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El nuevo paradigma de las ciudades circulares

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El nuevo paradigma de las ciudades circulares
Las ciudades están llamadas a ser el punto de encuentro ideal para los cuatro pilares del modelo circular. Foto: Inspire 2-17. Moneton. James Mann, 2017. Creative Commons

Por Marcos Daniel Pineda García

Hace poco leí una frase del economista británico, Nicholas Stern: “el futuro del planeta nos lo jugamos en las ciudades”. ¡Muy cierto! De las 7.700 millones de personas que vivimos en el planeta, el 55 % está en las ciudades, según reportes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). No es extraño entonces, que en las ciudades se concentre el mayor consumo de recursos naturales, los más crecientes índices de producción de residuos y las más altas emisiones de gases de efecto invernadero.

Mucho hemos visto y leído sobre la necesidad de implementar acciones sostenibles inmediatas para compensar la explotación del ambiente y contrarrestar el cambio climático, a riesgo de acercamos a un punto de no retorno, en el que los esfuerzos serían tardíos y la deuda que tenemos con el planeta llegaría para cobrarnos con intereses los milenios de desgaste natural sin pensar en el futuro.

La historia nos ha presentado la oportunidad de hacer posible un cambio sistemático de paradigmas desde el interior de las ciudades, a partir de la economía circular, un novedoso concepto que propone sustituir el modelo lineal actual de fabricar-consumir-desechar, por el enfoque Multi-R: Repensar-Rediseñar-Refabricar-Reparar-Redistribuir-Reducir-Reutilizar-Reciclar-Recuperar Energía. Esto es, en palabras más sencillas, hacer de la producción un ciclo cerrado para permitir el flujo permanente de los recursos naturales.

Para que una ciudad haga la transición y se convierta en circular, es fundamental el uso de energías limpias, sistematizar sus procesos haciendo uso de las nuevas tecnologías, implementar huertos urbanos, diseñar entornos que faciliten el uso eficiente de los recursos naturales y sean amigables con la reutilización, hacer uso de materiales reciclados, entre muchos otros aspectos necesarios. Sin embargo, lo que realmente importa y verdaderamente hace la diferencia, es lo que los expertos en el tema han denominado la Cuádruple Hélice, que no es otra cosa que la participación multidimensional y armónica de academia, gobierno, sociedad civil y empresa privada.

Las ciudades están llamadas a ser el punto de encuentro ideal para los cuatro pilares del modelo circular. Por ejemplo: pensemos en una ciudad en transición como un entorno que propicia un emprendimiento privado de fabricación de productos circulares, una iniciativa que necesita de la financiación del gobierno, pero para funcionar adecuadamente, también requiere que los ciudadanos le devuelvan los productos una vez utilizados y estos, a su vez, adquieren este hábito gracias a que en las instituciones educativas, les enseñan la importancia de no generar desperdicios. Es un ciclo cerrado, como en la naturaleza.

El nuevo paradigma de las ciudades circulares
La ciudad de Austin, Texas (EE.UU.) tiene una vigorosa política de economía circular. Foto: Megan Markham/Unsplash

El mundo cuenta ya con una Red de Ciudades Circulares, de la que hacen parte las ciudades que están trabajando sobre una visión de sostenibilidad y han implementado las primeras iniciativas para dar el paso hacia la circularidad, convirtiéndose en una referencia para el resto. Tal es el caso de París, Singapur, Ámsterdam, San Francisco, Londres, Milán y Seúl, entre otras. Según la división de Medio Ambiente de la ONU, una ciudad circular podría reducir más del 90 % tanto su producción de residuos industriales como sus emisiones.

En nuestro contexto regional, aún estamos muy lejos de aplicar este modelo. En América Latina y el Caribe estamos todavía en el proceso de consolidar las políticas de bienestar en las ciudades, para satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos y minimizar la vulnerabilidad urbana. Sin embargo, no es una utopía pensar que en los próximos años podríamos avanzar hacia un modelo económico más amigable con el ambiente, que asegure la estabilidad de las futuras generaciones.

Desde nuestra realidad y con la participación de todos, podemos empezar a prepararnos para lo que vendrá. Necesitamos trabajar juntos para construir mejores ciudades y enseñarles a nuestros hijos a hacerlo también, cuando sea su turno.

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