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Sobre Facebook, Google, Inteligencia Artificial y otros demonios urbanos

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Estas herramientas están al alcance de todos, las usamos diariamente, pero poco sabemos sobre su funcionamiento, impacto e influencia.

Facebook

Autor: Juan Pablo López Cortés

Es posible que para el 2018 existan 2 mil millones de personas conectadas a través de Facebook, esto significa que aproximadamente el 30% de los habitantes de la tierra tendría un perfil en esta red social.

Su creador y Director Ejecutivo Mark Zuckerberg no solo encabeza las listas de las personas más ricas e influyentes en el área tecnológica, sino que además ha logrado consolidar el mecanismo más poderoso de recolección y almacenamiento de datos personales en el mundo.

Cuando creas una cuenta en Facebook estas compartiendo información sobre tu ubicación, perfil demográfico, preferencias comerciales, información financiera, corrientes políticas, gustos personales y ahora hasta sensaciones.

Así mismo Google, el gigante da la tecnología digital, almacena millones de datos día tras día y ha logrado establecerse como la herramienta indispensable de uso diario de las personas. Pero ¿Cómo funcionan estas empresas? ¿Cuál es su modelo de negocio? ¿Cómo lograron cautivarnos tan poderosamente?

Tanto Google como Facebook, y muchas otras herramientas tecnológicas, utilizan un modelo de negocio conocido como Freemium, esto quiere decir que ofrecen unos servicios completamente gratuitos y otros por los que tienes que pagar. Con la plataforma gratuita como el buscador de Google o el correo de Gmail, atraen una masa cuantiosa, y generan una dinámica de tráfico que tiene un crecimiento exponencial.

Logrado lo anterior, empiezan a ofrecer sus productos premium, como capacidad extra de almacenamiento, cuentas corporativas y lo más interesante aún: la pauta comercial. Con la cantidad de datos que han almacenado pueden segmentar los mercados con un detalle minucioso, ofreciendo al cliente una alta probabilidad de que su anuncio impacte al nicho de mercado esperado.

Esto explica por qué, cuando estás pensando hacer un viaje e ingresas a tu cuenta de Facebook, los anuncios comerciales están completamente relacionados con tiquetes, alojamiento y planes turísticos de los sitios que tienes en mente, aún sin que se los hubieras comentado con a nadie.

Entonces se crea una espiral que va creciendo, aumentando no solamente los ingresos económicos de estas plataformas, sino también su poder e influencia sobre el mismo mercado. En algunas ocasiones se encuentran completamente saturadas de anuncios comerciales y lo que es más grave aún, de noticias falsas, las cuales en plena era de la posverdad aprovechan el gigante tráfico para generar reacciones en masa.

Todo esto es posible hacerlo con desarrollos tecnológicos avanzados en Inteligencia Artificial, término que está muy de moda por estos días. La Inteligencia Artificial (IA) es una línea del desarrollo tecnológico que busca generar autonomía en las máquinas, un ejemplo básico es el tradicional juego de ajedrez contra el ordenador, el código instaurado en el mismo logra que tu computador pueda hacer sus movidas de acuerdo con tus jugadas previas.

Sin embargo, la IA puede tener alcances e impactos aún no imaginados, hace unas pocas semanas conocimos la noticia sobre unos robots creados por Facebook, que habrían desarrollado su propio lenguaje y debieron ser desconectados, lo que revivió un debate sobre las consecuencias que podría traer la Inteligencia Artificial sobre la humanidad. Por ejemplo, la empresa rusa Kalashnikov famosa por la invención del fusil AK47, tiene un proyecto para construir máquinas autónomas que podrían tomar decisiones al momento de disparar.

No es el propósito de esta columna, ni mucho menos, satanizar Facebook, Google o cualquiera de las plataformas que hacen parte de la llamada Inteligencia Social. Sino por el contrario compartir un principio de conocimiento y generar unos cuestionamientos que alimenten el debate y generen conciencia sobre lo que está pasando en el mundo. Estas herramientas están al alcance de todos, las usamos diariamente, pero poco sabemos sobre su funcionamiento, impacto e influencia.

Tal y como Carl Sagan sentenció en su libro “El Mundo y sus demonios” en un pasaje que llamó “Un presagio de la época de mis nietos”: “cuando los increíbles poderes tecnológicos estén en manos de muy pocos, y nadie que represente el interés público pueda si quiera comprender los problemas; cuando la gente haya perdido la capacidad de establecer sus propias agendas o cuestionar sabiamente a los que tienen autoridad; cuando, abrazados a nuestras bolas de cristal y consultando nerviosamente nuestros horóscopos, con nuestras facultades críticas en declive, incapaces de distinguir entre lo que se siente bien y lo que es verdad, nos deslicemos de vuelta, casi sin darnos cuenta, en la superstición y la oscuridad”.

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