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Una construcción más allá de la reputación

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Hace unas semanas, cuando publiqué una columna en el periódico El Colombiano, sobre el caso del Edificio Bernavento, el arquitecto Fernando Gutiérrez me escribió al correo y se refirió a la “imagen profesional, personal y comercial de todos los profesionales antioqueños de la rama del diseño y la construcción”. Este mensaje fue debido a un error cuando hablé de Jorge Aristizabal como arquitecto, sabiendo que este último era el ingeniero calculista de Bernavento y Space, agradezco al lector por esta aclaración.

Después de lo que me había dicho el lector, pensaba en las diferentes construcciones que han sufrido afectaciones en Colombia, como el mencionado puente Chirajara, porque no es hablar por hablar del irrespeto al código deontológico de la profesión, sino también es discutir sobre la reputación de la ingeniería ante los diferentes estamentos, sabiendo que se deben cumplir las normas necesarias para construir. ¿Por qué, a pesar de ser una profesión importante, salen personas mediocres a ejercer esto como un juego que está fuera de la responsabilidad y el compromiso?

En Colombia, este tipo de noticias pierden el sentido en cuestión de semanas, pero la familia de Juan Esteban Cantor Molina, quien era estudiante de la Universidad Eafit, revivió lo ocurrido ese fatídico sábado 12 de octubre de 2013, cuando Cantor murió a causa de las heridas producidas por la caída de la torre seis del Edificio Space. Esta familia interpuso una demanda en contra de las directivas de Lérida CDO y el mismo Aristizabal por daños y perjuicios, además de homicidio culposo, los resultados de esto, una condena menor a cinco años y una justicia que no fue “implacable” ante esta muerte.

Ninguna de las 12 familias afectadas en el caso quiso demandar a CDO y prefirió recibir una indemnización económica, esto como parte de la reparación por los fallecimientos, estos antecedentes fatales en la ingeniería deben tener una reivindicación, porque no generalizo diciendo que todos los ingenieros son “ladrones o poco preparados”, sino que pocos de ellos no respetan esa imagen profesional, personal y comercial, como me lo decía Fernando en aquella aclaración. Ahora el reto por parte del gremio inmobiliario y la ingeniería es cumplir con el código deontológico de la profesión y valorar aquellas acciones en pro de la sociedad.

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