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Cambiar la Policía colombiana sin extremismos y sin correcciones políticas

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El 11 de diciembre estuvimos juntos varias colectividades adscritas a NoCopio en una acción simbólica de tejido en el comando central de la Policía, con el que queríamos expresar la reconexión del tejido del #CuidadoDelCuidador y también cambiar sin dañar, sin destruir.

Los puntos son 1) no más exceso de fuerza o abuso de autoridad, 2) una Policía mejor preparada, dispuesta y planificada para evitar homicidios y más bienestar para los y las policías -humanizar el trabajo-. Metodológicamente, requerimos un diálogo, una mesa de trabajo técnico entre la institución y la ciudadanía -aprovechando centros de estudios y universidades- pero también con aprendizajes y diálogos que permitan que algunos aprendizajes de prácticas de ciudad, y que ponerse en los zapatos del otro y la otra pasen por el cuerpo.

Nos preguntan que por qué le ponemos problema a la Policía, algunos miembros de la institución de la Policía nos dijeron el 11 de diciembre que no los valoramos, que somos irrespetuosos. También nos preguntan por qué somos ingenuos y nos ponemos a intentar que la Policía cambie cosas, que nos escuche, incluso hay personas que nos dicen que todos los Policías son corruptos y que “somos unos vendidos” por insistir en humanizar a la Policía.

No es fácil encontrar un punto medio y no hemos llegado a un punto medio por darle gusto a alguien o a todos, simplemente pensamos que el problema tiene matices y que, para generar condiciones estructurales para reducir homicidios, no se trata de extremismos, ni podemos caer en demagogias.

No es popular en Medellín decir que la Policía colombiana es ejemplar en algunos aspectos para Latinoamérica, no es popular decir que hay bastantes policías ejemplares. Curiosamente, también del otro lado seguimos aprendiendo que la Policía comparte la cultura política con todos los colombianos de no tolerar la crítica, de confundir la crítica con la enemistad y el debate con el irrespeto. Uno se imagina que cuando alguien dice “crítica con respeto” y otro dice “debate con altura” se refiere a tener argumentos, ser duro con lo fenomenológico y suave con las personas, pero el único integrante de la Policía que terminó haciendo algo de vocería el 11 de diciembre nos dijo que tener un cartel que dice “No más brutalidad policial” es una falta de respeto.

No quiero renunciar a mi supuesta ingenuidad de que hay descuidos y salidas en falso, temas que hay que impedir que surjan con ajustes estructurales, pero que son episódicos y no involucran a una mayoría de sus integrantes. Ese 11 de diciembre vimos a una Policía poco autocrítica, que nos pide que nos silenciemos con hechos atroces, como los del video de las escaleras eléctricas de la 13.

Una cosa es concederle a la Policía la capacidad de cambio -confiar en esta para ese propósito- y no generalizar, otra cosa es estar conforme con las cosas como están.

Ese 11 de diciembre se imponía un discurso -explicable por una larga historia de conflicto armado y el concepto de zonas de guerra- de que nosotros como ciudadanos no tenemos derecho a estar junto al comando de Policía, tocarlo, apropiarnos. Ese fue el 11 de diciembre, pero no tiene que ser así siempre.

Cambiar duele, pero no tiene que generar daño. Yo entiendo un cambio de la Policía en Colombia -y un laboratorio de buenas prácticas en Medellín- como el esfuerzo de romper hábitos, modificar un punto de vista, tal como pasa con el ejercicio de alto rendimiento, con los pianistas, es un dolor que no daña. Cuando somos contrarios a las concepciones eliminadoras, esas de descartar personas o ignorar instituciones que ya están ahí, tenemos que comprender por qué las cosas son de esta forma, lo que se ha ensayado y logrado y -aunque es un camino complejo de explicar- también reflexionar cuidadosamente sobre por qué las cosas no son peores. La Policía colombiana es por mucho, menos letal que la Policía brasilera, ¿por qué no aplaudir eso? ¿Qué hicimos bien en nuestro proceso histórico para tener eso?

Tenemos muy claro qué cosas se pueden cuidar de la Policía y tenemos la convicción de que parte del cuidado es que hay cosas que son fáciles de rescatar y de corregir.

Tenemos que llegar a la siguiente sociedad con la Policía -una sociedad con una reducción de homicidios y del miedo- y sí hay con quien en la Policía para construir sobre lo construido.

Estamos en este camino solamente por reducir a los homicidios (reduciendo el miedo), pero no tiene ningún sentido hacer sentir mal a la Policía, tampoco podemos renunciar a este propósito por hacerlos sentir bien -en especial a unos cuantos oficiales-. Las tesis son sencillas, graduales, minimalistas y concretas. Una de ellas es de pleno sentido común:

Es un peligro tener a un patrullero en la calle 20 horas, es muy probable que agreda a un ciudadano o que no sepa cómo medir su fuerza para contener o capturar a un infractor.

Otra tesis, es que si los alcaldes -y los políticos en general- solo piden más pie de fuerza, sin asumir lo que todo gerente debe asumir -el límite de los recursos-, se va a afectar la selección y la formación de policías, teniendo cada vez más patrulleros ineficaces y con problemas vocacionales.

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