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Sense: cómo generar una ciudadanía sostenible desde el arte y la cultura

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Sense es un evento cultural, que bajo el concepto de espacio temporal pop up, genera reflexiones sobre la ciudad, la sostenibilidad y la propia humanidad, en tiempos donde las distracciones para el ser humano son cada vez mayores y en detrimento de su pensamiento, conciencia y propia existencia. Hablamos con Carolina Daza, directora de esta práctica inspiradora para las ciudades.

Sense: cómo generar una ciudadanía sostenible desde el arte y la cultura
“Siempre en Sense vas a encontrar un espacio de silencio, un espacio de introspección, de ideas, de argumentación académica”: Carolina Daza Carreño, directora y el alma de Sense.

Sense no es un evento masivo. No pretende serlo (por ahora). Pero sí es un evento conciente y que quiere despertar conciencias. Nació en Medellín de la mano de dos ciudadanos y activistas, quienes desde la sostenibilidad y la cultura, proponen otras lecturas de la ciudad, para disfrutarla de manera distinta, pero sobre todo, para construirla colectivamente y de forma sostenible.

Ya llevan seis versiones en igual número de años. La más reciente, que acaba de terminar, se concentró en preguntas pertinentes en el escenario actual de la humanidad: ¿Cómo imaginamos nuestro futuro? ¿Hacia dónde nos llevarán los avances tecnológicos? ¿Cómo se relacionan la naturaleza y la inteligencia artificial, la realidad virtual, los sistemas bio-inspirados y el arte interactivo con nuestro presente y posible porvenir?

Carolina Daza Carreño es la directora y el alma de Sense. LA Network dialogó con ella para entender mejor el sentido de este evento, que suma cada vez más asistentes en Medellín y que se convierte en una práctica inspiradora para otras ciudades, de cómo el arte y la cultura pueden ser usados como herramientas poderosas de formación de una ciudadanía sostenible.

¿Qué es la Biotopía y por qué fue el tema elegido para esta sexta versión de Sense que recién finalizó?

La invitación de este mes fue desbordar la imaginación, hacer que la gente imaginara futuros utópicos, distópicos, de la evolución propia y de la evolución de los ecosistemas. Nos hemos dado cuenta que en el cerebro, al imaginar, bioquímicamente sucede lo mismo que si lo ha vivido, entonces la idea es que usemos ese poder de la imaginación para explorar todos los posibles futuros. A eso le llamamos Biotopía, que al final de que cada taller en el que la gente participó,  cada uno haya podido tener su propia biotopía, en síntesis: cuál sería ese futuro que quieren construir o cuál es el futuro del cual se quieren alejar.

En el caso de Sense es el arte la herramienta para generar estas reflexiones, pero qué otros instrumentos usaron en esta sexta versión para generar conciencia?

Realmente todo fue muy transdiciplinar. Tenemos el arte como el hilo conductor y en este caso nos inspiramos en un proyecto que se llama Naturaleza Artificial. Es un proyecto de la coreana Haru Ji y el inglés Graham Wakefield, artistas que le apuestan a sacar la idea de la evolución llegando al antropocentrismo y en que realmente puede haber una mezcla de inteligencia artifical con la mezcla de la evolución natural de nuestros ecosistemas. Pero también tuvimos experiencias de ciencia, cocina, yoga, psicologia junguiana, escritura del siglo XXI. Fuimos cerca de 25 talleristas, que desde cada una de sus disciplinas, generaron esos espacios de conciencia para que la gente desbordará la imaginación en su propia idea de futuro.

Estamos en una sociedad centrada en la tecnología. ¿Cómo conversa esta realidad con la que proponen ustedes centrada en el ser humano?

Nuestra idea para este Sense fue tener una programación que ofreciera ambas caras de la moneda. La mitad de nuestro talleristas se dedicó a informar sobre los avances tecnológicos, sobre la Inteligencia Artificial, la realidad aumentada, cuál sera el futuro del arte, incluso tuvimos una experiencia muy interesante de un tallerista que habló de psicotrónica y otro de madrótica. Pero la otra cara de la moneda es la inteligencia natural, que tuvimos la oportunidad de mostrar con otros talleristas, cuya manera de ver al ser humano, la psique, las emociones, puede ser lo que realmente frene esta ola. La idea de este Sense no es hablarles de un futuro como queremos que sea, sino informar para que entre todos podamos colectivamente ver cómo podemos construir ese futuro. Nos hemos dado cuenta que con los avances de ese mundo online y offline, si se saben usar bien, podemos hacer cosas extraordinarias.

¿Finalmente este Sense fue un escenario para conciliar estos dos mundos?

Correcto. De conciliar y de mirar hacia adentro, que muchas veces nos invitan siempre a imaginar, pero sin tener en cuenta la velocidad a la que cada uno de nosotros va como humano y como parte de un mismo ecosistema. Ha sido una propuesta de muchos talleristas de explorar hacia adentro estos cambios y transformaciones que han sucedido y que se han reflejado en nosotros como conciencia colectiva

¿Háblenos ahora de cuál ha sido la evolución de los Sense en estas seis versiones?

Creo que lo más bonito de Sense es la comunidad que hemos formado. Empezamos cuatro talleristas, ya somos 25, todos con una preparación admirable, con unas ideas increibles. Todos creemos en el poder de la cocreación y en la necesidad de cocrear para transformar. El valor de nuestro crecimiento ha sido poder atraer a estas personas y tener un público -que lo hemos ido construyendo-, muy heterogeneo. Sense atrae a gente que está dispuesta a escuchar, que piensa distinto, que siente un llamado, que quiere vivir la ciudad de manera distinta y yo creo que ese ha sido el mayor éxito, que ralmente la gente que viene a nuestro evento sale con más ideas, con más claridad de quién es, de a dónde quiere ir y qué es realmente la temática que estamos explorando y qué tiene que ver eso con su momento de vida. El público que tenemos es oro, es muy importante para construir ciudad, para transformar espacios y como una colectividad que construye y transforma. Además la gente siente a Sense como un proyecto de todos.

Carolina Daza Carreño directora y el alma de Sense.

¿Cómo cree que estos espacios ayudan a la construcción de ciudad y ciudadanía?

Una de las cosas que nos llama la atención es cómo mucho del público que viene no entiende los temas, siempre se sorprende con la propuesta que hacemos cada año y siempre viene por la curiosidad y ya de ahí es como un enamoramiento. Nos dicen: “no entiendo, pero igual estoy acá”. Y creo que eso es lo que debemos generar: una ciudadanía curiosa, que está dispuesta a escuchar cosa distintas, a explorar lo desconocido, a vivir la ciudad en la que quiere estar, pero también es una manera de escapar a la ciudad, la del aire contaminado, la del bullicio. Sense es una especie de expedición y ojalá algún Sense lo podamos hacer en un espacio público, porque lo que tenemos que generar en la ciudad son espacios de encuentro, donde podamos aprender, dejar ideas, donde haya muchos tipos de disciplinas. Es generar nuevas maneras de disfrutar la ciudad y su día a día.

¿Sense se convierte entonces en una pausa necesaria para vivir y pensar la ciudad?

Sí, siempre en Sense vas a encontrar eso, un espacio de silencio, un espacio de introspección, de ideas, de argumentación académica. Encuentras igual un espacio de disfrute y de sostenibilidad demasiado fuerte. Es una composición muy bien curada. Por eso la gente lo siente, por eso la palabra sensorial tiene sentido.

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