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Museos del Futuro

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¿Digital, inmaterial, integrado? ¿Cómo veremos una Shibboleth de Doris Salcedo, una performance de Tino Seghal, o un videoarte de Bill Viola, en el futuro?

Centre Georges Pompidou

Por Carolina Daza (Humanese)

Los avances desmesurados de la tecnología nos exigen desbordar aún más nuestra imaginación con escenarios utópicos y distópicos del futuro de nuestra sociedad, de nuestros centros urbanos, de nuestro ADN cultural y del arte.

Sin mucha pretensión de museóloga, resalto algunos puntos clave para el entendimiento del origen del museo y poder reflexionar aquí sobre cuál es el posible futuro del mismo.

Desde su raíz griega, la palabra mouseion (o santuario consagrado a las Musas del Conocimiento), hacía alusión a un espacio contemplativo como el primer museo que nació en la esplendorosa Alejandría a principios del siglo III A.C.

El gran Museo de Alejandría era más una universidad que una institución para preservar e interpretar aspectos materiales del patrimonio. La palabra museo fue revivida en la Europa del siglo XV para describir la colección de Lorenzo de Medici en Florencia, y en el siglo XVII, el museo se utilizaba para describir colecciones privadas de curiosidades. Durante el siglo XIX y la mayor parte del siglo XX la palabra ya se utilizaba para describir el espacio material.

Los museos donde se exponían las colecciones privadas de los grandes burgueses del Renacimiento eran básicamente espacios recreados donde se exponían las obras puntualmente para la venta. El nacimiento del arte moderno vino acompañado del concepto expositorio del “White Cube” con espacios neutros, blancos sin ventanas, como el MoMA de Nueva York, estilo que influyó profundamente el rumbo museal.

Centre Georges Pompidou

Recientemente ha habido hitos importantes. Por ejemplo, el nacimiento del Centro Georges Pompidou en 1970, como una máquina industrial que produjo el “Efecto Beaubourg” con una imponente fachada. Y de ahí siguió el gran boom de los años 90, por ejemplo el “Efecto Guggenheim” en Bilbao que logró una transformación de ciudad, pasando de un modelo de ciudad industrial a una de servicios, donde el arte y -sobre todo el museo- lograron un papel protagónico. Hoy, en Nueva York se ven potentes apuestas con el nuevo Museo Whitney de Arte por Renzo Piano, y con el megaproyecto de expansión del MoMA que busca crear espacios para mostrar las artes con más fluidez.

Por otro lado, vemos la transformación de las grandes Casas de Moda europeas en nuevos patrones del arte. Majestuosas fundaciones como la de Mario Prada en Milano diseñada por Rem Koolhaas, la de Giorgio Armani diseñada por el mismo, y la de Louis Vuitton en París diseñada por Frank Gehry.

El MAXXI de Roma, por la arquitecta Zaha Hadid, nos muestra también uno de los retos que tienen los megamuseos de arquitectura icónica. ¿Cómo mantener el nivel de las exposiciones a la misma escala protagónica que la arquitectura misma de los edificios?

Además de los retos financieros, el arte contemporáneo exige distintos espacios expositivos. Por ejemplo las artes visuales requieren espacios tipo “Black Boxes” de total oscuridad, la performance y la danza requiere un tipo de espacio intermedio entre las “White y Black” como los “Grey Boxes”.

Cuando nos referimos hoy al museo, nos imaginamos espacios de preservación, entretenimiento, educación vivencial, inclusión, redes sociales. Pero entonces: ¿qué seguirá después de la ola actual de mega museos como íconos monumentales? ¿Es el final de una era de expansionismo o el comienzo de una nueva fase? ¿Qué tal avanzar, en cambio, hacia instituciones que tengan múltiples usos, que tejan redes con instituciones educativas, barrios residenciales, oasis verdes, transporte integrado, o hasta incluso espacios inmateriales?

Foto: Fundación Louis Vuitton

Con los avances de las tecnologías, los ritmos de creación artística evolucionan rápidamente y esto hará de los museos espacios aún más maleables. Por ejemplo, si tomamos el graffiti, un arte antiquísimo creado desde la edad antigua y media, hoy se respeta como “Arte Callejero”, por su manera de tomarse las calles y su influencia en la creación de museos y hasta la presencia en importantes subastas de arte como lo logra, por ejemplo, el arte de Banksy.

Hoy la academia habla de los museos del 2050 como archivos históricos y espacios de exploración artística y creativa, generadores de sociedades críticas e innovadoras, de intercambio local y global, histórico, presente y futuro.

La realidad es que este escenario es muy conservador. El futuro tecnológico nos espera con muestras en 360 °, en 3D, basadas en los algoritmos que crearán un museo imaginario. Para nuestra Latinoamérica el reto es grande, ¿cómo generar un cambio en el ADN cultural y lograr trascender de centro comerciales a espacios de arte (libres consumo y de excesos de contaminación visual)? ¿nos interesa crear espacios silenciosos y meditativos de intercambio cultural, dedicados a generar ideas e inclusión?

Mientras que el éxito museal del siglo XX y XXI significaba tener impresionantes edificios llenos de expertos, grandes colecciones y miles de visitantes, el futuro podría privilegiar el contenido especializado. Con iniciativas como Google Arts & Culture, el acceso digital a los museos es una realidad inminente, y la valoración por conectar esos contenidos con problemas del planeta es cada vez mayor.

Foto: Fundación Prada

En ese contexto, quizá el rol del museo ya deje de ser la preservación, para mudar hacia la construcción de soluciones a amenazas como el cambio climático, la desigualdad o la obesidad.

¿Podrían los museos del futuro ser inmateriales? ¿Podrían transformarse en algo que aún no conocemos? No lo sé, ¿a ti qué se te ocurre?

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