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Dietas sostenibles, una alternativa ante el cambio climático

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Basadas en leguminosas, tubérculos, cereales integrales, frutas, alimentos poco procesados y consumo moderado o nulo de carne de origen animal, estas dietas contribuyen a reducir tanto la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) como el uso del suelo. 

Según la investigadora, algunas de las dietas que se han relacionado con la disminución de GEI son las veganas, seguidas de las vegetarianas o la mediterránea, que además muestran una reducción en el uso del suelo.

La dieta sostenible hace referencia a una dieta con bajo impacto ambiental, que contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional, y a la vida sana de las generaciones presentes y futuras. 

En este aspecto, la nutricionista y dietista Andrea Arango, de la Universidad Nacional de Colombia, considera que la producción de carne de origen animal es uno de los principales causantes del aumento de Gases de Efecto Invernadero GEI, en especial las carnes rojas provenientes de rumiantes, pues causan el 19 % de las emisiones, y además el 70 % del suelo se usa para la producción ganadera. 

Así mismo indica que la producción de ganado ha aumentado de 4 a 5 veces, al pasar de 71 a 318 millones de toneladas entre 2014 y 2020, y se estima que seguirá creciendo hasta llegar a las 455 millones de toneladas en 2050. 

La nutricionista advierte que el consumo excesivo de este tipo de carne produciría enfermedades crónicas como algunos tipos de cáncer, afecciones cardiovasculares, diabetes tipo 2 y ganancia de peso, que no solo afecta la parte ambiental sino también la salud humana. 

Alimentación en el cambio climático 

Dentro de los determinantes del cambio climático están los factores antropogénicos, o de influencia humana, entre ellos los relacionados con las emisiones de GEI –como gas metano, vapor de agua, óxido nitroso, gases florados y dióxido de carbono– los cuales son mayores cuando el alimento es de origen animal. 

“Dentro de los gases más perjudiciales está el dióxido de carbono –que se produce especialmente por la quema de combustibles fósiles y la deforestación– y el gas metano, que se relaciona con la fermentación entérica de los rumiantes, es decir con el proceso digestivo de esta especie, por eso surge la necesidad de ser más conscientes del consumo de estos alimentos, y de que se requieren acciones individuales, pero también colectivas”, subraya la nutricionista. 

La carne vacuna produce al menos 295 kg de dióxido de carbono por kilogramo de proteína, mientras que, en otras carnes, como el pollo, la producción es menor. Además, por 1 kg de consumo de energía para la producción de carne de rumiante, como la de res, se usan casi 7.000 litros de agua, con la carne de cerdo 2.182 litros, y en carne de pollo 1.773. Sin embargo, lo recomendable es reducir el consumo de toda carne de origen animal. 

Dietas como alternativa urgente 

Según la investigadora, algunas de las dietas que se han relacionado con la disminución de GEI son las veganas, seguidas de las vegetarianas o la mediterránea, que además muestran una reducción en el uso del suelo. 

“Estas dietas se basan en leguminosas, tubérculos, cereales integrales, frutas y verduras (al menos 400 g al día). También por un consumo de carne en cantidades moderadas y pescado producido de forma sostenible; consumo moderado de productos lácteos o alternativas (sustituto de leche enriquecida y otros alimentos ricos en calcio y nutrientes). En estas dietas es importante limitar el consumo de sal y de azúcar a menos de 5 g al día, y de alimentos con alto contenido de grasas, azúcares o sal, y consumir agua simple en vez de bebidas azucaradas o refrescos. 

La especialista también advierte que estos cambios por opciones más saludables deben reemplazar los alimentos procesados y ultraprocesados como panes refinados, chocolates, fideos y sopas instantáneas, nuggets y embutidos, gaseosas, alimentos hechos en su mayoría de azúcar, entre otros, y que contienen aditivos como saborizantes, colorantes, conservantes y edulcorantes, pues pasan por procesos industriales más complejos y son los principales responsables de la obesidad y de enfermedades no transmisibles en la población mundial. 

 

Agencia de Noticias UN 

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