Desde el teleférico de La Paz, en Bolivia, se puede conocer “de pasada” los barrios más lujosos y los más populares de la sede de Gobierno. Resaltan, sin embargo, aquellos a los que solo se accede después de subir cientos de gradas (dicen que son más de mil) y que conectan a la urbe paceña con El Alto, el municipio aledaño. A puro pulmón, hombres, mujeres, niños y ancianos ascienden y descienden cada día, como si aquello no fuera ningún obstáculo. “¿Cuál altura?”, se preguntan.