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La sal de la Tierra: un homenaje a la vida y una defensa al planeta

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El cineasta y documentalista Wim Wenders nos presenta la vida de un hombre ejemplar: el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, cuyo trabajo ha estado enfocado en el último tiempo en la belleza de la naturaleza y su conservación.

No hay duda que el director de cine y documentalista alemán, Wim Wenders, nos ha regalado historias entrañables que se quedan en la memoria para siempre. Tales han sido los casos de “Buenavista Social Club”, “The Soul of a Man” y esta joya, de la que hablaremos hoy, “La sal de la Tierra”, un documental que recorre la historia reciente de la humanidad desde el lente del respetado y reconocido fotógrafo brasileño, Sebastião Salgado.

Salgado ha viajado por los cinco continentes durante 40 años recogiendo con su lente el testimonio de los conflictos internacionales, los éxodos, la explotación humana y el hambre en su peor dimensión. Su formación previa como economista en la Universidad de São Paulo y en la Universidad de Venderbit (EE.UU.), le dio una enorme conciencia social ante la injusticia, lo que hizo aún más sensible su trabajo fotográfico.

Era tal la crudeza y vileza humana que Salgado veía en su cotidianidad, que fue creando lentamente en él una condición de desazón y descreimiento en el ser humano. “No creía en nada. No creía en la salvación de la especie humana. No podíamos sobrevivir a tal cosa. No merecíamos vivir más. Nadie merecía vivir. ¿Cuántas veces tiré al suelo la cámara para llorar por lo que veía?”, recuerda el propio personaje de este documental.

Luego de una primera parte en la que esa sensación de desazón es transmitida al espectador, el documental comienza a transitar por un cambio, que es la propia vida de Salgado y que nos da también una lección necesaria de fe.

Después de décadas de trabajar como fotógrafo social, Salgado decidió embarcarse en el descubrimiento de los territorios vírgenes, de flora y fauna salvaje, como parte de un gigantesco proyecto fotográfico denominado Génesis, que rinde tributo a la belleza de nuestro planeta.

El artista viaja entonces a distintas partes del mundo, todavía no tocadas por la interferencia humana, acompañado por su hijo Juliano, codirector del documental, para capturarlas y dejarlas como el mejor testimonio de este tesoro que debemos conservar.

El proyecto Génesis lo llevó hacia otro aún más ambicioso, el “Instituto Terra”, que desarrolla de la mano con su esposa Leila. Es un proyecto experimental para replantar en un extenso terreno partes de la flora atlántica, presente en Brasil, Paraguay y Argentina, que había quedado extremadamente reducida. Con su trabajo, dedicación y mística lo han conseguido hasta ahora y se les puede considerar el modelo a seguir de proyectos ambientales parecidos en todo el mundo.

Este documental y la mirada profunda de Wenders nos permiten ver con absoluta claridad cómo a Sebastião realmente le importa la gente: “Al fin y al cabo, las personas son la sal de la Tierra”, sentencia él y es la frase que le da título al filme. El cómo Salgado recupera su fe es una bella metáfora de cómo en la duda encontramos de nuevo nuestra confianza en la humanidad, aquella que hoy más nunca necesitamos para salvar el planeta. “La sal de la Tierra” es un enorme ejemplo.

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