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Agricultura urbana de Brasil, un modelo que se podría adaptar en Bogotá

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Participación comunitaria en la validación de procesos y técnicas limpias en la producción de alimentos, además de espacios exclusivos para cultivos agroecológicos y agricultura familiar que provean a las plazas de mercado, figuran dentro de las iniciativas que se vienen desarrollando en la ciudad de Aracaju, en Brasil.

Agricultura urbana de Brasil, un modelo que se podría adaptar en Bogotá
“En Bogotá, aunque la agricultura urbana se ha venido consolidando en las últimas décadas, tiene una limitante en cuanto a las zonas amplias para esta práctica”.

Varias comunidades de esa población participan en dichas actividades, anteponiéndose a problemas de seguridad alimentaria similares a los de Colombia –como que las comunidades más vulnerables deben salir del campo en busca de mejores oportunidades–, con la diferencia de que allí las autoridades locales y estatales promueven el apoyo a la agricultura urbana en espacios abiertos.

Ejemplo de ello es el Centro de Integración Rayo de Sol (Ciras), ubicado al suroccidente de Aracaju, uno de los sectores más deprimidos la ciudad. Allí funcionan huertas urbanas que sirven como apoyo terapéutico para pacientes con limitaciones físicas y mentales, y son fuente de ingreso para las familias de bajos recursos que viven cerca del Centro.

Estas y otras experiencias se recopilan en la investigación de Luis Alberto Cáceres Torres, magíster en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional de Colombia, quien explora la agricultura urbana como una alternativa que contribuye a la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional en Bogotá y en Aracaju (Brasil).

“Realicé este estudio en el marco de una pasantía en el vecino país, donde estudié el fenómeno de la pérdida de soberanía alimentaria a causa de un Estado que le dio prioridad al negocio agroindustrial, a los monocultivos, sometiendo a los campesinos a una mayor pobreza”, señala el investigador.

En el caso de Bogotá, contó con el apoyo de varios grupos que formaban parte de las mesas de agricultura urbana ante el Distrito Capital, especialmente de la localidad de Suba, y los acompañó en sus diferentes actividades para conocer cómo se da esa concertación; también visitó los mercados y plazas de la ciudad donde promovían sus productos. Después aplicó una entrevista semiestructurada a las personas que mostraron un mayor liderazgo en el tema de la agricultura.

“En Aracaju conocí y participé en las distintas iniciativas; allí se realizaron entrevistas a los agricultores urbanos que tenían mayor influencia en estas redes de autocultivo y conocí su apreciación en los temas de soberanía y de seguridad alimentaria, además de observar cómo había sido su incidencia política y social en su comunidad”.

Por su parte, en Aracaju, aunque no hay muchas personas involucradas en esta actividad, el área para los cultivos es mucho más extensa, pues cuenta con mayor disponibilidad de espacio público. Foto: Mercado Municipal de Aracaju, Brasil – Tupinamba-Shutterstock

Falta de compromiso estatal

La soberanía alimentaria se logra cuando se le da mayor protagonismo a la producción local, se prioriza la alimentación para los pueblos y los cultivadores cuentan con control y acceso a los insumos necesarios para su labor.

Sin embargo, según el investigador, estas condiciones no están del todo presentes en países como Colombia y Brasil, donde la mayor parte de la tierra está destinada a la cría de ganado y a la producción de materias primas para exportación, relegando al cultivador local a tierras de menor calidad y de difícil acceso.

“En Bogotá, aunque la agricultura urbana se ha venido consolidando en las últimas décadas, tiene una limitante en cuanto a las zonas amplias para esta práctica”, menciona.

Uno de los casos que más resalta en la capital es el de la localidad de Suba, donde las comunidades están involucradas con esta práctica agrícola a través de huertas limitadas por las terrazas de sus viviendas.

Según la última encuesta del Jardín Botánico de Bogotá, en Suba se registran cerca de 10.000 m2 en huertas, representados en terrazas y azoteas, por lo que es una de las zonas de la ciudad con mayor área para esta producción.

Por su parte, en Aracaju, aunque no hay muchas personas involucradas en esta actividad, el área para los cultivos es mucho más extensa, pues cuenta con mayor disponibilidad de espacio público, con áreas de 5.000 o 4.000 m2 donde trabajan 3 o 4 familias, mientras que en Bogotá el número de familias pueden trabajar en un área que no sobrepasa los 100 m2.

 

Agencia de Noticias UN

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