Celsia

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Celsia: en el horizonte de la energía limpia

Celsia es una empresa joven, y conforme a su edad, está rebosante de energía. Y si la equiparáramos (por sus años), con una joven posmillennial, también está convencida de defender y promover la sostenibilidad.

La compañía energética, con presencia en Colombia, Panamá y Costa Rica, tiene en la actualidad una capacidad de generación de 2 399 megavatios, gracias a 21 centrales hidroeléctricas, 5 térmicas, 3 fotovoltaicas y una eólica. Y aunque cubre casi todo el abanico de fuentes energéticas, su obsesión reciente ha sido la generación de energía solar.

Luego de varios años de investigaciones, puso en operación la primera granja solar a gran escala de Colombia en el municipio de Yumbo (Valle del Cauca). Allí, en un terreno de 18 hectáreas, donde antes funcionaba una planta de generación a carbón, hoy genera energía limpia, equivalente a la demanda de 8 000 hogares, y lo más importante: evitará la emisión de 160 mil toneladas de dióxido de carbono (CO2) en 25 años.

A esta primera granja, Celsia sumó hace poco una segunda en el municipio de Santa Rosa de Lima (Bolívar), y una tercera en Panamá. En cuanto a generación eólica, tiene una central en Guanacaste (Costa Rica), y adelanta proyectos similares en La Guajira (Colombia).

Es así como la empresa multilatina se prepara para ser competitiva en un mercado que viene cambiando de forma acelerada, al punto que, en algunos países los hogares ya producen su propia energía, la almacenan y se desconectan de la red eléctrica convencional.

Como lo explicó Ricardo Sierra Fernández, presidente de Celsia, en una entrevista al diario Portafolio, el usuario del servicio de energía muy pronto va a “tener aplicaciones con las que puede controlar su consumo, lo mismo que electrodomésticos eficientes y soluciones domóticas en la casa que, por ejemplo, le permitan encender la lavadora a las 2 de la mañana porque esa es la hora de consumo más económico. Adicionalmente, puede escoger el proveedor de energía eléctrica y hacerlo de manera bastante rápida, o generar, almacenar y vender su propia energía…”

Pero lo más importante es que en ese futuro quepan todas las personas, ya que el objetivo fundamental es que la energía no contaminante sea asequible para todos. Celsia lo sabe y está en ese empeño, sin perder el entusiasmo que le da ser una empresa que apenas cumplirá la mayoría de edad.

Movilidad eléctrica: más que un lujo, una necesidad

En la ciudad de Medellín se calculan más de 3 000 muertes anuales por enfermedades derivadas de la contaminación del aire, un problema producido en un 80 % por fuentes móviles como motos, automóviles, transporte público y camiones.

Ya en el escenario nacional, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales – IDEAM de Colombia, en su quinto Informe del Estado de la Calidad del Aire, evidenció que tanto Bogotá como Medellín, siguen teniendo la peor calidad del aire que respiran los ciudadanos, por cuenta de las altas concentraciones de partículas PM10 y PM2.5, las más dañinas para la salud humana.

Estudios de 2015 realizados por la revista especializada The Lancet calcularon que en Colombia la contaminación generaba gastos por más de 35 billones de pesos, es decir el 4,1 del PIB de ese año.

Ante esta realidad, es claro que una fórmula expedita para disminuir el impacto negativo de la contaminación del aire es el uso del transporte público y la conversión hacia la movilidad eléctrica.

Celsia cree fervientemente en la movilidad sostenible y está convencida de la necesidad de electrificar el transporte. Por ello, fue la primera empresa en poner una estación de recarga para vehículos eléctricos en el Centro Comercial Oviedo de Medellín. Práctica que ha venido multiplicando en toda Colombia. También viene promoviendo el estudio de proyectos de buses eléctricos y similares.

Promover la movilidad eléctrica no es un capricho, al contrario, tiene todo el sentido: Colombia es un país privilegiado por contar con abundantes recursos hídricos que le permiten tener un sistema altamente confiable; además el parque térmico brinda seguridad cuando hay condiciones climáticas extremas, y las energías tanto solar como eólica vienen creciendo. En resumen, el país tiene una matriz energética confiable que puede ayudar a acelerar la movilidad eléctrica y paralelamente facilitar la mejora en la calidad del aire.

¿Por qué la energía debe ser asequible y no contaminante?

La energía es fundamental para casi todas las actividades de la vida cotidiana. Ya sea para el funcionamiento de los hogares, los empleos, la seguridad, la producción de alimentos, la operación de las empresas, para el cambio climático, el acceso a la energía para todos es esencial.

Pero también la energía –basada en combustibles fósiles- es el principal contribuyente al cambio climático, y representa alrededor del 60 % del total de emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo. Por ello, reducir las emisiones de carbono de la energía es un objetivo a largo plazo relacionado con el clima.

Ahora bien, más de 1 200 millones de personas —una de cada cinco personas de la población mundial— viven sin electricidad. La mayoría se concentra en una docena de países de África y Asia.

Otros 2 800 millones de personas dependen de la leña, el carbón vegetal, el estiércol y la hulla para cocinar y calentarse, lo que provoca más de 4 millones de muertes prematuras al año por contaminación del aire en espacios cerrados.

Por todas estas razones es imperativo promover las energías no contaminantes (solar y eólica, las más relevantes). ¿Pero, cuánto costaría pasar a una energía más sostenible? El mundo debe triplicar su inversión anual en infraestructuras de energía sostenible y pasar de los 400.000 millones de dólares actuales a 1,25 billones de dólares en 2030.

¿Cómo podemos contribuir con el cumplimiento del ODS 7?

 

Los países pueden acelerar la transición a un sistema energético asequible, permanente y sostenible invirtiendo en recursos energéticos renovables, dando prioridad a las prácticas de alto rendimiento energético y adoptando tecnologías e infraestructuras de energía no contaminante.

 

 

Las empresas pueden mantener y proteger los ecosistemas para poder utilizar y desarrollar  fuentes hidroeléctricas de electricidad y bioenergía, y comprometerse a satisfacer el 100 % de sus necesidades operacionales de electricidad a partir de fuentes de energía renovable.

 

 

Los gobiernos pueden reducir la demanda interna de transporte con combustibles fósiles, dando prioridad a la movilidad eléctrica,  y pueden también incentivar la adopción de modelos energéticos limpios, alternativos.

 

 Los inversores pueden invertir más en servicios de energía sostenible, introduciendo rápidamente nuevas tecnologías en el mercado a partir de una amplia base de proveedores.

 

 

Los ciudadanos podemos ahorrar electricidad enchufando los aparatos, incluido el computador, en una regleta, y apagándolos completamente cuando no se usan. También podemos ir en bicicleta, caminar o utilizar el transporte público para reducir las emisiones de carbono en nuestra ciudad.