Las emociones e incluso los razonamientos que en un día normal vivimos en los equipos de trabajo, suben y bajan de forma impresionante e impredecible, todas y todos identificamos momentos en los que el estrés o la ansiedad nos tienen al borde de nuestra capacidad emocional e intelectual, pero también identificamos momentos en los que hay calma, concentración y mediación.

Estos movimientos los podemos identificar como una marea lógico emocional que va desplazándose de acuerdo con los retos que vamos atendiendo y se presentan. Habrá ocasiones en los que, además, se presentarán situaciones inesperadas que alteran esa marea lógico emocional de forma abrupta, llevando al límite lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos. Tocando líneas muy delgadas entre lo que podemos manejar y lo que nos rebasa a nivel personal. Poniendo en juego nuestra capacidad de identificación, conocimiento y auto regulación emocional, intelectual y estratégica.

Cuando eso pasa, en algunas ocasiones o situaciones, hemos normalizado que se

“abra la oportunidad a la respuesta bajo presión, bajo estrés, bajo alto nivel emocional, que en ocasiones se -nos escapa de las manos- o que -no estábamos pensando con claridad- teniendo como desenlace con alta probabilidad una respuesta violenta normalizada y peor aún validada o aceptada”,

como, por ejemplo:

  • “Que no puedes hacerlo bien, no piensas”
  • “Hay algo que no hagas mal”
  • “Tenías que ser tú, otra vez”
  • “No entiendo como lograste entrar aquí”
  • “En serio que tu capacidad de equivocarte no me deja de sorprender”

Y muchas más, sensibles y agresivas, que no es necesario replicar aquí.

El punto clave, es que nada justifica una respuesta “de momento”, de “estaba fuera de mí”, de “cómo esperabas que respondiera”, de “siempre es lo mismo, que esperabas” o de “perdón, pero es que lo provocaste en el fondo de mi corazón”.

Cuando eso sucede, estamos evidenciando tres cosas principalmente:

  1. Que hemos normalizado el cruzar esos límites de violencia que, ninguna situación bajo estrés o lo que sea, se justifica.
  2. Que necesitamos trabajar en un mejor marco de comunicación, mediación y colaboración con el equipo.
  3. Que necesitamos establecer límites claros en las relaciones personales, para salvaguardar el respeto, el cual de ninguna forma es negociable.

Una mala cara, una mala frase, no devolver un saludo o incluso no otorgarlo, responder abruptamente o no hacerlo, son formas de micro violencias que además van fortaleciendo la escalada de violencia a otro tipo de respuestas y agresiones más hirientes, aumentando el umbral de normalización de la violencia.

En un entorno en donde se debe privilegiar el compartir, comunicar, escuchar, apoyar, sumar, crecer, todas y todos somos responsables de lograrlo, de promover conductas, espacios, formas y maneras de que aún bajo el estrés propio del trabajo, logramos tener y encontrar relaciones que nos fortalezcan ante los desafíos y no que nos debiliten.

Y esto es tarea de todas y todos por igual y en todo momento, la cultura organizacional la hacemos todos al mismo tiempo, no unos, no otros, no alguien, todas y todos en nuestras respuestas, interacciones y acuerdos, fortalecemos el tipo de organización que somos y podemos ser.

Pero por sobre todas las cosas, recordemos que el respeto es la base de todo, y que es nuestra tarea promoverlo, hacerlo valor y fortalecerlo, cerrando la puerta a esas micro violencias tan normalizadas y aparentemente tal de día a día.

Recuerda que en ResilienciaOrganizacional.org contamos con la experiencia, recursos y mecanismos para fortalecerte en y a tu organización.

 

Fernando Hernández Avilés / Presidente de Resiliencia Organizacional

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