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Dejar en paz a los animales podría reducir los virus

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Unas 150 enfermedades de origen animal pueden transmitirse a los humanos. Respetar sus hábitats naturales y dejarlos vivir en paz podría ser una nueva lección del Covid-19.

Dejar en paz a los animales podría reducir los virus
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza señala que 5 200 especies animales están en peligro de extinción: 34 % de los peces, 25 % de anfibios y mamíferos, el 20 % de los reptiles y un 11 % de las aves.

Millones de mensajes han circulado por las redes sociales pidiendo, invitando, sugiriendo a los miles de millones de humanos hoy en crisis planetaria por una pandemia proveniente -posiblemente-, de un murciélago o un pangolín; volver a lo esencial, recordar que “no podemos estar sanos en un ecosistema enfermo”.

Y ese mensaje tal vez esté conectado con asuntos más pragmáticos que filosóficos, ya que desde hace años la naturaleza les ha advertido a los humanos, la capacidad que tienen de transmitir enfermedades a través de distintas especies animales. De hecho, 150 enfermedades de tipo zoonótico ya están clasificadas.

“Tenemos que recordar que el VIH procede de simios, es decir esto viene sucediendo desde hace tiempo y no son solo los virus, este es solo uno de los muchos patógenos que nos afectan a los seres humanos. Cuando uno observa estas pandemias, tenemos una alta tasa de nuevas enfermedades que aparecen con mucha mayor rapidez: hace menos de 20 años estábamos luchando con otra enfermedad de tipo SARS”, dice Esteban Alzate, biólogo colombiano, académico de la Universidad CES de Medellín.

De hecho, el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), señala que el 60 % de las enfermedades infecciosas proceden de animales.

El VIH, la gripe aviar (en 2005), el paludismo, el encefalopatía espongiforme bovina (en 2007), el ántrax, la toxoplasmosis, la gripa porcina (en 2009), el ébola (en 2013 y 2016), el zika…la lista es mucho más extensa, pero esas son algunas de las enfermedades más protagonistas en las últimas décadas.

Según el estudio ‘Patrones globales de zoonótica. Enfermedad en mamíferos’ publicado en la revista Trends in Parasitology (Tendencias en parasitología) en el año 2016 y realizado por los científicos Bárbara Han, Andrew Kramer y John M. Drake; los elementos que componen el riesgo para que la transmisión de un huésped animal se transmita a uno humano y un huésped humano a otra persona; son todos externos.

“Factores extrínsecos, como urbanización, agricultura y situación socioeconómica, control de la población huésped y humana dinámica subyacente a la frecuencia de los contactos transmisibles en el ser humano-vida silvestre y la interfaz fauna-ganadería”, explica el documento científico que analizó la distribución de las especies transmisoras en el mundo.

Explica Alzate que los humanos están presionando los ecosistemas tanto por razones culturales como para satisfacer necesidades y ello nos ha llevado a avanzar tanto más allá que “el problema no son solo los animales, sino qué tanto nos estamos acercando a recursos biológicos que antes no estaban a nuestra disposición”.

El consumo de especies salvajes se promovió en la China de mediados del siglo XX en plena revolución y como remedio para las hambrunas que azotaban el país, un costo que parece haberse diferido en el tiempo y hoy cobra mortalmente su precio.

¿Vale la pena pagar ese precio en costos ecosistémicos y de vidas humanas o llegó el momento de alejarse y tomar una distancia prudente, respetando especies y ecosistemas?

 

Dejar en paz a los animales podría reducir los virus
Pangolín. Foto: Kyle de Nobrega. WWF

La sexta extinción en masa

Ni las escamas que durante millones de años le protegieron de las amenazas naturales, evitan que el pangolín sea el mamífero más traficado del mundo. Así lo evidenciaba hace poco la revista National Geographic, que indicó, citando un estudio de la Universidad de Sussex, que la captura de pangolín en seis países africanos puede alcanzar los 2.7 millones de individuos. Y peor aun, de las ocho especies de pangolines, seis está amenazadas y dos han sido declaradas en peligro de extinción.

En Asia, específicamente en China y Vietnam, la situación es grave y se habla de incautaciones de 20 toneladas por año con el agravante de tener noticias de decomisos de hasta 30 toneladas en un solo momento (Malasia).

En los últimos cinco siglos han desaparecido más de 320 especies de vertebrados y la joven activista Greta Thunberg no deja de recordarle al mundo de la amenaza de una nueva extinción en masa. Los datos son igual de extremos a la crisis actual. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza señala que 5 200 especies animales están en peligro de extinción: 34 % de los peces, 25 % de anfibios y mamíferos, el 20 % de los reptiles y un 11 % de las aves.

La situación de los insectos, responsables de cerca del 85 al 90 % de la polinización de las plantas es crítica, cerca del 30 % de las distintas especies están en riesgo y los científicos ejemplifican esa grave situación con el efecto ‘parabrisas’: ¿recuerdan cuando viajaban en auto, la cantidad de insectos que chocaban con el parabrisas del vehículo?

“Es el momento como humanos, como sociedad, de darnos cuenta de que estamos usando la tierra para obtener simplemente más bienes y   finalmente vemos que no importa. Hay gente que alardea un montón con sus riquezas, sus bienes materiales y en muy poco tiempo nos hemos dado cuenta de que de nada de eso verdaderamente importa, lo que importa es lo que nosotros somos, lo que podemos ofrecer como personas”, reflexionó el biólogo Esteban Alzate.

Pero quizás la frase que más resume el estado de inconsciencia humana, la pronunció esta semana el Papa Francisco, al señalar que ni “hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo”.

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