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Invertir en las mujeres y las niñas: cómo pueden los Gobiernos impulsar una recuperación inclusiva

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Latinoamérica hace un llamado urgente para el Mejoramiento Integral de Barrios como respuesta a la crisis urbana y sanitaria
Participantes del proyecto Graduación del Departamento de Trabajo y Empleo hacen un balance de la producción en Murcia, Filipinas. Fotografía: © BRAC 2020.

Por Hana Brixi y Lindsay Coates

Antes de la pandemia de COVID-19 (coronavirus), muchos países estaban logrando avances significativos en materia de capital humano, mejorando los resultados de las niñas y las mujeres en salud y educación, y empoderando a las mujeres para que pudieran desarrollar su potencial. La versión actualizada del Índice de Capital Humano 2020 (i) del Banco Mundial reveló un aumento promedio del 5 % en dicho índice de los países en general entre 2010 y marzo de 2020.

Actualmente, la pandemia y sus efectos negativos en el mercado, la salud y los sistemas educativos ponen en peligro estos avances: 25 años de logros en materia de desarrollo han comenzado a deshacerse en el lapso de 25 semanas (i). Las conmociones económicas han perjudicado de manera desproporcionada a quienes ya son vulnerables, amenazando con empujar a otros 47 millones de mujeres y niñas a la pobreza extrema. Las mujeres son más propensas a trabajar en la economía informal, por lo que muchas de ellas no pueden acceder a programas de protección social esenciales, sobre todo en los países en desarrollo. Las mujeres también soportan una mayor carga relacionada con las tareas de cuidado no remuneradas en el hogar, y esta brecha ha crecido (PDF, en inglés) durante la COVID-19.

En un contexto en el que la COVID-19 pone en riesgo avances relacionados con el capital humano que se han conseguido con gran esfuerzo en todo el mundo, los Gobiernos, las organizaciones de desarrollo internacionales, la sociedad civil y el sector privado deben unirse con un sentido renovado de solidaridad para brindar apoyo de emergencia con rapidez y eficacia.  Y lo que es aún más importante, se debe adoptar una visión a largo plazo de cómo respaldar a los países en la creación de sistemas inclusivos y resilientes de alimentos y nutrición, salud, educación, protección social, abastecimiento de agua, saneamiento, infraestructura y empleo.

Asimismo, debemos involucrar a líderes y personas influyentes del ámbito local, cuyo liderazgo y mensajes determinan el impacto de las políticas, las reformas y los programas nacionales en las comunidades, e inciden en las normas sociales que afectan las oportunidades de las niñas y las mujeres para desarrollar y utilizar su capital humano.

Crear sistemas de protección social inclusivos y resilientes

Los sistemas de protección social son transformadores a la hora de desarrollar, proteger y aplicar el capital humano de las niñas y las mujeres.  Empoderan a las mujeres brindándoles asistencia y dinero en efectivo para la salud, nutrición y educación de sus hijos, así como recursos y oportunidades económicas para ellas mismas.

Para llegar a las mujeres marginadas, los Gobiernos deben reformular la prestación de servicios del siglo xxi, aprovechando la tecnología digital. Tomemos el ejemplo de las transferencias de los Gobiernos a los particulares. Digitalizando estos pagos con una perspectiva de género, varios Gobiernos nacionales han ampliado su capacidad de brindar asistencia pública a mujeres que anteriormente se encontraban excluidas. En Zambia, el Proyecto de Educación de las Niñas y Empoderamiento y Medios de Subsistencia de las Mujeres (i) tiene como objetivo ampliar el acceso de las adolescentes desfavorecidas a la educación secundaria y de las mujeres al apoyo a los medios subsistencia. En el marco del programa, se proporcionan donaciones digitales que ayudan a las mujeres a crear medios de subsistencia sostenibles. Por ejemplo, Theresa, madre de cinco niños, pudo utilizar la donación para ampliar su huerta, lo que le permitió ofrecer alimentos en la comunidad y abrir una verdulería.

El enfoque del programa Graduación (i) ofrece otra vía para beneficiar a las mujeres más desfavorecidas. Dicho programa, introducido por BRACO en 2002, consiste en un conjunto secuencial de intervenciones mediante el cual se abordan de manera holística las necesidades de las mujeres que viven en la extrema pobreza proporcionándoles una transferencia productiva de fondos, capacitación, apoyo al consumo, orientación y vínculos con los servicios públicos. Apunta específicamente a las mujeres que viven en la pobreza extrema mediante un proceso de varias etapas basado en datos locales y adaptado a las necesidades y capacidades locales, incorporando así a las redes públicas de protección social a poblaciones a las que antes no se podía llegar. En el marco de la Iniciativa de Graduación para los Ultrapobres de BRAC (i) se utilizan procesos de selección de beneficiarios adaptados a las necesidades locales de los Gobiernos y se pueden incluir datos de los registros nacionales, comprobaciones indirectas de medios económicos y clasificaciones participativas de la riqueza comunitaria, todos ellos confirmados por encuestas de verificación para minimizar los errores.

Durante la pandemia de COVID-19, BRAC ha adoptado el enfoque del programa Graduación para mejorar la prestación de servicios a pesar de los riesgos de salud pública y los estrictos confinamientos. En Bangladesh, como parte de la Iniciativa de Graduación para los Ultrapobres se ampliaron las transferencias digitales (i) a los participantes que viven en la pobreza extrema utilizando bKash, la plataforma de dinero móvil del Banco BRAC. Como resultado, más de 51 000 participantes recibieron dinero a través de servicios financieros móviles por primera vez, con lo que se les proporcionó apoyo crítico para hacer frente a la pandemia. En Filipinas, el programa Graduación piloto que el Departamento de Trabajo y Empleo llevó a cabo con el Banco Asiático de Desarrollo y la Iniciativa de Graduación para los Ultrapobres de BRAC se adaptó rápidamente durante el confinamiento utilizando la tecnología digital para conectar a los asesores con los participantes (i) a fin de compartir información sobre salud e higiene y realizar una evaluación diagnóstica rápida (i) para controlar su bienestar.

Reconstruir mejor

La COVID-19 ha asestado un duro golpe al capital humano en todo el mundo, sobre todo en el caso de las mujeres y las niñas.  Los Gobiernos y los actores internacionales pueden mitigar los peores efectos de la pandemia y poner en marcha una recuperación inclusiva reformulando y financiando de manera sostenible y eficiente programas que desarrollen el capital humano. Los Gobiernos deben volver a clasificar los gastos por orden de prioridad tomando como base su impacto en el desarrollo de capital humano, y atraer soluciones privadas. Con apoyo internacional, deben fortalecer los sistemas de prestación de servicios utilizando las tecnologías para contribuir a que los servicios de salud, educación y protección social sean más inclusivos y resilientes. Asimismo, deben involucrarse a nivel local para garantizar que todas las niñas y las mujeres puedan desarrollar y utilizar todo su potencial.

Si bien el camino de la recuperación será largo y difícil, empoderar a las niñas y las mujeres e invertir en ellas permitirá comenzar el viaje de una forma sustentable e inclusiva.

Artículo publicado originalmente en el Blog del Banco Mundial

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