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El Artista Antídoto y la obra como acogida

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El artista cita a duelo a alguien que lo llama por teléfono. Este artista que se imagina así mismo -en un relato que nos confía- no tiene revolver como Alfred Jarry, sino una voz para contestar una amenaza por teléfono.

“Yo veía los afiches, con Chávez el pueblo manda, Chávez es el pueblo, entonces yo: perfecto, yo hice esta obra y entonces yo me fui carnetizar en el PSUV, pero no me dieron el carné. Entonces (..) en un salón chavista yo voy a mandar esta foto (una foto de la iconografía chavista y personas con máscaras de Chávez interpretando distintos personajes, incluidos niños, familias y reinas de belleza). Pero no pana, por qué me van a censurar si Chávez soy yo, yo soy Chávez (…). Entonces a mí me llamaron: mira traidor, sí, apoyas a McDonalds, mira te vamos a matar (…) ay sí guevón, coño ay sí, como McDonalds y yo recuerdo que yo decía: coño pana tu sabes quién soy yo, dime cómo te llamas tú y cuando quieras nos caemos a plomo. No me llamaron más. Porque ellos juegan mucho a eso, al terror. Y la gente no, no te metas en eso, pero no se le puede hacer el juego al terror porque te paraliza”.

“Aquí todos somos responsables de esta vaina. Y el chavismo fue consecuencia de los malos gobiernos anteriores. Todos somos responsables del chavismo”.

La serie de fotografías es Pensamiento Único y el artista es el ganador del premio venezolano de las Artes Plásticas Nelson Garrido. En 1991 (antes del gobierno de Hugo Chávez) Nelson gana el premio y luego quema el premio, se hace una foto donde figura crucificado, con tres penes y con la medalla puesta -que viene con el premio- ensangrentada.

“Estoy en contra de los gobiernos que había antes, en contra del chavismo y en contra de la mierda que venga (…) Yo no estoy con el poder anterior, ni con este, ni con el que venga”.

Su obra Caracas Sangrante da fe de que su obra lleva levantando ampollas mucho antes del chavismo: se trata de la obra de Nelson conocida por más personas, hasta el punto que es más la gente la pudo haber visto, de la que sabe que él la ha hecho. Parte de la explicación es su compromiso con el copy-left, con la reproductibilidad bastante libre de la obra. Incluso la prospectiva que hace del arte, es la de la muerte del autor como lo conocemos y el nacimiento del autor colectivo, que podría incluso abarcar varias generaciones.

“Para mí el arte se perdió en el camino, el arte original que era el chamánico, donde el brujo era el que originaba objetos mágicos, que tienen un poder… un valor visual o artístico, como tú lo quieras llamar, pero ante todo era un objeto mágico… Yo creo que el arte se alejó de ese acto chamánico y empezó a crear objetos superficiales y dejó de tener ese valor simbólico. (…) Para mí el arte tiene que regresar a ese hecho chamánico, el arte tipo medieval que ni se firma y tiene un valor social: una iglesia que se hace durante 500 años y todo el mundo construye (…)”.

Nelson encontró su propia manera de hacer un arte chamánico con una cámara, conjurando un objeto para que eternamente sea una imagen, un negativo, y luego se pueda conjugar uniéndose a objetos o contextos en los que normalmente no existiría.

“Libro mata exposición”, dice Garrido, y vamos encontrando que está más interesado en imprimir que en exponer. También se explica en él que el autor parece más animado en fabricar un objeto para fotografiarlo que en presentarlo como performance o instalación. Explica que a los museos y las galerías las están dejando solas, como a las iglesias. Las personas no van a ver sino a que las vean a esos espacios reglados y formales.

Nelson inventa mundos para poderlos fotografiar; la dramatización de una escena es importante, los actores y las actrices en un vacío sin márgenes que muestran que la frontera de ese mundo imaginado es mayor, lograr escenas completas donde algunos objetos solo pueden existir ahí o la escena misma es un objeto. En esa invención devela, desentraña y anuncia lo emergente, buscando que la imagen tenga aún más durabilidad como pensamiento.

Caracas Sangrante es una obra de 1995 donde se muestra una parte de la ciudad rebosada en sangre y la sangre surgiendo de todas partes y bajando por los edificios. Esta obra muestra una transición de la religión a la violencia. Nelson explica que su obra ha versado sobre la muerte, el sexo y la religión, pero que su contexto se volvió tan violento que tuvo que empezar a referirse más a la represión física estatal y olvidarse un poco de su batalla estética y conceptual con la Iglesia.

Su tesis sobre la violencia vuelve a unir todas las preguntas de su arte: los problemas sexuales de una sociedad -la insatisfacción- se expresan en una sociedad violenta, que luego encuentra una política y un gobierno violento.

“Mi tesis de la violencia es por falta de una sexualidad sana: no se saben masturbar, no hay orgasmos, eso genera una sociedad violenta que se manifiesta luego en la política”.

Nelson aparece ante nosotros en un apartamento lleno de figuras de marranitos, cuadros de distintos gustos y épocas de su familia y frascos de conservas con manos de muñecas o muñecos. Luego empiezan a aparecer pequeñas máscaras Indígenas, la envoltura de un vibrador en forma de pene cuidadamente expuesta y cajetillas de cigarrillos El Rey.

Como todos, en el otro no cuadra, hay contradicción, pero a diferencia de la mayoría él no intenta resolver con ningún sofisma la contradicción: “soy tan anarquista que no soy anarquista”, la respuesta a cómo es chamán es “no siendo chamán”.

Nelson también se presenta como un alborotador, nos cuenta que era marxista ñángara en la universidad con mucha pereza para leer a Marx, y que más bien se ponía a leer poesía. Él es el ñángara que quiere curar, el que no se deja imponer una responsabilidad mayúscula con el arte, él que juega con el mito que una sociedad muy conservadora le fábrica, pero también lo intenta derrumbar diciendo que la gente se decepcionaba cuando lo invitaban a dictar una conferencia y se encontraban con un tipo normal, alguien que ni siquiera tiene “cara de Nelson Garrido”.

Él fábrica su propia pornografía, colecciona, la arma y la deforma, pero en su discurso empieza a aparecer siempre la salud: cómo buscar la propia salud y encontrar una sociedad más saludable liberándose de las culpas. Él explica que el arte casi siempre empieza para lidiar con las propias pesadillas, pero nos señala cómo en ese proceso el artista ayuda a lidiar con las pesadillas de otros, simplemente preguntándose sin tener nunca la respuesta o la verdad.

“La obra empieza a tener cierto sentido cuando otras personas se identifican con esa angustia que tú tienes. Yo siempre pongo un ejemplo muy prosaico: es como cuando uno se masturba… yo estudié en un colegio de curas (…), yo me masturbaba (…) y me sentía pecador al mismo tiempo, y tú crees que eras tú solo el que se estaba masturbando; entonces para mí la creación de imágenes, un artista lo que hace es que se para y dice pana yo me estoy masturbado y tú dices ¡coño! Yo también me estoy masturbando. Y resulta que todo el aula se está masturbando. Entonces es el que se atreva a decir lo que todos los demás sienten, porque cree que es un hecho individual”.

“En la medida en que tú empieces a manifestar todas esas angustias, estás creando una sociedad mucho más sana”.

“El arte sino cura no sirve para un coño”.

Nelson muestra a un artista que hace catarsis de su propia pesadilla, pero que está dispuesto a anunciarse con desenfado, a tener una suerte de valentía para expresar lo que los otros también tenían pero no se atrevían a sacar, a compartir esa sensación con otros sin necesidad de ponerles la carga del incomprendido que sufre sin remedio, sino un sufrimiento común, atravesado por lúdico y placeres.

“Los artistas se han banalizado tanto que tienen que hacer un papel teatral, el papel del incomprendido, ¡incomprendido un coño! Yo jodo que jodo y me joden porque jodo y menos mal jodo”.

Hablar con Nelson Garrido, escucharlo, sirve para comprender que muchas veces la ira y la agresión que hay en una obra viene de un artista feliz, un artista que no odia porque el odio transitorio, lógico o consecuente se vuelve juego que conjura a lo odiado y a los odios.

“El enemigo no es el enemigo, somos nosotros mismos”.

Nelson Garrido encontró una técnica del error, la hibridación y la fractura. La hibridación la empieza a explicar como lo venezolano, una historia que se repite en Latinoamérica y que él no quiere hacer sinónimo de mestizaje porque no es sólo lo étnico sino también las mezclas por las circunstancias, varias formas de contradecir la pureza; la fractura es difícil entenderla por completo separada del error, pero la asociamos al caos y quizá creemos que en el discurso de Nelson a veces puede ser sinónimo de herida porque es por la fractura que se da el grito y es también el desgarre de la valentía.

El error pareciera la categoría más técnica, a menos que usemos hibridación para clasificar la fuga de la fotografía hacia temas tan diversos como la fundición o el encapsulado, pero sobre todo una producción y dirección gigante para crear lo que va a fotografiar. También el error es el concepto que puede encerrar a los otros dos: el error puede ser una categoría que abarca la impureza y también lo roto o la fractura, pero en las palabras de Nelson es con el error que enmarca su estética para no intentar ser bonito, agradar y -sobre todo- no encajar en el mercado.

El error y la fractura es pura urgencia, en la fractura está un palpito que no da espera, de nuevo la valentía para conectarse con un tiempo y estar entre los otros y nosotros para expresar con imperfección una angustia vuelta pensamiento.

“Tú no das respuestas, tú te haces preguntas sin responder. La obra tiene que ser una gran pregunta que tú te haces porque no es un hecho que está terminado”.

Atestiguamos el proceso del artista que intuye sin entregarse a lo emotivo o sentimental, que amarra a una imagen imperfecta un pensamiento para contactar raíces más profundas de un problema; que lanza un mensaje sobre lo emergente con una obra siempre inacabada.

“El arte debe ser una especie de alarma que se prende frente a situaciones sociales”.

Corta historia de uno de los Garrido

Parece que el papá de Nelson era un hombre muy singular: militar exiliado, pero con varios amigos artistas.

La primera vocación de Nelson era el sacerdocio: a los doce años, dentro de la baraja de decisiones para alguien que podía educarse, la de ser el representante de dios en la tierra era la más atractiva. Hoy Nelson se reconoce como una persona profundamente religiosa pero anticlerical.

Le encontraba a la Virgen una similitud muy grande con una Miss Universo y se ponía a reflexionar qué haría si se le apareciera desnuda; también se robaba unas revistas Play Boy y tuvo la mala idea de confesarse con un sacerdote sobre ese robo y la consecuente masturbación.

“Hay una insatisfacción profunda a lo que te están ofreciendo desde muy pequeño y tú sientes que no estás integrado a la oferta social”.

A los 15 años conocería al anti-poeta Nicanor Parra, escapando constantemente del colegio para hablar con él. Fue durante exilio político de su familia, que sin duda lo define, que Nicanor lo convirtió en uno de sus fotógrafos para unos retratos en un libro: le compró los rollos y todo lo que hacía falta, haciendo que el inicio de su carrera como fotógrafo fuera de la máxima trascendencia.

Ya después aprendería a lavar pocetas con Cruz-Díez. En esta experiencia en París Nelson resalta lavar pinceles y brochas no sólo porque le daría la dimensión de un oficio, sino que le daría un foco para su propia escuela -jóvenes exorcizando las vanidades del arte-.

Explica que el famoso Carlos Cruz-Díez era tan buen maestro que fácilmente él podría ser la antítesis de su obra. Un maestro que genera copias o remedos de sí mismo no es un buen maestro. Las diferencias de estilos con lo pulcro -del arte cinético, de una gran exactitud geométrica del maestro- es evidente, pero más allá es muy difícil encontrar una inquietud o una pregunta similar.

Nos imaginamos el regreso de Nelson a Caracas como un torrente que buscaba su desembocadura para fabricar la historia de los cambios: nos habla del marxismos, de militar en la izquierda, de sus primeras memorias de la religiosidad popular y luego entendemos que empezó a desencajarse de todo, entendiendo el absurdo que era tomarse el Estado, y sin necesidad de nombrarse o agremiarse en esa primera etapa, encontró una forma de proceder con propio código anarquista para su contexto -para el caso, lo popular ligado a una cierta espiritualidad, a un folclor y a una artesanía o artefactos-.

Recuerda como en esa época de universidad y de dogmas de la racionalidad marxista presenció a un niño curado en segundos del mal de ojo por una bruja y decidió que tendría que también dejar de creer en el racionalismo de sus camaradas.

Ya en el 2019 Caracas es una ciudad de cortes de agua, de apagones, de interrupción del Metro, de una gran inflación. Nelson habla de las carencias, de la ausencia de trabajos fotográficos de los que dependían sus ingresos y la ausencia de compradores de arte que explica por qué otros artistas están quebrados, pero explica que la forma en que los artistas y un movimiento cultural vibrante está lidiando con la crisis es con una tremenda recursividad para “hacer mucho con poco”, cuando se tuvo una época donde se estaba “haciendo poco con mucho”.

“Yo de aquí no me voy. Aunque esté al pedo. Para mí aquí hay un sentido, yo tengo un sentido, vivir aquí, y hago una obra en función de un sentido, yo no me puedo ir para otra parte donde no tenga sentido (…)”

Nelson se sitúa en una periferia para no dejarse domesticar, reclama una exclusión porque no quiere ser incluido en algo en lo que no cree. En ese espacio cifrado como periferia estaremos por no encajar -en algún momento o durante un momento- con su carcajada fácil, desde su sonrisa.

Fuentes:

  • Entrevista en septiembre de 2019 a Nelson Garrido en Caracas.
  • Visita a ONG Caracas septiembre de 2019.
  • Entrevista a Juan Toro en septiembre de 2019 en Caracas.
  • Entrevista a Miguel Von Dangel en septiembre de 2019 en Caracas.
  • Entrevista a la agrupación Agente Extraño en septiembre de 2019 en Caracas.
  • Tomado el 5 de octubre de 2019 de: https://elpais.com/cultura/2013/05/02/actualidad/1367496133_266782.html

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