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Ciudades inteligentes, buscan hombres y mujeres inteligentes

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Ciudades inteligentes, buscan hombres y mujeres inteligentes
Aún estamos a tiempo de generar acciones que nos permitan conservar el poder total, sobre el objeto técnico, recibiendo a placer solo lo que por el hombre le es solicitado, estamos a tiempo de vivir las ciudades de una manera adecuada y sostenible.

De vivir en la ciudades, hombres y mujeres hemos pasado a convivir con las ciudades, construcciones ideadas por los seres humanos que poco a poco gracias a la tecnología adquieren inteligencia propia, misma que paulatinamente ha cambiado la forma de transportarnos y comunicarnos, de gestionar los recursos naturales: aire, agua y energía y hasta de controlar la seguridad ciudadana a través de cámaras autónomas que han hecho de las calles un panóptico híper-controlado por máquinas que cada vez adquieren mayor capacidad de aprendizaje propio, esto en virtud de la inmensa cantidad de data que recogen y almacenan, y de la velocidad de procesamiento que genera cruces de información que realizan de ella en tiempos cada vez más reducidos, llegando en algunos casos hasta dar respuesta en tiempo real.  

Hombre y tecnología, una relación desigual 

Obnubilados por las bondades casi mágicas que proveen las nuevas tecnologías, los seres humanos poco a poco entramos en un estado de catarsis, una hipnosis que nos hace autómatas al responder como lo hacía en un comienzo la máquina a ordenes establecidas, mismas que ahora en contraposición, son dictadas por un algoritmo que controla buena parte de nuestras acciones cotidianas tanto en el hogar, como en el trabajo, en la escuela y en general en todos los espacios que habitamos; lo cual ha llevado, sin notarlo, a que tengamos una relación cada vez más directa y a la vez más desigual con la técnica de máquinas, esa a la que Martin Heidegger -aún sin mucha información- guardara recelo al advertir ya en su época, la posibilidad de que ésta entregara más de lo que por el hombre era solicitado, riesgo que de otra forma se tradujera como la capacidad de contar con aparatos con memoria, autonomía y poder, por fuera del control de los hombres.

¿Está preparada la humanidad para hacer frente a sus propias creaciones tecnológicas?, ¿sabemos a ciencia cierta qué ocurre al interior del objeto técnico, ese que de forma soslayada controla nuestra forma de relacionarnos tanto con otros hombres, como con el entorno?, o ¿acaso como en la antigüedad, estamos en virtud del desconocimiento que tenemos sobre ella mitificando y elevando a la categoría de deidad a la máquina? A priori podría uno advertir que no a las dos primeras y sí a la última, la velocidad impresa por la tecnología en los hombres ha hecho como lo advierte Paolo Zellini “que no solo crezcan los números, sino que con ellos crezcan también la complejidad de los cálculos”, lo cual ha desbordado ya la capacidad de procesamiento humano, lo que relega a éste -al hombre- y lo supedita a la información que le entrega la máquina, la cual no está ya en capacidad de objetar, pues como ocurre en una caja negra, a un input se recibe un output, pero se ignora por completo el procedimiento realizado para obtener la información de salida, esto de ser reflexionado debería preocupar o al menos inquietar, pues como lo advierte Gilbert Simondon debería ser necesario que el objeto técnico sea conocido en sí mismo para que las relaciones del hombre con la máquina se convierta en válida y estable, de allí la necesidad de una cultura técnica”.  

Ciudades inteligentes, buscan hombres y mujeres inteligentes
Quizá la velocidad a la que nos han llevado las máquinas, nos haya permitido apropiar de una forma correcta la tecnología, podríamos estar equivocados en la forma como estamos preparando a las nuevas generaciones para afrontar los retos que estamos creando.

Hacia una cultura técnica  

Quizá la velocidad a la que nos han llevado las máquinas, nos haya permitido apropiar de una forma correcta la tecnología, podríamos estar equivocados en la forma como estamos preparando a las nuevas generaciones para afrontar los retos que estamos creando, debilitar cada vez más la pregunta por el hombre, fortaleciendo con cada vez mas ahínco preguntas por la máquina, podría acercarnos a un punto de no retorno, uno en el que el cuerpo biológico y todas sus funciones cognitivas desaparezca paulatinamente para dar cabida al hombre máquina, uno que al final de los días nos llevará a hacer las mismas reflexiones que nos hacemos con el Arca del Rey Teseo, esa que parece original e impoluta, pero que no es más que una reconstrucción hecha a imagen y semejanza de la original, pero que no por ello sigue siendo la misma. 

La reflexión aquí esbozada no pretende ser una diatriba contra la técnica, ya Ortega y Gasset lo anticipaba “el hombre sin la técnica no es nada, y la técnica sin el hombre no es nada”, concepto que a su vez refrendara Martin Parselis quien advierte que “seguiremos haciendo tecnología porque somos humanos”, sin embargo, sí se deben hacer algunos altos en el camino, que nos permitan clarificar la senda que se recorre, pues como lo dice el mismo Parselis hablando de la tecnología “Debemos discutir para qué la haremos , y para quiénes, y encontrar modos de legitimar el desarrollo tecnológico entre nosotros y los otros que las diseñan y producen.  

Retomar el rumbo pudiera obligar a hacer algunas renuncias importantes, la primera y quizás la más difícil, es renunciar o más bien ralentizar el “progreso”, auscultando primero si éste es un proceso transparente y legitimo ante los ojos de todos los hombres.  La segunda renuncia está dada en anteponer la razón frente al ego, entendiendo que la humanidad aún está en deuda frente a cuestiones fundamentales del mismo hombre como lo son: el hambre, el techo, la salud y la seguridad.  

Aún estamos a tiempo de generar acciones que nos permitan conservar el poder total, sobre el objeto técnico, recibiendo a placer solo lo que por el hombre le es solicitado, estamos a tiempo de vivir las ciudades de una manera adecuada y sostenible, y todo ello en virtud de que Aún Somos Humanos. 

Tres preguntas finales 

De Martin Parselis 

  1. ¿Por qué deberíamos aceptar sin ningún tipo de pregunta el escenario que plantan los tecno-optimistas? 
  2. ¿Por qué deberíamos asumir que el desarrollo tecnológico no puede hacerse de otro modo?
  3. ¿Por qué deberíamos adecuarnos a un modo de vida sobre el que no hemos podido emitir ninguna opinión? 

Referencias 

  • Heidegger, M. (1994a). La pregunta por la técnica en: Conferencias y artículos (pp. 9-37). Barcelona: Serbal. 
  • Ortega y Gasset, J. (1982). Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Madrid: Alianza. 
  • Parselis, M. (2018). Dar sentido a la técnica. Madrid: Catarata 
  • Simondon, G. (2007). El modo de existencia de los objetos técnicos. Buenos Aires: Prometeo. 
  • Zellini, P. (2016). La matemática de los dioses y los algoritmos de los hombres. Madrid: Siruela. 

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