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El hambre se aprovechó de la pandemia para crecer en el mundo

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Se estima que el año pasado padeció subalimentación cerca del 9,9 % de la población total, frente al 8,4 % registrado en 2019. 

No menos de 3 000 millones de adultos y niños seguían sin poder acceder a dietas saludables, en gran parte a causa de los costos excesivos. Foto: pexels-vlada-karpovich-3958189

Las Naciones Unidas, a través de su informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, reveló que el hambre mundial empeoró de forma exponencial en 2020, y es probable que ello se deba en gran parte a la repercusión de la enfermedad por coronavirus (COVID-19).  

Sin embargo, aunque todavía no se ha cartografiado por completo el impacto de la pandemia, en un informe preparado por varios organismos se estima que el año pasado estaba subalimentada cerca de la décima parte de la población mundial, lo cual puede suponer hasta 811 millones de personas. La cifra es indicio de que será preciso un esfuerzo tremendo para que el mundo cumpla su promesa de poner fin al hambre para 2030. 

Ya a mediados del decenio de 2010, el hambre había empezado a aumentar sigilosamente, frustrando las esperanzas de una disminución irreversible. Resulta perturbador que en 2020 el hambre se disparara en términos tanto absolutos como relativos, superando al crecimiento demográfico: se estima que el año pasado padeció subalimentación cerca del 9,9 % de la población total, frente al 8,4 % registrado en 2019. 

Con independencia de si se toma el valor más bajo, el medio o el más alto del rango, es considerable el aumento anual con respecto a la cifra media del rango en 2019, que ascendía a 650 millones. Si se toma el nivel más alto, este aumento se eleva a una cifra enorme, de 161 millones de personas. (La serie histórica completa se revisa anualmente en función de los datos nuevos). 

 “Lamentablemente, la pandemia sigue revelando deficiencias en nuestros sistemas alimentarios que amenazan la vida y los medios de subsistencia de personas de todo el mundo”, afirman en el Prólogo de este año los jefes de los cinco organismos de las Naciones Unidas. En ediciones anteriores del informe, ya se había avisado al mundo de que estaba en juego la seguridad alimentaria de millones de personas, entre ellas muchos niños. 

Igualmente, advierten de una “coyuntura crítica” al tiempo que depositan nuevas esperanzas en el incremento del impulso diplomático. “El año en curso ofrece una oportunidad singular de promover la seguridad alimentaria y la nutrición mediante la transformación de los sistemas alimentarios”, añaden los cinco jefes. 

De otra parte, el año 2020 también fue sombrío en relación con otras mediciones. Globalmente, más de 2 300 millones de personas (el 30 % de la población mundial) carecieron de acceso a alimentos adecuados durante todo el año; este indicador, conocido como prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave, se disparó en un año tanto como en los cinco años anteriores combinados. La desigualdad de género se agudizó: en 2020, por cada 10 hombres que padecían inseguridad alimentaria, había 11 mujeres que la padecían (frente a 10,6 en 2019). 

También, destaca el Informe, más de la mitad de la población subalimentada (418 millones de personas) vive en Asia; más de un tercio (282 millones) vive en África, y una proporción inferior (60 millones) vive en América Latina y el Caribe. Sin embargo, el aumento más acusado del hambre se registró en África, donde la prevalencia estimada de la subalimentación (21 % de la población) supera en más del doble a la de cualquier otra región. 

Asimismo, persistió la malnutrición en todas sus formas, que se cobró un precio alto entre los niños: se estima que en 2020 más de 149 millones de menores de cinco años padecieron retraso del crecimiento (su estatura era demasiado baja para su edad); más de 45 millones padecieron emaciación (su delgadez era excesiva para su altura), y casi 39 millones sufrieron sobrepeso.  

Además, no menos de 3 000 millones de adultos y niños seguían sin poder acceder a dietas saludables, en gran parte a causa de los costos excesivos. Casi un tercio de las mujeres en edad reproductiva padece anemia; y a escala mundial, pese a los avances en algunos aspectos (por ejemplo, se alimenta a más niños pequeños exclusivamente con leche materna), el mundo no va camino de cumplir para 2030 las metas correspondientes a ninguno de los indicadores en materia de nutrición. 

Finalmente, indican los organismos de la ONU, la transformación de los sistemas alimentarios es esencial para lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y poner las dietas saludables al alcance de todos.  

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