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Latinoamérica necesita más hombres cuidadores

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Equidad de salarios estimularía los espacios de cuidado compartido y ayudaría a romper el machismo hegemónico imperante en la región.

Latinoamérica necesita más hombres cuidadores
En Chile, por ejemplo, aproximadamente un 10 % de las familias monoparentales está liderada por hombres

Políticas públicas que permitan que los hombres participen más activamente del cuidado de sus hijos, reconocimiento del Estado y la sociedad latinoamericana de las familias diversas contemporáneas, equidad de salarios y empresas que reconozcan la necesidad de que los padres tengan mayores espacios para compartir con sus hijos; son algunas de las necesidades actuales en Latinoamérica para seguir impulsando la equidad de género y las masculinidades alternativas en la región.

Sobre estos temas dialogaron los expertos Hernando Muñoz Sánchez, Trabajador Social y doctor en Perspectiva de Género colombiano y el chileno Francisco Aguayo, Psicólogo, magister en Estudios de Género y candidato a doctor en Psicología; invitados por la caja de compensación familiar Comfama al ciclo de conversaciones ‘Hombres que cuidan’, como parte de la estrategia de la Red de amor, cuidado y salud mental, de la entidad de bienestar en Colombia.

Para el experto chileno, las políticas de familia en Latinoamérica aún son ‘materno centristas’ en el entendido que asignan a las mujeres la responsabilidad del cuidado y que, frente a modelos como los europeos, que asignan por ejemplo amplios periodos de tiempos para que los hombres participen en el cuidado inicial de los hijos, “estamos lejos”.

En este sentido, para Aguayo, el avance de una masculinidad cada vez más participativa del cuidado, no solo en lo económico -que también valora como cuidado- sino afectivo, requiere de todo un ecosistema en el que todas las instituciones del Estado, de la sociedad, creen o faciliten espacios equitativos para quienes ejerzan el rol no exclusivamente biológico, de padres.

“Es importantísimo que en América Latina tengamos buenos posnatales para las mujeres. Esos posnatales deberían durar alrededor de seis meses para ellas, por el tema de la lactancia exclusiva que impacta muy positivamente en el desarrollo de los niños.  Luego están los posnatales para los padres que en algunos países europeos no solo otorgan varias semanas sino incluso meses de posnatales para los padres. Por ejemplo, el modelo islandés con tres meses para la madre, tres meses para el padre y tres meses más de licencia parental que pueden tomar uno u otro de los padres. En América Latina estamos lejos de eso, los posnatales van desde 0 a 14 días en la mayoría de los países con contadas excepciones”, señaló Aguayo quien es autor de diversas investigaciones sobre el tema.

Latinoamérica necesita más hombres cuidadores
Equidad de salarios estimularía los espacios de cuidado compartido y ayudaría a romper el machismo hegemónico imperante en la región, destacan expertos.

En este sentido, el experto chileno señaló como primordial en la transformación del machismo hegemónico y la participación de los hombres en el cuidado, la situación laboral en Latinoamérica, una región en la que la informalidad -calculada en cerca del 50 % en todos los sectores- impide que los hombres puedan acceder a espacios de tiempo dedicados al cuidado.

Aguayo expuso que esas condiciones precarias dejan muy poco espacio para compartir afecto tanto para hombres como a mujeres. “El tema del disfrute es algo que nos cuesta mucho dado la precariedad de lo laboral. Hay que trabajar mucho en América Latina, los hombres y las mujeres se rompen el lomo trabajando y esto dificulta también mucho cómo aprender a disfrutar de los hijos”.

Salarios equitativos para hombres y mujeres y licencias de paternidad, permitirían asignar los mismos espacios de cuidado ya que, señaló el experto chileno, cuando uno de los padres gana más dinero que el otro, resulta asignado al rol doméstico el que gana menos, es decir generalmente las madres: según ONU Mujeres, esa brecha salarial es aproximadamente del 23 % en el nivel global.

Ahora, según el diálogo sostenido por Muñoz y Aguayo, el ejercicio de una paternidad del cuidado se estimula con base en esa posibilidad de participación, de ‘entrenamiento’ en las labores de cuidado ya que muchos hombres han tenido como referente cultural el rol de proveedor y no de cuidador.  “Hoy día es importante que los deberes y los roles sean intercambiables, que los hombres puedan crecer y aprender a hacer cosas para las cuales no fueron entrenados, las cuales no vieron a sus padres o las generaciones anteriores creo que esta es una visión, una mirada desde el aprendizaje”.

Para Muñoz, la concepción del hombre como un ser incompatible por naturaleza con el cuidado, está revaluada. “No quiero dejar pasar el asunto de lo que dices del entrenamiento, del aprendizaje, es decir que no es por naturaleza que los hombres no cuidamos, no es por naturaleza que los hombres seamos violentos o no aprendemos a cuidar, sino que es una forma en que nos socializan”. Agregó que es importante también romper paradigmas como el que es la mujer, la única en capacidad de ofrecer afecto y cuidado a los hijos.

En Chile, aproximadamente un 10 % de las familias monoparentales está liderada por hombres, indicó Aguayo para advertir que Latinoamérica requiere de una mayor apertura cultural a la aceptación de familias diversas, con padres homosexuales, trans, solteros, abuelos, padrastros, madrastas u otros familiares que cuidan y crían. Una apertura entonces que favorezca la eliminación de la discriminación y estimule a los hombres a ejercer de manera más activa, frecuente e integral, sus roles de cuidado.

Finalmente, ante la pregunta de Muñoz de cuál es el mensaje para el hombre de hoy, respecto al modelo de masculinidad y de sus roles como cuidador, Aguayo manifestó que el modelo de masculinidad hegemónica, tradicional, “está sirviendo poco”.

Agregó que ese paradigma está siendo interpelado por el movimiento feminista en muchas dimensiones entre las que se encuentra la paternidad y que el ideal es un cuidado compartido, equilibrado, que le permita a la mujer también acceder al desarrollo económico y compartir la responsabilidad como proveedora.

Recordó actitudes básicas como el respeto, el buen trato, no a la violencia doméstica ni de género, “y que los hombres estemos más conectados con las emociones, que cuidemos nuestra salud mental. Allí tenemos mucho trabajo todavía por hacer y por aprender por eso somos hombres en construcción. Es importante que aportemos un grano de arena en desmantelar, en desmontar el machismo qué es tan fuerte en América Latina: la masculinidad hegemónica es una verdadera coraza para tantas personas y tantas familias”.

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