Diego Benítez es un administrador de negocios que decidió renunciar a su trabajo en un importante banco del país en el que llevaba 9 años para cumplir su sueño de ser emprendedor. En plena era digital y con el interés de conectar la ciudad con el campo, creó Siembraviva, un supermercado virtual que comercializa productos naturales y orgánicos. Gracias al uso de la tecnología ha enseñado a agricultores a cultivar los productos orgánicos para venderlos sin intermediarios y dar oportunidades de desarrollo a pobladores rurales, integrando así el campo y la ciudad.

Escucha cuál fue el elemento que detonó en Diego la creación de su propia empresa

La tecnología ha permitido la integración entre el productor y el consumidor final en Siembraviva. Diego y su equipo de colaboradores han desarrollado dos tecnologías: la primera se llama Ecosiembra y con ella los pequeños productores, sin tener mucho conocimiento de agricultura orgánica, pueden ser capaces en 6 meses de estabilizar su producción gracias a la técnica de agricultura de precisión. Trabajan bajo entornos controlados, invernaderos. Esos invernaderos tienen sensores que envían información cada 10 minutos sobre el estado de los cultivos para conocer humedad relativa, la radiación, la temperatura, la humedad del suelo, entre otros y esa información permite anticipar decisiones y mejorar la productividad. La segunda es la propia plataforma web, donde de una manera muy sencilla, sus clientes hacen las compras como si estuvieran en el supermercado.

Una empresa ambientalmente responsable

SiembraViva trabaja con agricultura regenerativa, método cuya principal finalidad es recuperar el suelo, contrario a lo que sucede con la agricultura convencional en la que el suelo se degrada, ya que provoca la pérdida de fertilidad principalmente debido a la disminución de la presencia microbiológica, de minerales y de materia orgánica. La agricultura regenerativa además permite capturar carbono, a diferencia de la agricultura convencional que libera carbono por la síntesis química que introduce la fertilización sintética. La técnica regenerativa hace que el carbono se secuestre, se capture y disminuya la carga de dióxido de carbono en el aire, que es el que produce el calentamiento global.

Dignificar la labor del campesino y promover la compra local

Antes de aliarse con SiembraViva en 2016, Ruby trabajaba como empleada en una empresa de flores de exportación. Allí la exposición permanente a las sustancias químicas utilizadas en los cultivos, hicieron que empezara a padecer migrañas. Por ello decidió renunciar al empleo y recuperar su vida campesina. Se fue para una finca en la vereda Fátima del municipio de La Ceja y hoy produce fríjol, zanahoria, cebolla, brócoli, remolacha y rábano. Ruby está dedicada al cultivo con su esposo, Nelson, y su hijo de 16 años, Felipe. La de Ruby es una de las 18 familias de los corregimientos de Medellín y de algunos municipios cercanos de la ciudad con las que trabaja la empresa. Esta es la mayor satisfacción de SiembraViva. “Si el consumidor entiende que la compra local permite dignificar la labor de pequeños campesinos, que ellos mantengan la agricultura como una opción de vida y que no tengan que venir a la ciudad, será muy importante”, comenta Diego Benítez.

 

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El equilibrio entre lo urbano y lo rural

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS advierten a los gobiernos y sociedades que deben orientar sus esfuerzos a reducir la desigualdad (Objetivo 10) y a “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles” (Objetivo 11). De igual manera, la Nueva Agenda Urbana definida en Quito en 2016, hace un especial énfasis en el equilibrio que debe existir entre las ciudades y la ruralidad. En este contexto es que adquiere toda la relevancia buscar formas para que los habitantes de la ruralidad tengan calidad de vida y mantengan su dignidad como campesinos y cultivadores. SiembraViva es un ejemplo de cómo se pueden lograr estos objetivos en el escenario real.