donde se fortalece el espacio colectivo. Ese lugar desde donde las voces de la comunidad se escuchan mucho más,  reforzándose internamente, no dependiendo de ningún recurso o comunidad externa, sino fortaleciendo esas capacidades internas y una visión propia de lo que cada comunidad quiere compartir”, explicó Morales Lersch en el Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín, espacio en el que se realizó esta semana El Museo Reimaginado 2017, el evento de museos más importante de América que reunió a representantes y experiencias de 24 países.

Teresa Morales Lersch, directora Red de Museos Comunitarios de América

Cuando se acerca a las dos décadas de trabajo y experiencias, la Red de América, dice Morales, ya ha consolidado unos principios, unos objetivos y una manera de hacer acuerdos dentro del proceso de afiliación a la red, pues desde su pensamiento, también se apoya a las comunidades y museos que sin integrarse requieran del apoyo de la organización ciudadana.

“Dentro de esa experiencia hay por los menos 140 comunidades que han participado en talleres, trabajado en el enfoque del museo, sus actividades. Hay experiencias de 13 países que han participado pero no todos han formalizado su filiación. Pero eso no nos preocupa, eso se madura y es por pasos”, explicó Morales Lersch quien destacó que para la organización su principal preocupación es el fortalecimiento de sus capacidades internas.

Esas otras dos líneas de trabajo de la Red son la formación de facilitadores de museos y los proyectos de trabajo con jóvenes que tienen el objetivo de fortalecer la memoria y el autoconocimiento de las comunidades.

“Son proyectos para ayudarles a los jóvenes a vincularse muy efectivamente a sus comunidades y no perder esas oportunidades de transmisión de saberes entre generaciones que a veces es dramático”.

Esta labor, concentrada en comunidades indígenas y afrodescendientes como en Mulaló (Valle del Cauca – Colombia) no es exclusiva de este tipo de grupos poblacionales, sino que la Red está abierta a apoyar procesos ciudadanos en diferentes contextos incluso semiurbanos y urbanos.

Es el caso del Museo de la Revolución Salvadoreña en Perquín (Morazán), ubicado a 204 kilómetros de la capital San Salvador, que cuenta con una población de 3.900 habitantes y que rinde homenaje en cinco salas, a los combatientes de la guerra civil que duró 12 años.

“Allí la comunidad habla más bien de la guerra, de los excombatientes. No son comunidad indígena y allí se concreta una pluralidad de voces. Sin embargo, sí hay un núcleo indígena y afrodescendiente”, comentó la antropóloga estadounidense que es además profesora e investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Sobre el futuro de la Red, Morales Lersh manifestó que en ese pensamiento de total independencia que es permanente como principio de la red y por el que no les seduce recibir apoyo de sectores gubernamentales (solamente de fundaciones); también esperan que el crecimiento de la Red como organización se dé más en términos de comunidades que se acerquen a ella y no como resultado de un proceso de “venta de una idea”.

“El crecimiento  se dará sobre la base de cómo los mismos grupos organizados vayan buscando alternativas y expresando sus necesidades y a partir de ello encontrarnos en un espacio donde coincidimos en los principios de fondo para ir haciendo nuestro trabajo”, explicó la directora de la Red.

En ese sentido, explicó que siguen abiertos a que comunidades urbanas expresen sus necesidades y se unan a la Red para cohesionarse, reivindicarse, empoderarse a partir de la experiencia del museo.

Precisamente, el mes de julio de 2018, en la población de Mulaló, la Red realizará la novena versión del Encuentro de Museos Comunitarios de América que durante cinco días integrará a la ciudadanía activa de Latinoamérica, en un intercambio de experiencias en las que, como dijo Teresa Morales Lersh, los museos son la excusa para que las comunidades se expresen, se conozcan, se cohesionen, es decir, creen territorios más equitativos, humanos e inclusivos.

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