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Ir al baño, una manera de detectar casos de COVID-19 en ciudades desarrolladas

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Estrategia impactaría en el desafío de los casos asintomáticos y sería herramienta para cercar el virus en zonas cada vez más reducidas. Latinoamérica, lejos de implementar la metodología.

Ir al baño, una manera de detectar casos de COVID-19 en ciudades desarrolladas
El condado de New Castle en el estado de Delaware, que realizó pruebas en el mes de abril, pudo establecer que mientras las metodologías epidemiológicas indicaban que en esta comunidad habría en ese momento unas 4 000 personas contagiadas; el análisis de aguas residuales indicaba más de 15 000.

Analizar las aguas residuales de las ciudades se estaría convirtiendo en una importante arma en la lucha contra la COVID-19 que, en todo el mundo, se enfrenta a dos grandes retos: la incertidumbre de las personas asintomáticas y el alto costo monetario y logístico de la realización masiva de pruebas de detección, lo que se neutralizaría a través de este viejo método de detección de enfermedades que ya se usó contra el virus de la poliomielitis.

En otras ocasiones, esta estrategia se ha usado para detectar bacterias resistentes a antibióticos, consumos de drogas ilícitas, de medicamentos y monitorear campañas de vacunación.

Ciudades y regiones de Holanda, España, Reino Unido y Estados Unidos están destinando recursos científicos y económicos para realizar procesos de muestreo, pruebas y modelación con los resultados de los análisis de estas aguas a través de las cuales se podría incluso llegar con alta precisión, a determinar las comunidades de las que provienen los rastros del coronavirus.

¿Pero cómo funciona? Los científicos tienen la capacidad de detectar ARN del virus (rastros de material genético) que las personas han expulsado en sus heces.

Esto ocurre incluso tres días antes de empezar a mostrar los síntomas o en la mencionada condición asintomática, lo que permitiría a las autoridades de salud de las ciudades, anticiparse a tomar medidas epidemiológicas con ventaja de entre una semana y 10 días.

De hecho, el condado de New Castle en el estado de Delaware, que realizó pruebas en el mes de abril, pudo establecer que mientras las metodologías epidemiológicas indicaban que en esta comunidad habría en ese momento unas 4 000 personas contagiadas; el análisis de aguas residuales indicaba más de 15 000.

“Al tomar muestras en diferentes partes de la red de alcantarillado, podemos reducir gradualmente un brote a áreas geográficas más pequeñas, lo que permite a los funcionarios de salud pública enfocar rápidamente las intervenciones en aquellas áreas con mayor riesgo de propagar la infección”, explicó a Smart Water Magazine, el doctor Andrew Singer, integrante del Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido (UKCEH, por sus siglas en inglés).

Justamente en este país el programa de monitoreo de aguas residuales recibió recursos por US$1.262.000 hasta octubre del próximo año y con participación de ocho universidades.

Otro ejemplo es el español, en el que regiones como el Principado de Asturias con más de 1.000.000 de habitantes, a través de su consorcio de aguas y una entidad pública, monitorearán las aguas residuales en las plantas de tratamiento, tanto en la entrada como en la salida para realizar la detección estándar, también para prevenir contagios en los trabajadores de las instalaciones y evitar que la carga de patógenos regrese a los medios naturales.

 

¿Qué posibilidad hay de hacerlo en Latinoamérica?

Por su parte, Birguy Lamizana, experto del Programa de las Naciones Unidad para el Medio Ambiente – PMNU, consideró que la implementación de este tipo de método en países del sur global y en desarrollo, el déficit en gestión de aguas residuales y de residuos sólidos no permitirían esperar iniciativas similares.

“Pero en muchos países en desarrollo, la falta de financiación, regulaciones y conocimiento técnico hace que el proceso de monitoreo sea un desafío, incluso en tiempos normales.  Mientras los estados luchan por conseguir fondos para enfrentar la COVID-19, algunos expertos advierten que el monitoreo de aguas residuales ha quedado de lado”, señaló el experto.

El pesimismo está justificado. Un estudio realizado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) en 15 ciudades del sur global, ‘Sin tratamiento e inseguro: resolviendo el saneamiento urbano. Crisis en el sur global’, y que incluyó a las ciudades latinoamericanas Caracas, Cochabamba, Río de Janeiro y Sao Paulo, así como a Cali; señaló que, en relación con las urbes estudiadas, “en promedio, el 62 % de las aguas residuales y el lodo fecal se maneja de manera insegura en algún lugar de la cadena de servicios de saneamiento”.

Adicionalmente, para el monitoreo del virus de la COVID-19 en las aguas residuales se requiere de las pruebas PCR, las mismas que se desarrollan a través del análisis molecular en las vías respiratorias, y que en distintos momentos o han escaseado o han alcanzado valores demasiado altos para los gobiernos que las han destinado para monitorear su población.

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