¿Te has sentido incómoda o incómodo al hablar o expresar tus emociones en el trabajo?, incluso, recuerdas alguna ocasión donde hayas identificado que hablar de tus emociones te hizo sentir observada/o, o juzgada/o.

Veámoslo con mayor distancia, a veces el trabajo diario pareciera tener su propio ritmo, su propio momento, escenario, tramas, dinámicas y actores, y en muchas ocasiones los temas relacionados con la salud emocional en el trabajo, se pierden, apagan o acallan bajo ese ritmo y dinámica.

El que suceda esto, no es casual, ya que por un lado, el ritmo tan acelerado y despersonalizado en ocasiones puede inhibir la identificación, sensibilización y expresión emocional, hasta que desfogue en etapas o momentos posteriores a la “acción”. O por otro lado, puede ser que se haya normalizado que la expresión y mediación de emociones en el trabajo no son precisamente bien vistas, recibidas o aceptadas en medio de la acción cotidiana.

Y pensaríamos, no hay una acción consciente o validada de las y los colaboradores que mantengan o justifiquen este tipo de escenarios en el trabajo, pero lo real es que sí, si hay conductas, pensamientos, creencias y expectativas sobre el ¿cómo debe comportarse y manejarse la parte emocional de la gente el trabajo?, aún y cuando no se hable abiertamente del tema.

Esto es, si hay una norma, pre aceptada y válida, respecto a lo que sí se puede decir, expresar, escuchar y fomentar en la parte emocional, y esa norma, no precisamente la dicta la empresa, aunque es probable que tampoco genere espacios y oportunidades para discutirla. Esa norma la dictan y mantienen las personas de la empresa. Que a la postre se sumará a la cultura organizacional.

¿Por qué es importante identificar esto?, porque es probable que el hablar de la salud emocional, tenga una fuerte carga de prejuicios y creencias que al no tener espacio de diálogo, crea estigmas en las personas, lo que a su vez reforzará lo que está bien o no expresar de las emociones.

Y aunque puede sonar catastrófico, las creencias, los estigmas y las conductas relacionadas a ello, si impactan favorable o desfavorablemente en la salud de las personas, y ya no sólo físicamente, sino también emocionalmente.

Por eso puede ser que se normalice el que haya personas que se sientan incómodas o incomprendidas afectivamente en un grupo, y otras personas que se sientan en la posición de validar y normalizar qué sí, y qué no es válido en el umbral afectivo de los equipos de trabajo. Pero a la postre no se trata de culpables, sino con toda probabilidad de víctimas de una cultura social en donde la expresión y el diálogo sobre cómo nos sentimos, se asocia con debilidad, fragilidad, falta de recursos o problemas personales.

Cuando lo realmente clave de esto, es romper los estereotipos, paradigmas y estrategias de abordaje de un tema tan universal y humano, pero tan complejo y sensible, como la expresión de cómo me siento en mi vida, trabajo y relaciones diarias.

¿Qué podemos hacer para cambiar?

Te dejo un fuerte abrazo,

Fernando Hernández Avilés / Presidente ResilienciaOrganizacional.org

Twitter: @generacambios / (+521) 559191-9292

Foto de Andrea Piacquadio: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-un-hombre-sentado-cerca-de-la-ventana-846747/