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La respuesta de las ciudades ante la crisis. ¿Adaptación o resiliencia?

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La respuesta de las ciudades ante la crisis. ¿Adaptación o resiliencia?
La verdadera resiliencia es cuando salimos fortalecidos de la crisis por la que atravesamos. Esto será un hecho si, después de esta emergencia, revisamos las prácticas que nos llevaron a la situación actual y nos ponemos a trabajar.

Por David Groisman (*) y Agustín Botteron (**)

La amenaza de la COVID-19 comenzó con un brote en Wuhan, China, un lugar remoto al que probablemente no teníamos pensado ir en nuestras vidas. A diferencia de otras amenazas y catástrofes puntuales y/o estáticas -como terremotos, sequías o ataques terroristas- este virus se diseminó a velocidades sin precedentes, producto de la globalización, y generó una pandemia cuyas consecuencias aún hoy se multiplican. Del mismo modo, la capacidad de respuesta de los gobiernos nacionales y subnacionales también se nutrió de la globalización, mayormente de la generación y el intercambio de conocimiento y tecnología. En estos pocos meses hemos aprendido y nos hemos adaptado a esta “nueva normalidad”, pero ¿estamos mejor preparados para la próxima amenaza, sea un virus, el cambio climático u otra cosa?

La pandemia se desparramó por más de 200 países en menos de 90 días, una velocidad solo posible en tiempos de globalización y fuerte tráfico aéreo entre los centros poblados del mundo. Antes de la aparición de la COVID-19 se realizaban más de 120.000 viajes diarios en avión, transportando a más de 12 millones de personas. El nuevo virus llegó a Argentina en marzo y, una vez en nuestro país, se propagó rápidamente por casi todas las provincias, con especial incidencia en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano.

La velocidad es un concepto relativo. El tiempo que parece eterno para algunas actividades, se percibe breve para otras. En tan solo 60 días, en Argentina se fortaleció el sistema de salud y se desarrollaron dos kits diferentes de testeo rápido para la COVID-19. A nivel mundial, se pusieron en marcha cerca de 140 proyectos que buscan desarrollar una vacuna para terminar con la pandemia.

Los cambios culturales tienen también su propia lógica. Hace décadas que el mundo necesita que reduzcamos la cantidad de desechos que generamos, y cambiemos nuestros hábitos de consumo para contener los efectos del cambio climático. Sin embargo, los resultados a la fecha son solo marginales. En contraposición, todos comenzamos a usar barbijo de un día para el otro y hoy resulta extraño ver a alguien en nuestra ciudad que no lo utilice. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué el barbijo sí, y la reducción de residuos no?

En el ámbito de las ciudades, la pandemia trajo cambios y algunos de ellos transcurren con una velocidad nunca vista con anterioridad. Uno de ellos tiene que ver con el conocimiento. Los gobiernos locales rápidamente pudieron aprender sobre lo que pasaba en otras partes del mundo, como las medidas de contención del virus, los protocolos de distanciamiento en comercios, el rediseño de los espacios públicos.

Este aprendizaje no solo sucedió a nivel internacional, sino también dentro de nuestro país. En ciudades como Salta, Córdoba y Jujuy se comenzó a repensar el espacio público y la reactivación de actividades como el turismo y la gastronomía. Otras ciudades intercambian experiencias en torno a las consecuencias del aislamiento, como es el caso de Santa Fe, Rosario, Córdoba y Paraná, donde las medidas de contención de la pandemia provocaron una reducción del corte de boleto que puso en jaque el sistema de transporte público de pasajeros. Es posible que Área Metropolitana de Buenos Aires se beneficie de los aprendizajes y conclusiones de aquellas otras ciudades cuando alcancen una fase de aislamiento más relajada.

La globalización permitió diseminar el virus por todo el mundo en un abrir y cerrar de ojos, pero también posibilitó la cooperación instantánea entre ciudades. Los gobiernos y las personas tuvimos la capacidad de adaptarnos y actuar en muy poco tiempo.

Sin embargo, últimamente empieza a repetirse el interrogante respecto de si estaremos mejor preparados para la próxima pandemia. Un informe reciente del World Wide Fund indica que el riesgo de una nueva enfermedad producto de la interacción entre el humano y la vida silvestre es más alto que nunca y tiene el potencial de causar desastres en la salud, la economía y la seguridad global. Si la capacidad de un virus para irrumpir y llegar a todas las regiones del planeta es cada vez más alta, entonces tenemos que mejorar también la capacidad de cooperar y de aprender unos de otros. No se trata solo de imitar lo que se hizo durante la pandemia, sino también aprender para estar mejor preparados.

La pandemia obligó a los líderes del mundo a transformar sus gobiernos rápidamente. La capacidad de adaptarse, ser flexible, reorganizarse transversalmente y hacerlo en forma integrada con la comunidad muestra la resiliencia de los estados.

Pero también nos dimos cuenta que, algunos países como Alemania y Nueva Zelanda estaban mejor preparados que otros, con sistemas de salud robustos, sus comités de crisis conformados y entrenados, y sus sistemas de información para generar datos listos para ser utilizados.

Es el momento de empezar a prepararse para una nueva pandemia y generar capacidades de resiliencia, en lugar de solo tener velocidad en la adaptación cuando la crisis ya llegó a nuestro territorio. La verdadera resiliencia es cuando salimos fortalecidos de la crisis por la que atravesamos. Esto será un hecho si, después de esta emergencia, revisamos las prácticas que nos llevaron a la situación actual y nos ponemos a trabajar en las próximas políticas públicas sabiendo que, en algún momento, podríamos enfrentarnos a otra gran crisis tan trágica como la actual o más.

(*) Economista, especialista en políticas públicas y resiliencia urbana (Global Resilient Cities Network)

(**) Ingeniero Civil (UTN-FRSF), MS en Ingeniería Civil y Ambiental (Tufts University), especialista en resiliencia urbana (Global Resilient Cities Network)

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