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¿Cómo evitar la ruptura del tejido social y vivir felizmente en las urbanizaciones?

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La convivencia en las comunidades que habitan estos complejos habitacionales no puede ser gestionada pensando en la infraestructura, sino en las personas, propone experto colombiano.

¿Cómo evitar la ruptura del tejido social y vivir felizmente en las urbanizaciones?
La clave de una buena convivencia está en alcanzar un nivel de conciencia para conocer las causas y aceptar que hay un mal nivel de convivencia aceptado como ‘normal’ y cotidiano.

En un mundo cada vez más urbanizado, con el 50 % de la población mundial viviendo en las ciudades y con el 80 % de los latinoamericanos habitando en urbes cada vez más densas, las propiedades horizontales, urbanizaciones o fraccionamientos son más frecuentes dentro del paisaje. Eso conlleva múltiples desafíos de convivencia, originados no solo por la interacción económica que une a estos vecinos, sino por las expresiones culturales, los hábitos.

Los datos son contundentes: en Hong Kong, por ejemplo, más de 3 millones de personas viven en un piso superior al 14, dentro de propiedades con miles de departamentos en pocos metros cuadrados.

Dentro de estas ‘pequeñas ciudades’ se viven cada día diversos conflictos. Por el ruido del vecino, por las mascotas, el manejo de los residuos, por el espacio para niños, y un largo etcétera, que en la mayoría de los casos se busca solucionar con el esquema norma- sanción, a través de los códigos o manuales de convivencia, e incluso como en Colombia con un Código de Policía cuando el ordenamiento interno no logra dirimir el debate entre vecinos o sancionar al residente infractor.

Alfonso Álvarez López es un contador colombiano y docente universitario especializado en Administración Financiera Empresarial. Actualmente es el Director Ejecutivo de la Asociación de Propietarios, Arrendatarios y Administradores de Propiedad Horizontal (Asurbe), con sede en la ciudad colombiana de Medellín y se dio a la tarea de investigar este fenómeno de la convivencia desde el punto de vista económico, social y cultural, a la que llamó ‘Propiedades Horizontales Felices’.

Lea: “En El Poblado la relación entre vecinos solo se da en un ascensor o en un parqueadero”.

Álvarez López denomina a estos complejos residenciales en propiedades horizontales con más de 300, 400, e incluso muchos más departamentos, como unas nuevas “células sociales víctimas de la ruptura del tejido social”.

Dentro de su trabajo por 8 años, analizando y tamizando las experiencias de administración de este modelo de vida a través de diversas disciplinas sociales, Álvarez López concluye que “se está generando una destrucción del vínculo social básico como es la vecindad, que sumada a otros vínculos que se han ido deteriorando gravemente como son la familia y la ciudadanía, la desconexión de lo público con altos niveles de desconfianza. Con esos tres elementos deteriorados como están y con esa tendencia de vivir cada vez más en estos grandes complejos, no hay ninguna sociedad que pueda soportar una buena relación”.

Agrega que esta manera de habitar la ciudad se está haciendo cada vez más frecuente, gracias a la necesidad de densificar las ciudades. El resultado: hay miedo, desconfianza, disputas, anonimato, falta de solidaridad, y eso hace que la vida en las propiedades horizontales sea estresante, compleja y genere infelicidad en los ciudadanos.

De hecho, las ciudades latinoamericanas igualan en densidad a las de Europa. Por ejemplo, mientras París tiene una densidad de 21.000 habitantes por kilómetro cuadrado, Sao Paulo llega a los 20.500 habitantes, según estudios del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), que destaca las densidades como una oportunidad para las urbes de la región, pero, claro, vistas desde el punto de vista de infraestructura y productividad, y no desde la convivencia en el interior de esa ‘densificación’.

Ahora, volviendo al fenómeno ‘interno’ de la convivencia, hace pocos meses LA Network dialogó con el arquitecto y urbanista brasileño Tomás de Albuquerque Lapa, quien visitó Colombia para el II Seminario Internacional de Encerramiento Residencial de la Red Internacional de Investigadores sobre Encerramientos Residenciales (RIIER).

¿Cómo evitar la ruptura del tejido social y vivir felizmente en las urbanizaciones?
La convivencia en las comunidades que habitan estos complejos habitacionales no puede ser gestionada pensando en la infraestructura, sino en las personas.

El experto manifestó que “desde el punto de vista cultural, al ser humano le gusta estar en comunidad con otros iguales o semejantes, pero hoy la gente no está preparada para convivir con las diferencias: tienen miedo, lo que hace que no haya sentido comunitario ni sentido de efervescencia cultural ni de multiplicidad de personas, de diversidad”.

Recomendado: Conjuntos residenciales sin rejas transformarían las ciudades.

Sin embargo, frente a este panorama, el Director Ejecutivo de Asurbe ha propuesto un enfoque denominado ‘Propiedades Horizontales Felices’, que busca generar bienestar y felicidad en la convivencia en el interior de estos edificios, cada vez más comunes en las ciudades latinoamericanas.

Allí donde las disputas entre vecinos se están dirimiendo básicamente a través de la estructura de norma-sanción,  Álvarez López propone trabajar sobre el relacionamiento, puesto que, de manera generalizada, quienes tienen la labor de mediar la convivencia se enfocan en el cuidado de la infraestructura (que haya aseo, que la iluminación funcione bien, que los vigilantes cumplan su labor, que se haga mantenimiento a los ascensores, etc.), pero no en las personas de la comunidad.

“Mientras no entendamos que el objetivo, lo fundamental en lo estratégico, lo indispensable y valioso que hay en las propiedades horizontales son las personas, y no la infraestructura, los muros, no podremos avanzar. Porque aquí está prevaleciendo lo material sobre lo humano. Aquí hay una pérdida realmente de foco, que es trabajar por el bienestar de las personas”, explica el docente universitario.

Álvarez López agregó que luego de conocer experiencias y de intercambiar otras con administradores de propiedades horizontales en Costa Rica, Panamá, Argentina, entre otros países, las problemáticas de convivencia son muy similares por el contexto cultural que las une. Sin embargo, recalcó que, en otras culturas, como la japonesa, la convivencia tiene otros tonos, mediados por sus rasgos culturales y su idiosincrasia.

Según el Director de Asurbe, la clave de una buena convivencia está en alcanzar un nivel de conciencia para conocer las causas y aceptar que hay un mal nivel de convivencia aceptado como ‘normal’ y cotidiano. Entre otras, la sensación negativa que se tiene de las asambleas de copropietarios, la cartera morosa y las sanciones.

“Nos dedicamos a atender los síntomas y no las causas de esos problemas. Allí viene nuestra invitación a que repensemos el mundo de la propiedad horizontal, porque muy pronto en las ciudades ya no va a haber casas para vivir en barrios. Debemos reinventarnos este modo de vida en los edificios con base en las personas, y no en las infraestructuras”.

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