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Noviembre 17 de 2017

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Por Casa de las Estrategias

Perdimos por el homicidio en Medellín a León, Eubaldo, Marlon, Jorge, Ariolfo, Edwin, Franklin, Francisco, Jehyson, Cristian, Wilber, Jhonatan, Jimmy, Juan Esteban, Román y Claudia

Dolores de las familias Ríos, Álvarez, Henao, Betania, Chagualo, Rubio, Cortez, Hinestroza, Zuluaga, Mena, Espinosa, Vanegas, Arteaga, Garzón, López, Aguirre, Abad, Gallego y Gómez.

Pérdidas irreemplazables en Prado, Estación Villa, San Germán, Trinidad, Antonio Nariño, La Colina, Las Independencias, Doce de Octubre, El Pesebre, Veinte de Julio, Héctor Abad Gómez, Aures 2, López de Mesa, Florencia, Jesús Nazareno, Moravia, Asomadera 2 y Santa Lucía.

Cuerpos amados ya sin vida de “contextura delgada”, de “rasgos indígenas”, con “tez trigueña”, afrocolombiano, con “cabello crespo”, con “cabello ondulado color negro”, con un tatuaje en el hombro en forma de estrella; vistiendo zapatos rojos o un buso azul.

Alguno se encontraba en una panadería, otro estaba jugando cartas con unos amigos, uno de los más jóvenes -porque perdimos personas de 20, 25, 17, 22 y 23 años- estaba enamorándose más en un mirador.

Nadie puede decidir sobre la terminación de la vida de otro, nadie es propiedad de otro, eso lo tienen que aprender aún muchos hombres, allí hay una horrorosa raíz de muchos feminicidios.

Nos hacen ya falta en la ciudad personas que se dedicaban a los oficios varios, comerciantes, un vendedor de carros, parejas, padres, hijos, hermanos y una hija, hermana, profesora, que además era mamá de 11 hijos, incluyendo una bebé de brazos.

El alumno de guitarra de Claudia la recuerda siempre cargando a alguien: a un niño, a una niña, a un bebé. Recuerda la paciencia y ternura con su hija Ana Judith con un problema de movilidad.

Ese amor para explicar y para inspirar a Julián -hoy encarretado con la música y la solidaridad- hará a Claudia eterna. Ella estuvo en el momento clave y en el gesto exacto para cambiar la vida de Julián.

Perdimos a una mujer que cantaba muy lindo. Perdimos al eje de “la familia más guerrera de Santa Lucía”, la que siempre estaba vendiendo algo, haciendo domicilios o fritando empanadas. Pero la vida tiene que encontrar su curso y su mejor estrategia es la solidaridad.

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