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El Valle del Cauca y su anhelo de ver regresar el tren

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Este miércoles se registró en la ciudad de Cali un evento que representa un avance importante y, en cierta medida, una bocanada de esperanza para el futuro de la movilidad férrea en el departamento del Valle del Cauca.

La gobernadora Clara Luz Roldán y los alcaldes de Cali, Palmira, Yumbo y Jamundí  firmaron un convenio interadministrativo que permitirá crear la gobernanza transitoria del Tren de Cercanías.

El Tren de Cercanías es un proyecto de movilidad urbana para la Ciudad Región que, articulado al Corredor Verde de Cali, propone soluciones en el transporte de pasajeros y el mejoramiento en la calidad de vida, además de generar nuevo espacio público en los municipios ya referenciados.

Este proyecto está compuesto por un sistema de transporte masivo sobre la antigua vía férrea con 65 km, una ciclorruta de 23 km articulada al sistema de transporte férreo y también equipamientos y espacio público de calidad por cerca de 1.2 millones de metros cuadrados.

El Valle del Cauca ya tuvo tren en el pasado. Vale la pena hacer historia con lo que fue en su momento el Ferrocarril del Pacífico. Como una manera de responder a las necesidades en ese entonces de los empresarios del Valle del Cauca, la obra fue aprobada por el Gobierno nacional en 1872 e inició su construcción en 1878. El proyecto se vio suspendido y casi abandonado por las distintas confrontaciones civiles sufridas en el país, siendo la más grave la guerra de los mil días. Solo en 1905 el tren se puso en funcionamiento y llegó a Dagua, en 1914 llegó a Yumbo y en 1915 a Cali. En 1918 avanzó a Palmira y en 1922 a Buga, con prolongaciones de Cali a Guachinte y Buenos Aires (Cauca).

Señalan los historiadores que la “extensión del Ferrocarril del Pacífico al norte del departamento contribuyó en gran medida al fortalecimiento del comercio exterior por Buenaventura. Representó un símbolo de progreso, así como un elemento que causaría un crecimiento demográfico, sobre todo de los municipios productores de café en el norte del Valle”.

Pero luego, en la segunda mitad del siglo XX, todos los sistemas ferroviarios en Colombia empezaron a languidecer. Historiadores y expertos han culpado de la desaparición del ferrocarril a la burocracia y también a la presión de los transportadores por carretera para que desapareciera una competencia con mejores precios y seguridad. Este último argumento tiene todo el sentido, toda vez que, a partir de la década del 60, en Colombia se extendió el pavimento y se autorizó la importación de tractomulas. Simultáneamente, la inversión ferroviaria y el mantenimiento de vías de esta clase y equipos disminuyeron. Esta agonía de los ferrocarriles tuvo su estocada final con la decisión del Gobierno nacional de liquidar los Ferrocarriles Nacionales.

Ahora el Valle del Cauca quiere recuperar, en otro tiempo y con otras connotaciones, el tren. A este proyecto, el Gobierno Nacional, a través del Fondo Nacional de Desarrollo del Ministerio de Hacienda, anunció la cofinanciación de los estudios de factibilidad con una inversión de $20 mil millones. Esos recursos se suman a los 2 mil millones de pesos que aportará la Gobernación del Valle, 2 mil millones de la Alcaldía de Cali, mil millones de la Alcaldía de Jamundí y los 10 mil millones restantes que aportará el Fondo de Prosperidad del Gobierno Británico.

En este arranque, el proyecto contará con la secretaría técnica de ProPacífico, entidad de carácter privado creada en el Valle para la promoción y el desarrollo de la región. ProPacífico apoyará a los entes territoriales en la coordinación de acciones para el desarrollo de la gerencia transitoria del proyecto férreo, mientras se crea un ente gestor del tren y la Autoridad Regional de Transporte, ART.

Parece que todos los actores involucrados están poniendo lo que les corresponde, con compromiso y seriedad, para que este proyecto sea una realidad. Ojalá se pueda materializar en beneficio de los vallecaucanos. Sin duda, Colombia necesita más proyectos de transporte sostenible y de alta capacidad.

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