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El mundo actual se encuentra en un proceso de transformación acelerada hacia un nuevo orden que aún está por definirse. En pocos meses, hemos sido testigos de la escenificación de un entorno internacional conflictivo en el que se cierne una seria amenaza de guerra entre las principales potencias militares y económicas. Esto no ocurría a escala global desde hace un siglo y en aquel entonces los canales diplomáticos sólo postergaron el enfrentamiento. Hoy es necesario que esos canales no cometan los mismos errores.  

Por su parte, en América Latina, la violencia lejos de disminuir se ha incrementado al interior de nuestros países y través de sus fronteras. Las diferencias políticas parecieran cada vez menos reconciliables y las alternativas menos tolerantes. Alimentados por el entorno internacional, los escenarios de conflicto se muestran cada vez más cercanos en nuestras sociedades.  

Al respecto, la construcción de espacios de entendimiento es cada vez más necesaria y la cultura puede contribuir a ello desde el diálogo y el reconocimiento mutuo. Uno de los principales objetivos de la UNESCO es contribuir a la consolidación de la paz mediante el diálogo intercultural. En este sentido es que la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible (MONDIACULT 2022) y sus foros paralelos, que se celebrarán durante el mes de septiembre en varias ciudades de México, constituyen espacios fundamentales para posicionar los diálogos interculturales como un ejercicio necesario para forjar soluciones a los problemas que vive el mundo hoy en día. 

En la actualidad resulta crucial que este tipo de foros contribuyan decididamente a la promoción y difusión de valores, actitudes y comportamientos en favor del diálogo, el entendimiento, la solución de conflictos y la armonía. Es imperativo que desde los nuevos discursos y la innovación creativa se favorezca la conversación en vez de la descalificación, la convivencia en vez de la violencia, y el acercamiento de las diferencias en vez del enfrentamiento. 

Para esto, la diplomacia cultural es fundamental. Tal como lo expresa Said Saddiki: “El principal papel de la diplomacia cultural es promover el diálogo transnacional entre culturas y naciones, (…). La diplomacia cultural, al igual que otras dimensiones nuevas de la diplomacia, no es del dominio exclusivo de los estados-nación, ya que en la actualidad no son los únicos actores en el escenario internacional, sino que los actores no estatales (sociedad civil, ONG, universidades, académicos, etc.) desempeñan un papel protagonista en este ámbito”1. 

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La negociación a partir de estrategias culturales se ha convertido en un eje a la hora de hacer negociaciones, diplomacia y cooperación en las últimas décadas. De acuerdo con la Convención de 2005 sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales en las sociedades actuales, cada vez más diversificadas, es indispensable asegurar formas de interacción más armoniosa para la convivencia de personas y grupos con identidades culturales que son al mismo tiempo plurales, variadas y dinámicas.  

La paz no es sinónimo de ausencia de guerra, sino que implica la construcción de espacios de convivencia humana basadas en el respeto de las diferencias, sean estas de género, orientación sexual, origen étnico o nacionalidad, lengua o religión, es decir, cualquier diferencia cultural, con base en el igual acceso a la justicia y los derechos humanos.  

Más allá de las estrategias de resistencia de los pueblos, las naciones o los mercados, necesitamos impulsar desde la cultura el replanteamiento de las bases que fundamentan nuestras sociedades actuales, lo que implica abrir espacios de diálogos respetuosos entre configuraciones estatales, comerciales y regionales, es decir, entre los bloques de intereses políticos y económicos.