“Latinoamérica está pagando un costo gigantesco por cerrarle las puertas a la inmigración”: Ricardo Hausmann

LA Network - Equipo editorial
28 mayo, 2017 - Educación

LA Network dialogó con el reputado economista venezolano, quien estuvo entre los invitados especiales al encuentro económico LACEA-LAMES, organizado por la Universidad Eafit de Medellín

Foto: Cortesía Universidad Eafit
Foto: Cortesía Universidad Eafit

La debilidad profunda en la esfera del conocimiento que desde décadas atrás arrastra Latinoamérica, además de ser un desafío de por sí difícil de resolver, lo es aún más si en la región se siguen estimulado políticas equivocadas que el único efecto que producen es erigirse en barreras infranqueables.

El economista Ricardo Hausmann, profesor de la Universidad de Harvard y director del Centro Internacional de Desarrollo de esta institución, dijo en diálogo con LA Network que “el problema de Latinoamérica es que solo sabe hacer algunas cosas, mientras que el mundo consume muchas otras que los países del área no saben hacer”.

Sin embargo, ante la inquietud de cuál es entonces el aporte de las universidades y de los centros de investigación latinoamericanos en la generación de conocimiento, admitió que “en el tema universitario se ha logrado mucho progreso en algunos países, con instituciones cada vez más fuertes y cada vez más excelentes”.

“Nosotros en Harvard –dijo– nos llenamos de aplicantes de excelente calidad que proceden de los países de la región, entre ellos Colombia. Son muy competitivos y así lo reconoce la propia Universidad”.

Hausmann, de nacionalidad venezolana y ex presidente del Comité para el Desarrollo del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y quien conformó la nómina de conferencistas especiales del encuentro Lacea-Lames que deliberó del 10 al 12 de noviembre en la Universidad Eafit en Medellín, planteó que “en cierta medida, la forma en que los países han resuelto sus problemas de competencias y capacidades es a través de la inmigración”.

Tarea que, en su concepto, “América Latina y en particular Colombia están haciendo muy mal”, debido a que “han tenido políticas tanto migratorias como laborales muy cerradas”.

Como consecuencia de ello, argumentó,  “están pagando un costo gigantesco por una política que sería muy rápido de arreglar y con impactos favorables que también se lograrían de forma muy rápida sobre el bienestar, sobre la productividad y sobre el crecimiento”.

Cómo superar el desafío

El autor de las publicaciones “La globalización financiera desde una perspectiva latinoamericana” y “Democracia, descentralización y déficits en América Latina”, afirma que para superar el reto de saber hacer muchas cosas que hoy no hace América Latina, es imprescindible la diversificación productiva, proceso que requiere de “conocimiento tácito” del que tampoco disponen los países de la región.

O sea que los países emergentes –reitera– deben centrarse en atraerlo, en lugar de erigir barreras a la inmigración.

“El conocimiento tácito no está disponible en libros, está almacenado en el cerebro de las personas, de modo que hay que abrirse al movimiento [inmigración] de las cabezas de gente de afuera, que puedan venir a juntarse con las cabezas de aquí para hacer cosas nuevas”, afirma.

Estas consideraciones explican las razones por las cuales Hausmann asevera que “si Hitler no hubiera incitado a tantos científicos a abandonar Europa, los Estados Unidos no habrían podido construir la primera bomba atómica en tan solo cuatro años”.

Foto: Cortesía Universidad Eafit
Foto: Cortesía Universidad Eafit

El enigma y la clave

Suya es entonces la teoría de “La economía del conocimiento tácito”, en el marco de la cual formula estos interrogantes: ¿Cómo es que hoy las familias más urbanizadas, más pequeñas y más instruidas de países emergentes son mucho menos productivas que sus homólogas de hace medio siglo en los países industrializados? ¿Por qué no pueden los países emergentes reproducir niveles de productividad que se lograron antaño en países ricos cuando tenían peores indicadores sociales y tecnologías mucho más antiguas?

“La clave de este enigma –responde– es el conocimiento tácito”, porque “para producir se necesita ‘saber’ hacerlo”.

Para Hausmann, los países que “saben hacerlo”, han desarrollado capacidades para aprovechar el progreso tecnológico, han sabido sacarle el mayor provecho a la fuerza laboral, dispusieron de estrategias para mitigar el impacto que significó el traslado de grandes capas de la población rural a las ciudades, aprendieron a compartir más fácilmente los conocimientos y ofrecen educación e instrucción de calidad a la niñez y a la juventud “con lo cual facilitan el progreso tecnológico”.

En este sentido, plantea que los países pobres o emergentes para ascender en la escala del progreso económico “deben experimentar un cambio similar”.

Pero advierte que “la urbanización, la escolarización y el acceso a la red Internet son, lamentablemente, insuficientes para transmitir en forma eficaz el conocimiento tácito necesario para ser productivo”.

“Esa es la razón –señala– por la que los mercados emergentes de hoy son mucho menos productivos que eran los países ricos en 1960, aunque estos últimos fueran menos urbanos, menos escolarizados y utilizaran tecnologías mucho más antiguas”.

Saber hacerlo y difundirlo

En la conferencia dictada en el encuentro Lacea-Lames, el profesor Haussman explicó cómo la acumulación y difusión del know how es determinante para el desarrollo de un país, y dijo que ese es el eje de la agenda académica que ha tratado de impulsar en los últimos años.

En razón de ello, y teniendo en cuenta que la mayoría de los productos requieren muchos más conocimientos que los que caben en la cabeza de cualquier persona, es por lo que también considera imprescindible, en el proceso de producción, crear equipos de personas con diferentes conocimientos, tal como ocurre con una orquesta sinfónica. Equipos de trabajo en los que todos sus miembros aporten algo nuevo y no se repitan o se multipliquen más de lo necesario.

Pero, para el caso de una región como Latinoamérica “¿cómo pueden aprender las personas a desempeñar tareas propias de unos puestos de trabajo que aún no existen?” y “¿cómo se pueden crear equipos coherentes de personas con los conocimientos complementarios necesarios para las nuevas actividades económicas, si esos conocimientos no preexisten?”

Esta situación es la que el Director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard cataloga como una disyuntiva parecida a la del huevo y la gallina: “Nadie sabe hacer lo que nunca ha hecho, pero nadie puede hacer lo que no sabe hacer”.

Tarea difícil

En definitiva, concluye, “aumentar el conocimiento tácito que posee una sociedad resulta más fácil de decir que de hacer, porque las economías solo pueden ofrecer experiencia práctica en los puestos de trabajo que existen”.

De otro lado, Hausmann admite la posibilidad de que un país cuente con la última tecnología y los conocimientos más avanzados, pero que carezca de una institucionalidad eficiente, caso para el cual lo más probable es que el know how no prospere, como ocurre, según dijo, al comparar a Canadá con México, o a España con Italia.

Y un riesgo adicional a la eventualidad de que un país sea identificado por poseer una institucionalidad precaria, es que la tecnología y el conocimiento probablemente elijan a otro país para expandirse.

Sobre Colombia expuso, basado en cifras y estadísticas, cuán desconectado ha estado este país de las realidades de otros, porque “salen muchísimas más personas de las que entran”, o en otras palabras, Colombia es un ejemplo de los países que han exportado su know how y que no han permitido que ingrese.