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¡A la carga! Los autos eléctricos en América Latina y el Caribe

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¡A la carga! Los autos eléctricos en América Latina y el Caribe
La electrificación del parque vehicular supondría una sustitución de importaciones de combustibles fósiles, y aseguraría una reducción de emisiones por la utilización de este tipo de vehículos.

Los vehículos eléctricos se están abriendo paso cada vez más en América Latina y el Caribe. De forma paulatina se han ido introduciendo en algunos países de la región, pero por ahora la oferta y la demanda es limitada. Sin embargo, se estima que para los próximos años el número de vehículos, sean eléctricos o híbridos, aumente a medida que mejoren las condiciones del mercado, según una reciente publicación del BID.

El estudio del BID apunta que en América Latina y el Caribe (ALC) se han impulsado iniciativas de electromovilidad en los últimos años, por medio de la creación de marcos regulatorios, incentivos fiscales y económicos, así como a través de la introducción de los propios autos. Las principales capitales de la región ya están discutiendo la transición hacia flotas de transporte público eléctricos y en otras ya lo están implementando. En países como Colombia, Costa Rica Argentina o Chile ya circula un número de vehículos eléctricos públicos.

Solo en 2017 fueron vendidos 1.2 millones de vehículos eléctricos enchufables en el mundo y se espera que para el 2040 estén operando alrededor de 40 millones. Mientras tanto, en la región se comercializaron en 2018 cerca de 3 mil 300 vehículos híbridos-enchufables, especialmente en México y Brasil. Ese mismo año, se vendieron 1.5 mil vehículos 100 % eléctricos, principalmente en Colombia y México. Es importante mencionar que el rango de precios de los vehículos 100 % híbridos es más competitivo que los vehículos enchufables, debido a que su tecnología está más desarrollada y ya existe una mayor oferta en el mercado.

Desafíos de mercado

La expansión de los autos eléctricos presenta varios retos para la región. Por un lado, por los costos de producción, por el desarrollo de infraestructura, y por otro, por las características geográficas de los países.

Los precios de los autos eléctricos se podrían ir ajustando a la baja a medida que aumente su masificación en los próximos años y el precio de baterías eléctricas disminuya. Por ahora, la industria automotriz ha centrado sus esfuerzos en desarrollar tecnologías que le han permitido reducir su precio. En 2017, el precio de las baterías de iones de litio por kWh era de hasta US$300, y se espera que para 2020 este alcance entre US$250 y US$130, según datos recabados por especialistas del BID.

Adicionalmente, los grandes fabricantes automotrices del mundo están desarrollando planes estratégicos para una sustitución paulatina de vehículos de combustión por eléctricos e híbridos. A medida que logren una mayor masificación, sus costos de producción disminuirán paulatinamente y eso se verá en los precios para los usuarios.

Desarrollo de infraestructura de carga

Debido a los costos de importación para nuestros países existe la posibilidad de desarrollar cadenas productivas alrededor de la industria automotriz (México y Brasil) y del litio (especialmente para los países productores como Argentina, Bolivia y Chile, que poseen más de la mitad de las reservas mundiales).

Otro de los retos para la introducción y masificación de vehículos eléctricos son las características geográficas. En países de grandes extensiones y con un gran mercado automotor, como Brasil, Argentina, Chile o México, implica significativas inversiones para extender la infraestructura de carga a lo largo de sus territorios. En cambio, los países centroamericanos no presentan este desafío.

Distinto es el caso de Uruguay, Costa Rica o Ecuador, que tienen distancias geográficas menores, y que además poseen una matriz energética basada en energías renovables (principalmente hidráulica), con un excedente de generación eléctrica para exportación.

Replantear la matriz energética

La introducción de autos eléctricos ofrece muchas oportunidades para la región, especialmente porque influirá en la reducción de emisión de carbonos. A diferencia del sector eléctrico en América Latina y el Caribe (ALC), el transporte representa más del 20 % de las emisiones de CO2, provocados por los motores de combustión interna. Si en un período de diez años se reemplazaran 30 mil buses de diésel por híbridos o eléctricos, se podrían reducir hasta 3,3 millones de toneladas de CO2.

Sin embargo, los vehículos eléctricos representan también un desafío para el sector eléctrico de la región, que actualmente tiene una de las matrices de generación más limpias del mundo. La introducción de vehículos eléctricos podría requerir la expansión de los sistemas eléctricos actuales y una mayor demanda de energía. De esta manera, la energía renovable será clave, especialmente en términos de capacidad instalada y generación. Las energías renovables no convencionales, como las solares, podrían jugar un papel fundamental en los próximos años.

Asimismo, la electrificación del parque vehicular supondría una sustitución de importaciones de combustibles fósiles, y aseguraría una reducción de emisiones por la utilización de este tipo de vehículos. Países como Costa Rica, Brasil o Paraguay poseen una ventaja por sus altos porcentajes con fuentes renovables. No obstante, otros países de la región poseen matrices energéticas basadas en combustibles fósiles, por ejemplo, Chile (carbón), o Argentina y Perú (gas natural). En ambos casos, la introducción de una política de electromovilidad requeriría el desarrollo de una política paralela de generación con energías renovables para evitar un desplazamiento de emisiones del sector transporte al sector generación.

El BID, no ajeno a estos desafíos presenta en su reciente publicación Análisis de tecnología, industria, y mercado para vehículos eléctricos en América Latina y el Caribe un resumen del desarrollo actual y potencial de estas tecnologías en la región, al tiempo que se muestra como un socio estratégico de los países en la conformación de esquemas de sostenibilidad orientada a tecnologías más limpias de  sus sistemas de transporte.

Columna publicada originalmente en el Blog del BID y escrita también por Manuel Rodríguez

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