Luis Ángel Agudelo: el equilibrio entre lo urbano y lo rural

Marcela Agudelo
14 noviembre, 2017
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Luis Ángel Agudelo Ramos, un campesino de 33 años, es un llanero no de la amplia sabana sino de más arriba, de lo que geográficamente se conoce como piedemonte llanero y que creció jugando con sus hermanos en la finca Villa Flor del municipio de El Calvario en el departamento del Meta. “De niño nos íbamos con mi hermanos para el caño a bañarnos con el agua fresca, fresquita porque en el campo juega uno muy tranquilo, sin ningún peligro y los papás pueden dejarlo salir a uno a jugar sin preocupación en cualquier parte”, relató el hoy guardián del caño San Antonio – gracias a la estrategia BanCO2.-, y del territorio por el cruzan sus aguas cristalinas y frescas.

Hoy la familia de Luis Ángel es una de las 6.500 que a través del esquema de pago por compensación BanCO2, creado en Antioquia por la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los ríos Negro y Nare ‘Cornare’ y apoyado por Bancolombia; protegen territorios clave para Colombia, sus ecosistemas y el aporte de estos al sustento de las ciudades que finalmente dependen, todas, de la ruralidad.

Hace dos años y medio Luis Ángel fue contactado por Cormacarena para vincularlo al programa por el que recibe recursos a cambio de proteger la cuenca del caño que reconoce, fue afectada por prácticas de tala que la amenazaron con la sequía.

“Hace un tiempo se deforestó un poco por la necesidades de la gente y les tocó cortar madera para ayudarse pero ahora Cormacarena ha estado vigilante y apoyando con estos programas y la gente ya no tala”, explicó Luis Ángel.

Su compromiso además de “dejar quieta la reserva, el monte” que tiene en su finca de 29 hectáreas y de incursionar en el cultivo de lulo, es proteger el caño y sus aguas que nacen a poco más de media hora de camino de su finca, uno de los millares de afluentes más que luego de miles de kilómetros y sumando caudal tras caudal, en algún momento será el surtidor del preciado líquido en las ciudades, en un vínculo que cada día se hace más inseparable.

Con el pago compensatorio que BanCO2 le entrega a Luis Ángel Agudelo, por preservar el territorio de 29 hectáreas de su finca en el piedemonte llanero, este campesino colombiano puede dar calidad de vida a su familia y dedicarse a esa protección.

“Los ecosistemas terrestres de Colombia albergan parte de nuestra biodiversidad y generan tanto el agua que tomas como el oxígeno que respiras”, explica el portal de BanCO2 sobre esa relación estrecha entre la Colombia Verde que se extiende por más del 90% y el país urbano que, ocupando una pequeña porción del territorio, afecta críticamente el patrimonio natural de todos los colombianos.

BanCO2 con el apoyo de Bancolombia viene desde hace más de tres años aplicando el esquema de pago por compensación y ya son más de 45.000 hectáreas las que se están hoy protegidas por campesinos que además de ser guardianes, tienen la posibilidad de mantener condiciones digan de calidad de vida que evitan que necesidades básicas insatisfechas, los impulsen a explotar los territorios e incluso migrar a las ciudades. Desde el punto de vista ambiental, el programa ya ha servido para compensar 2´800.000 toneladas de CO2 (Dióxido de Carbon) en el país.

La Nueva Agenda Urbana aprobada en octubre de 2016 en la ciudad de Quito, ha dejado claro que es necesario redefinir los vínculos entre lo urbano y lo rural. Es por ello que consagró el concepto de “un sistema interrelacionado entre la ciudad y el campo”.

Para Joan Clos, Director Ejecutivo de ONU Hábitat, “no se puede decir que el campo y la ciudad pertenecen a dos mundos diferentes. Porque para el campo, la ciudad representa algo fundamental: un mercado para sus productos”

De otro lado, para el intendente de la provincia de Pichincha (Ecuador), Gustavo Baroja, en la Agenda está presente la relación de lo urbano con lo rural, pero hoy esa relación “es injusta, inequitativa y desigual”. “No olvidemos que la ciudad depende del campo y el campo depende de lo que pase en la ciudad, por eso mismo desde aquí hago este llamado”, añadió Baroja.

Ejemplos de ciudades que trabajan en generar equilibrio entre lo urbano y lo rural

São Paulo: La ciudad brasileña ocupó el primer lugar del Mayors Challenge 2016 con un proyecto que busca aumentar los ingresos de los granjeros para mejorar sus condiciones de vida y también detener la expansión urbana. El problema planteado por la ciudad fue simple: aunque el 70 por ciento de los productos de granja que se consumen en Brasil provienen de la agricultura familiar, los granjeros locales en las afueras de São Paulo tienen dificultades para comercializar sus productos y ganarse la vida. Ante este panorama, los granjeros se desmotivan y venden sus tierras, lo que acelera la expansión urbana. El proyecto busca cambiar esta realidad.

Ibagué: El actual gobierno de esta ciudad colombiana aspira a comprar más de 15.000 hectáreas para proteger desde el Nevado del Tolima, toda la cuenca hídrica y por ello lucha también contra la minería a cielo abierto cerca del nevado.

Curridabat: Esta ciudad costarricense tiene un programa de biocorredores y “espacio de dulzura” con el que se rehabilitan los parques existentes y algunos son transformados en nuevos humedales para mitigar los efectos negativos de las inundaciones. Las calles además asumen una doble función y actúan también como “biocorredores” que vinculan los parques y bosques particularmente para polinizadores como las abejas, que aportan grandes beneficios a la biodiversidad.

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