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‘Lágrimas de sirena’: cuando el mar llora

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El problema de los microplásticos o nurdles es grave: está envenenado a los océanos y sus criaturas. Tanto, que una organización realiza una cacería global. Este año entre el 13 y el 22 de marzo, ya van cerca de 3 000 jornadas.

Our Planet: aún estamos a tiempo de salvarlo
Un cazador en las playas australianas de Bonbeach (Melbourne) captura 947 ‘lágrimas de sirena’ en 180 minutos de cacería. En Menorca, España, otro integrante se hace con 1 000 de estas bolitas en tan solo cinco minutos.

Son 230 000 toneladas anuales en el nivel global y en verdad están haciendo que nuestros mares lloren con la misma tristeza que los relatos marineros cuentan que aquellos seres míticos les atraían con su llanto.

Se llaman ‘lágrimas de sirena’, nurdles o pellets;  miden entre 1.0 y 5.0 milímetros, tienen la terrible capacidad de captar en su superficie y por mucho tiempo, decenas de tóxicos; los peces y aves generalmente las confunden con su alimento -debido a su aspecto de huevecillos-, envenándose y contaminando a los humanos que a su vez los consumen; y finalmente ese número de arriba es la cantidad de ellos que se pierden por derrames industriales y que son el origen de esta historia.

Un cazador en las playas australianas de Bonbeach (Melbourne) captura 947 ‘lágrimas de sirena’ en 180 minutos de cacería. En Menorca, España, otro integrante se hace con 1 000 de estas bolitas en tan solo cinco minutos. En Bélgica, en el puerto de Amberes, otro de los voluntarios de la #nurdlehunt o Gran Cacería Global de Nurdles que realiza anualmente la organización Fidra del Reino Unido que lucha contra este problema; halla también cerca de mil ‘lágrimas’, esta vez en 10 minutos.

Este año 2020, desde el sábado 13 y hasta el domingo 22 de marzo, hasta mil voluntarios en distintos países, especialmente de Europa, pese a que el problema sea global; salen a las playas a cazar la mayor cantidad posible de ‘lágrimas de sirena’ y así ayudar en algo a resolver este grave problema de contaminación.

También se unen organizaciones e investigadores como la eXXpedition Round the World que navegará dos años por el mundo arribando a 30 países en su propósito de estudiar la contaminación por plástico en el planeta.

“¡Durante una búsqueda de nurdles en las Azores en noviembre pasado, un equipo de nueve de nosotros encontramos más de 400 en solo 30 minutos! Fue realmente asombroso ya que, a primera vista, la playa de arena se veía limpia y hermosa, solo cuando nos acercamos mucho se reveló la abundancia de nurdles”, dijo a Fidra el líder de la investigación, Winnie Courtene-Jones.

A partir de esas jornadas de caza, Fidra ha creado un mapa de dónde se puede observar los lugares del mundo en los que los nurdle hunts o cazadores, han capturado las tóxicas esferas.

Latinoamérica también contaminada

En lo que a Latinoamérica se refiere, el mapa tiene banderas de cacería en México (dos playas cerca de Chetumal en Quintana Roo) Ecuador (incluso en las Galápagos, Salinas, Cantagallo, San Jacinto y El bejuco), Perú (Lima y Parque Nacional Paracas -donde no se hallaron ‘lágrimas’), Chile (Isla de Pascua, Valparaíso y Copiapó) y Brasil (São Paulo y cerca de Florianópolis).

Según los datos registrados, en las playas de Ecuador donde han realizado capturas, el problema es más impactante pues según la escala establecida por Fidra por metro cuadrado (0 ‘lágrimas’ color verde; 1 a 30, color amarillo; 31 a 100 amarillo oscuro; 101 a 1 000 nurdles, color rojo y más de 1 000 con el color rojo fuerte); de las cinco playas revisadas, tres están en color rojo y dos en rojo fuerte.

México tiene dos playas con bandera roja; Brasil tiene una amarilla y en São Paulo en rojo fuerte, es decir más de 1 000 ‘lágrimas´; Perú una amarilla y otra verde; Chile registra la triste noticia de que la maravillosa y alejada Isla de Pascua, pese a su distancia al continente, registra puntos con más de 1 000 pellets, es decir es una madera rojo fuerte. Además, las playas chilenas restantes, ondean una bandera amarilla y una roja.

Sin embargo, esta invasión de ‘lágrimas de sirena’ no tendrían nada de malo de no ser por la toxicidad química que representan estas esferas de microplásticos.

‘Lágrimas de sirena’: cuando el mar llora
Las “Lágrimas de sirena” o nurdles, están consideradas entre los mayores contaminantes de los océanos en el mundo.

Problema y solución

En primer lugar, ellas contienen los componentes habituales del plástico (polímeros derivados del petróleo), pero adicionalmente su superficie tiene la capacidad de atraer muy intensamente los COP o Contaminantes Orgánicos Persistentes o Permanentes, como el hexaclorobutadieno que se usa para elaborar líquidos hidráulicos, y hasta bacterias como la E. Coli que genera infecciones intestinales, incluso llevando a la muerte.

Estos tóxicos son apresados por los pellets y se conoce que más de 220 especies de fauna los consumen: desde pepinos y gusanos de mar, pasando por las aves marinas y hasta detectadas en ballenas. Una vez consumidos, los tóxicos se transfieren a los tejidos de la especie que lo consumió llevándolo incluso a la muerte y en otros casos siendo portadores hasta los seres humanos que los consumen.

“El 85 % de los langostinos capturados en el estuario de Clyde (Escocia), contenían microplásticos en sus intestinos”, registra Fidra en su reporte de hallazgos en la fauna marina.

Este problema no es algo nuevo, tanto que hace ya 30 años se creó la Operation Clean Sweep (OCS) u operación limpieza y barrido que, es el compromiso de las empresas europeas a buscar la pérdida cero de ‘lágrimas de sirena’; una iniciativa que podría ser ejemplo para Latinoamérica que también padece este problema.

Este tipo de compromisos puede aportar en la solución con mejores prácticas en toda la cadena de vida del producto, especialmente los derrames. Adicionalmente, la solución pasa por las decisiones de consumo responsable de los humanos como no consumir plásticos de un solo uso y claro, aplicar las tres ‘R’: reusar, recuperar y reciclar.

A su vez, organizaciones con Fidra trabajan para incidir en las políticas públicas en su región, también realizando un trabajo de difusión del problema y realizando cada año la Gran Cacería Global de Nurdles, en la que las acciones de los ciudadanos y activistas dan ejemplo para que nuestra región empiece a atender este grave problema y se puedan secar las ‘lágrimas’ de nuestros mares.

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