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El costo de vida de los colombianos ha aumentado significativamente en los últimos meses. Son muchos los que hoy nos quejamos del costo de los bienes que compramos y los servicios que pagamos. Por un lado, la cifra de inflación de 2021 fue de 5,62%, 4 puntos porcentuales más que en 2020. Por otro lado, el dólar alcanzó esta semana los $4.084,11 y el peso colombiano está entre las monedas más devaluadas del mundo. Aunque son múltiples los factores que inciden en la variación de estas variables macroeconómica, incluyendo factores de índole global, lo cierto es que el Banco de la República y el gobierno se han demorado en responder de manera contundente.

El pasado 5 de enero el DANE dio a conocer la cifra del Índice de Precios al Consumidor-IPC del 2021, índice que mide la evolución del costo promedio de la canasta básica de los hogares en Colombia. Por su parte, a la variación porcentual del IPC en dos periodos dados se le llama inflación. Aunque el gobierno ha mantenido una proyección histórica de entre 3% y 5% para la inflación, dado el contexto actual se presentó una cifra que no se veía desde 2016. Lo relevante del caso es que este dato se toma como referencia para ajustar el salario mínimo, peajes y multas, arriendos, SOAT y cuotas de EPS, entre otros.

Los sectores que más aportaron al incremento de este dato fueron alimentos y bebidas no alcohólicas, seguido de alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles, y restaurantes y hoteles. Esto es, sin duda, reflejo de las estrategias de reactivación económica que han generado una mayor demanda de bienes y servicios, impulsado el consumo y el turismo, en particular.

A un nivel más micro, respecto al consumo de alimentos en los hogares, que aportó casi la mitad de la inflación total, la papa (111%), la carne de res (33,03%) y la leche (12,79%) fueron los productos que más aumentaron de precio. En cuanto al IPC en las ciudades, Santa Marta (8,99%) tuvo la mayor variación, mientras que Tunja (5,09%) tuvo la menor. Sincelejo también estuvo al final de la cola, alcanzando una inflación de 5,40%, por debajo de la media nacional que se ubicó en 5,62%. Como era de esperarse, el alza de precios en la canasta básica impactó, en mayor proporción, a los más vulnerables, con un IPC de 6,85%, mientras que para los de ingreso alto la inflación alcanzó un 4,39%.

Si bien a inflación de 2021 es resultado del panorama actual de pandemia, las restricciones en materia de producción de alimentos, el alto costo de los insumos y problemas en el sector de comercio exterior y logística a nivel global que se vieron reflejados en la baja disponibilidad de contenedores, además de la devaluación del peso y el paro a un nivel más local, se espera que en 2022 continúe esta misma tendencia al alza. Este alto costo de vida es una preocupación porque el bolsillo de los colombianos está tocando fondo, aunque se espera que el aumento del salario mínimo mejore el poder adquisitivo de algunos colombianos.

El llamado al gobierno es a actuar. Entre los frentes en los que puede incidir de manera inmediata está el de aumentar las tasas de interés para reducir la demanda y con ello los precios, así como intervenir la tasa de cambio y mejorar el régimen impositivo para las empresas nacionales y así evitar que los costos se traduzcan al consumidor. Finalmente, hay una tarea pendiente y es la de mejorar la productividad nacional para ser verdaderamente competitivos a nivel global.