Huertas urbanas: la esperanza verde de las ciudades latinoamericanas

LA Network - Equipo editorial
29 abril, 2018 - Ecología Urbana

Las ciudades de Latinoamérica tienen un claro origen y fuerte vínculo con la ruralidad de sus países: de allí que las huertas urbanas y otros sistemas de cultivo son hoy espacios de sostenibilidad, pero también de encuentro ciudadano.

Ciudad de México, Medellín o Buenos Aires. En cementerios, parques, techos, patios de casas o espacios públicos. Tradicionales o producto de la innovación.

Así son las huertas urbanas en las ciudades de Latinoamérica, que además de combatir la inseguridad alimentaria y aportar en el cuidado del medio ambiente -a través de la educación y con buenas prácticas de compostaje-; entre otros beneficios por ejemplo; también son un espacio de encuentro para los ciudadanos.

Un espacio que con cada planta sembrada o cada fruto recogido, va tejiendo distintos lazos que los reúne, todos unidos de una manera u otra desde las ciudades, por lo rural, por el campo.

“A través de la siembra reconocemos nuestra historia. De ahí que no hay  quien haya crecido en Latinoamérica, y al ver una planta no recuerde a sus abuelos, a sus ancestros, a personas que fueron desplazadas por la violencia”, dice Aka, artista del género hip-hop en la Comuna 13 de Medellín y uno de los fundadores de AgroArte; colectivo que practica lo que llaman ‘Hip-hop agrario’ desde hace 16 años, gracias al legado que les entregaron siete mujeres de su comunidad quienes les formaron como agricultores.

“El hip -hop es calle y debajo de la calle hay tierra y esa tierra es nuestra historia, tiene nuestra memoria, nuestra lucha”, afirma Aka sobre su origen como hijos de los territorios y barrios informales de Medellín, creados desde los años 50 por desplazados del campo por las difíciles condiciones sociales y económicas, así como por la violencia del conflicto.

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Resistencia y encuentro

Aka y sus compañeros han sembrado con sus comunidades como expresión de resistencia, de resiliencia ante esa violencia -en la Comuna 13 de Medellín hay más de 600 desaparecidos desde los años 90, según el artista y líder-; sino también para fomentar el encuentro entre la gente, para generar tejido social.

Uno de los lugares intervenidos como huerta urbana por Agroarte, también desde expresiones como el grafiti y el muralismo, es el cementerio del barrio San Javier que según Aka, es el primer cementerio “pintado” de Latinoamérica.

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“En las jornadas que hemos hecho allí no solo se fomenta el tejido social, es también un intercambio generacional. El arte atrae a los jóvenes y la agricultura a los adultos y allí se unen”, relata.

Los niños y jóvenes con su curiosidad preguntan qué planta van a sembrar, tal vez una aromática como yerbabuena, o una medicinal como la caléndula. ¿Cuánto tarda en crecer? ¿Tiene flor? ¿Cada cuánto la riego? son algunas de las cuestiones del encuentro, del intercambio campo y ciudad.

Esa unión es no solo un diálogo generacional y de intercambio de saberes, sino como lo indica el líder comunitario, una apropiación del territorio, un espacio de formación en agricultura y de recordación de sus muertos, en el caso de AgroArte.

Ciudades unidas por los huertos

Ese tipo de encuentros también se vive en Ciudad de México donde sembrados comunitarios y distintos programas de gobierno tienen como excusas las huertas urbanas. Un ejemplo de ello es Mujer de Huerto que, a través del encuentro en talleres sobre agricultura urbana, empodera a las mujeres de la tercera edad, amas de casa, mujeres con alguna discapacidad, madres solteras y cabeza de hogar; para consolidar sus economías y fomentar la seguridad alimentaria, así como una alimentación sostenible en los hogares.

Otro programa es Alcánzame, también de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) de la capital mexicana, que une la bicicleta y las huertas urbanas como estrategia de educación ambiental ‘sobre ruedas’ en la que en medio de recorridos se hace un alto para capacitar y enseñar sobre el cultivo de alimentos.

Semillas, compostaje y demás temas alrededor de las huertas es un lenguaje que une a los latinoamericanos y eso ocurre en distintos acentos: colombiano, mexicano y claro, argentino.

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Allí, en la ciudad de Buenos Aires existe una gran Red de Huertas Urbanas Comunitarias que une a huerteros de todo el territorio fomentando el encuentro entre personas interesadas en el medio ambiente, la seguridad alimentaria y claramente, la alimentación saludable.

“Estos encuentros se dan por toda Latinoamérica y son importantes. Muchas de las nuevas generaciones que están creciendo en Medellín y en el mundo creen que la leche viene de la nevera, eso es alejarnos mucho de la realidad, que todo sea muy fácil”, advierte Aka como una breve declaración para recordar a los jóvenes de las ciudades el vínculo intrínseco de la urbe con el campo.

Aquí y allá, las huertas urbanas en las ciudades de Latinoamérica son vínculo con el campo, aporte al medio ambiente y calidad del aire, cultura de la autonomía alimentaria y comida saludable; pero sobre todo, son la excusa para que los ciudadanos se encuentren, un espacio democrático que junta frente a una pequeña maceta y un nuevo retoño, la diversidad de nuestras ciudades, la esperanza verde de la sostenibilidad en medio del concreto.