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¿Por qué Jair Bolsonaro es un riesgo para el planeta?

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El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, amenazó con retirar a esta nación del Acuerdo de París que busca revertir los impactos del calentamiento global. Y aunque parece que desistirá de esa promesa de campaña, muchos otros motivos preocupan sobre el impacto que tendrá el gobierno del político ultraderechista en el cambio climático. Análisis de LA Network

¿Por qué Jair Bolsonaro es un riesgo para el planeta?
En el panorama, Bolsonaro mantiene la intención, expresada durante toda la campaña, de abrir el Amazonas a los agricultores, mineros y empresas de construcción que lo apoyaron.

El 8 de octubre pasado el Panel Intergubernamental de Cambio Climatico IPCC, integrado por los mayores expertos internacionales en clima, presentó al mundo un informe, a manera de ultimátum, que advirtió sobre la urgencia de limitar el calentamiento global. Según los científicos, el objetivo es impedir que la temperatura de la Tierra suba por encima de 1.5 grados centígrados. Para cumplir con esta tarea ya ineludible solo quedan 12 años, señala el estudio.

Ese mismo día, el mundo asistía con asombro al triunfo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, de Jair Messias Bolsonaro, un militar de reserva que estaba cumpliendo su séptimo mandato en el Cámara de Diputados de ese país y que era reconocido por su ideología de ultraderecha arropada en un discurso incendiario. Meses atrás una victoria de un personaje así era impensable en el país suramericano. Pero Bolsonaro obtuvo definitivamente la presidencia luego de vencer el 28 de octubre con el 55.13 % de los votos al exalcalde de São Paulo, Fernando Haddad.

Esta terrible coincidencia pone sobre la mesa uno de los mayores temores que genera la llegada al poder de Jair Bolsonaro. Porque no solo hay preocupación por el futuro de las libertades civiles y de la democracia en Brasil, sino por el futuro del planeta. “Es un gran desastre para Brasil, no un problema pasajero”, afirmó a la revista Nature, Paulo Artaxo, un físico atmosférico de la Universidad de São Paulo, que representa muy bien la desconfianza del mundo científico hacia el nuevo mandatario. Brasil es un país clave para evitar mayores consecuencias del calentamiento global en la Tierra, debido a la influencia directa en el ecosistema con mayor biodiversidad del mundo: el Amazonas.

“Ya hay una comprobación científica que se puede mirar a través de imágenes satelitales, de que las lluvias que llegan al sur dependen en parte de la Amazonia. Es decir, hay una conexión directa entre la tala y la reducción de unidad en la atmósfera y eso lleva a un problema de sequía en las grandes ciudades del sur. Y no solamente en las ciudades, sino en la zona agrícola más productiva, en el centro de Brasil, que se ha transformado como nos gusta decir en la power house de la agricultura mundial”, explicó Gustavo Faleiros, Director de InfoAmazonia, meses atrás a LA Network

En este sentido, Bolsonaro mantiene la intención, expresada durante toda la campaña, de abrir el Amazonas a los agricultores, mineros y empresas de construcción que lo apoyaron. Y la designación de Tereza Cristina Da Costa Dias como nueva ministra de Agricultura parece ir en esa dirección.

Amazonas brasilero

Da Costa Dias fue elegida diputada en 2014 y también era presidente del Frente Parlamentario Agropecuario (la bancada ruralista conservadora integrada por legisladores de diferentes partidos que defiende los intereses del agro brasileño). Da Costa Dias fue una de las principales promotoras del proyecto de Ley Nº 6299, por medio del cual se propone una agilización de las gestiones regulatorias necesarias para aprobar el uso de agroquímicos. El proyecto logró dictamen favorable y se encuentra listo para ser tramitado en el cámara de diputados brasileña. Por ese motivo, ambientalistas y científicos apodaron a Da Costa la “musa del veneno”.

Aunque en principio se pensaba que Bolsonaro iba a fusionar los ministerios de Agricultura y Medio Ambiente, al parecer ya no lo contempla. Pero sí se menciona que Da Costa está limitando los alcances del ministerio de Medio Ambiente antes de que se designe a su nuevo responsable, por lo que es probable que el ente ambientalista esté subordinado a la cartera de Agricultura, y de esa manera aflojar las regulaciones en la industria agrícola.

“La medida se alinearía con los intentos del grupo conservador rural en el Congreso de Brasil para revertir los esfuerzos del gobierno para frenar la deforestación en el Amazonas, la mayor fuente de emisiones de carbono de Brasil”, advirtió el periodista científico Jeff Tollefson en un artículo de la revista Nature.

Lo cierto es que la tasa de deforestación en el Amazonas, provocada por la agricultura, cayó en casi un 84 % entre 2004 y 2012, cuando alcanzó un mínimo histórico de 4.571 kilómetros cuadrados. Pero la cantidad de bosque que se está despejando para la cría en granjas y la agricultura ha comenzado a aumentar en los últimos años y se notó con mayor fuerza en la pasada campaña electoral, ante el evidente triunfo de Bolsonaro.

Otro motivo que alienta la preocupación por el futuro del planeta, es el anuncio hecho por el presidente electo dos días atrás: Ernesto Araujo, un diplomático de rango medio, que cree que el cambio climático es parte de un complot de “marxistas culturales” para ahogar las economías occidentales y facilitar el crecimiento de China, fue nombrado nuevo ministro de Relaciones Exteriores.

Jair Bolsonaro y Ernesto Araujo

Para Araujo, el cambio climático “se ha utilizado para justificar el aumento del poder regulador de los estados sobre la economía y el poder de las instituciones internacionales sobre los estados nacionales y sus poblaciones, así como para reprimir el crecimiento económico en los países capitalistas democráticos y promover el crecimiento de China”, escribió en su blog el mes pasado.

Aunque Bolsonaro parece haberse retractado de su promesa de sacar a Brasil del Acuerdo de París, como lo hizo el presidente estadounidense Donald Trump, los miedos de la comunidad científica persisten ante lo que sería toda una contradicción nacional, ya que Brasil fue el país que lideró la discusión sobre la reducción de los gases de efecto invernadero con la realización de la famosa Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992. Una cumbre que culminó con la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y que ha sido desde ese tiempo la hoja de ruta brasileña en su lucha por la protección del medio ambiente y del crecimiento sostenible. Una ruta que para el nuevo gobierno parece mejor ser abandonada, con las enormes consecuencias que tiene para su propio país y para todo el mundo, con una nación del tamaño y de la importancia de Brasil. El tiempo dirá si estos temores pueden convertirse o no, en terribles pesadillas. Lo cierto es que, el escenario no es nada halagüeño.

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