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¿De dónde saldrán los recursos para la nueva agenda urbana?

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A la par que los alcaldes piden mayor autonomía financiera, ha surgido en este encuentro de Hábitat una inquietud válida: ¿cómo se aplicará la nueva agenda urbana, con qué recursos? El panorama no es claro y la economía evidencia crisis.

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Complacencia y optimismo ha generado el solo anuncio de que el mundo tendrá a su disposición una nueva agenda urbana, mediante la cual se buscarán soluciones a la exclusión, la inseguridad y la insostenibilidad de las ciudades.

Pero, en el anverso de esta cara, hay una más inquietante: la incertidumbre que despierta entre los alcaldes y líderes locales el tamaño de los retos que deberán enfrentar en las próximas dos décadas.

Eso explica el porqué del ceño fruncido de alcaldes y de representantes de los gobiernos regionales y nacionales, cuando se les interroga de dónde provendrán los recursos y la concepción de estrategias para dar el salto a modelos no basados en el consumismo que son los que alientan el consumo exagerado de la energía, la proliferación masiva de productos e incentiva la construcción de infraestructuras muchas veces sin finalidad expresa.

Estos nuevos modelos deberán estar basados en la acción y la gestión de las comunidades, que en Hábitat III han reclamado con insistencia el “derecho a la ciudad como posibilidad de aprendizaje”.

Modelos en los que los colectivos urbanos precisan que no se puede soslayar “el libre acceso y la libre circulación del conocimiento y la cultura”.

En otras palabras, los conceptos de “co-crear la ciudad”, “ciudadanía activa”, de “la ciudad como un derechos de todos”, de “la ciudad como espacio para el aprendizaje colectivo”, deberán pasar, con la nueva agenda urbana, del papel a la realidad. O al menos eso es lo que se espera.

Fácil no lo será. Pero, ¿cómo lograr una reorientación de la gestión en los gobiernos locales, una descentralización efectiva y una obtención de nuevos recursos financieros, ante la creciente urbanización y el nivel de complejidad de los problemas, sin precedentes en la historia de las ciudades?

Un primer paso

En los debates realizados ayer miércoles sobre la capacidad de los gobiernos locales y regionales de implementar la nueva agenda, lo mismo que sobre los mecanismos y herramientas para generar y captar nuevos recursos, el caso de Latinoamérica saltó a la mesa.

Como un primer paso en el camino que hay que andar de prisa, se planteó que ante la pesadumbre que significa ser la región más urbanizada del planeta, Latinoamérica ha sabido desatar intensos y valiosos procesos innovadores en ciudades grandes, medianas y pequeñas.

Al respecto se recordó el convencimiento del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos: Latinoamérica es la demostración y el ejemplo a seguir de cómo las realidades locales y las experiencias y expectativas ciudadanas no pueden pasar desapercibidas en el momento de enfrentar los desafíos y oportunidades del desarrollo urbano sostenible.

Un segundo paso

La realidad de la nueva agenda reconoce que cada ciudad tiene que pensar por sí misma. Por eso el segundo paso es reconocer que las experiencias exitosas puestas en común garantizan que sí se puede avanzar y que sí es posible aprender unos de los otros.

Como se dijo en esta cumbre: “Si quieres ir rápido, ve solo. Pero si quieres llegar lejos, anda junto con otros”.

Solo de esta manera se podrá lograr el intercambio solidario de conocimiento, de experiencias con buenos resultados y de ejemplos de desarrollo urbanos para tener ciudades que sean vivibles.

Financiamiento

Frente al panorama no muy claro de recursos financieros para hacer realidad la nueva agenda, alcaldes de los países en desarrollo, en especial de Latinoamérica, expresaron los temores por las consecuencias de las crisis que hoy se viven en diferentes partes del mundo y por las políticas de ajuste con las que los países desarrollados buscan contrarrestar sus efectos.

En las últimas décadas, tales problemas les han generado a las economías más débiles, con repercusión en los territorios más pobres, una aguda crisis de financiamiento público.

En respuesta a estas inquietudes, ONU-Hábitat plantea que los Estados miembros de la ONU y las partes interesadas en los temas urbanos, a partir de ahora, con mayor razón, seguirán considerando a los gobiernos locales como “socios legítimos” en la tarea de que el mundo asuma un compromiso integral frente a los siguientes retos: preservación de los paisajes, los recursos naturales y los espacios públicos para todos; promoción de la densificación urbana en lugar de la extensión del perímetro de las ciudades; y uso mixto del suelo, en lugar de la zonificación y el acaparamiento en manos de pocos.

Pero, como de todas formas se prevén dificultades y momentos azarosos en las dos décadas de vigencia de la nueva agenda, la propuesta de los alcaldes es unánime y clamorosa: que la ONU cree un fondo que ayude a los estados y a las ciudades a implementar la nueva agenda urbana.

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