‘No necesitamos nuevas ciudades, necesitamos usar mejor las que tenemos’: Alejandro Echeverri

‘No necesitamos nuevas ciudades, necesitamos usar mejor las que tenemos’: Alejandro Echeverri

LA Network - Equipo editorial

El arquitecto colombiano, uno de los más reconocidos de América Latina, apela a la imaginación y la creatividad para superar la crisis sanitaria, los tiempos de la COVID-19.

‘No necesitamos nuevas ciudades, necesitamos usar mejor las que tenemos’: Alejandro Echeverri
Alejandro Echeverri, primer latinoamericano en obtener el premio Obayashi (2016) por su aporte al mejoramiento en la vida de las ciudades.

Sus logros son innumerables y por su personalidad, mencionarlos uno a uno le parecería demasiado protocolario.

Sin embargo, para los lectores de LA Network, el actual director del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales Urbam, de la Universidad Eafit de Medellín; ha sido también el primer latinoamericano en obtener el premio Obayashi (2016) por su aporte al mejoramiento en la vida de las ciudades; se ha hecho merecedor del  Premio Nacional de Arquitectura Colombiana de la Sociedad Colombiana de Arquitectos (1996), la Bienal Panamericana en Diseño Urbano (2008), el Lápiz de Acero; el Curry Design Prize (2009), entre otros y además fue gerente general de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) de Medellín.

Ese breve listado, incompleto, por supuesto, tiene como función ser la presentación del diálogo que LA Network entabló con uno de los protagonistas de la evolución de Medellín en materia urbanística y social, y quien compartió sus reflexiones sobre la crisis actual por la pandemia y su relación con la ciudad.

Las grandes metrópolis han sido las más afectadas por la pandemia. ¿Necesitamos ciudades más pequeñas?

Más que el tamaño de las ciudades es más el tamaño de nuestras vidas en las ciudades. Pienso que son los circuitos y los itinerarios de los que viven en la ciudad uno de los temas que la crisis hace visible, pero ha estado desde siempre. Es que lo más importante son las personas y la gente, la vida real de las personas. En este sentido hoy se ha visto la importancia del barrio, del vecindario, quiero decir cómo nos movemos cerca, dónde compramos, cómo vivimos, donde están los parques más cercanos.

Esa idea de proximidad de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que puso en la agenda hace unos días ya, en relación con la ciudad de los 15 minutos, realmente yo creo que es el panorama para las grandes ciudades. Es prioritario que esos núcleos de centralidad sean donde seamos mucho más autónomos, más eficientes, reduzcamos más el consumo y seamos más felices”.

Las comunidades vulnerables han sido las más golpeadas. El venezolano David Governeur habla de la importancia de cerrar la brecha con intervenciones muy puntuales en los barrios, de ‘microcirugía’… ¿cuál es su punto de vista?

Estoy de acuerdo con David, pero quiero detallar mi pensamiento. Cuando uno trabaja los temas de ciudad, sobre todo en los gobiernos, uno quisiera abordar todos los temas, pero es imposible, es decir tiene que priorizar, poner las cosas en su justo valor. Ahí es cuando entran las estrategias, ¿qué pueden incorporar esas grandes infraestructuras de transformación?, ¿y lo que impacta en la pequeña escala?

Pueden ser procesos que incluyan más participativamente las comunidades en la realidad latinoamericana y en la realidad colombiana donde tenemos unas deudas inmensas, problemáticas realmente estructurales muy grandes. La crisis lo que hace simplemente es una fotografía real de cuáles son los temas prioritarios, no quiere decir que los otros no sean importantes y sin ninguna duda el sistema central que se ha revelado tiene que ver nuevamente con la inequidad y las grandes diferencias de las formas de vida, de acceso a la educación, al desarrollo, al empleo, que nuestra sociedad tiene y que se expresan en la ciudad.

Hay una deuda inmensa que nos ocupará y nos debe ocupar por muchos años: realmente mejorar la calidad de vida de las personas sobre todo en los barrios populares y cuando hablamos microcirugía no hablamos de pequeña escala hablamos de miles de acciones que multiplicadas cambian una sociedad.

Muchos expertos evaden la pregunta. ¿Debemos controlar el crecimiento de la población mundial debido a su impacto en la sostenibilidad del planeta?

Esa referencia nos pondría en un escenario como si estuviéramos en un mundo ideal y nos pudiéramos devolver. La realidad es que nosotros no podemos reducir las ciudades, sí podemos orientar procesos nuevos,  nuevas formas sobre cómo desplazarnos y ubicarnos, podemos responder a ello, no vamos lograr responder bien a todo, pero en un continente como el latinoamericano donde ya más del 70 % es urbano podemos ir mejorando las cosas, pero hay que entender nuestras limitaciones y en ese sentido yo creo que lo más importante es que, y para eso sirven las crisis, es tener un consenso sobre los temas fundamentales sobre los que queremos trabajar.

Pero también sobre la tasa de natalidad es claro que el mundo está creciendo a un ritmo desproporcionado y el impacto de los hombres en el ecosistema es claro, es un reto inmenso, pero primero hay que cambiar los hábitos culturales, la forma en que consumimos, qué consumimos, qué comemos, cambiar la estructura económica y física de las ciudades, debemos generar hábitos de consumo de ‘kilómetro cero’.

Un sector muy golpeado en esta pandemia es el transporte público. ¿Cómo nos vamos a mover en el futuro con los masivos limitados en su capacidad, casi que en jaque?

No estoy de acuerdo en que el transporte está en jaque.  Creo que nos hace redefinir un poco las prioridades de los sistemas. Lo primero que hay que decir que esta crisis es una oportunidad increíble que nos ha demostrado que, a través del trabajo, de la virtualidad y la permanencia en casa, es posible que cientos de personas podemos movernos mucho más equilibradamente.

Estamos hablando inclusive de vuelos en avión, porque estamos hablando de todos los tipos de movilidad, es decir podemos y lo vamos a hacer. En lo personal ya me muevo en bicicleta eléctrica pero adicional descubrí que puedo estar tres días como mínimo trabajando desde mi casa. Si eso lo multiplicas por miles de millones de personas la fotografía de la movilidad de las ciudades va a cambiar completamente.

La crisis nos ha vuelto a poner de relevancia la pirámide invertida de la movilidad. El caminar es lo más importante, quiero decir, ahora que hablaba de la ciudad próxima de los 15 minutos, si cambia nuestro hábito de vida, cambiamos la movilidad. También si logramos desarrollar empleos y servicios y diversión cerca de la casa, donde podamos ir caminando o en bici. Estoy convencido que la discusión sobre transporte público es una discusión temporal. Yo no dejaría de invertir ni un solo peso en los sistemas de transporte público y además seguiría la tendencia actual de que los planes de infraestructura ciclista y peatonal que se tenían proyectados para 10 a más años, se realicen ya, en el corto plazo.

Algunos expertos han mencionado que las grandes obras de infraestructura de las ciudades deben mover esos recursos a otras obras. ¿Qué piensa Alejandro Echeverri?

El ejemplo más bonito y el más cotidiano es el más simple como son las ciclovías de los fines de semana. No tiene ni siquiera costos, ni siquiera necesitamos construcciones nuevas para cambiar en la ciudad de su espacio físico, sus calles.  Creo que requerimos una gran imaginación cívica, que pensemos en cómo reconquistar, cómo reusar los distintos espacios de las ciudades.  La ciclovía es un invento colombiano donde hay muchas grandes avenidas que se usan en un momento dado para el transporte público pero otros días se conviertan en parques públicos, quiero decir con esa idea tan sencilla pero tan potente podemos pensar en edificios parques espacios para hacerlos mucho más flexibles para todos.

Yo diría entonces que más que nuevas construcciones necesitamos una nueva imaginación para darle uso a las cosas existentes.

¿Qué piensa sobre la ciudad densa?

Creo que sin ninguna duda que la densidad per se no es que sea buena, quiero decir, unas condiciones de densidad insalubre, hacinamiento, problemas humanos, etcétera. Pero la gente y la densidad de alguna manera bien manejada pues hace mucho más eficiente mucho de lo que estamos hablando, quiero decir se reducen las posibilidades de desplazamiento, la gente se mueve más armónicamente, un parque lo pueden usar un número más grande de personas.

Entonces creo que las nuevas formas de vivienda y las nuevas formas de habitar, (que aún pueden producirse nuevas formas), lo que deben es responder no con esas soluciones masivas, sin personalidad sino con una posibilidad de generar procesos más orgánicos de hábitat, donde la gente pueda mantener sus características vinculantes.

¿Qué reflexiones le han quedado en lo personal durante el aislamiento?

“Muchas, a nivel familiar ha sido muy valioso poder tener unos diálogos muy profundos con mi hijo que está por terminar el colegio, también dedicarme a las plantas, aunque soy todavía muy bisoño (inexperto) en ello, dedico buen tiempo a regarlas.

Algo que me ha sorprendido mucho es la gran capacidad de las personas para ser solidarias, para unirse a ayudar a las demás personas. Ha sido destacado cómo se han movido incluso más rápido que los gobiernos. Yo tengo fuertes vínculos con las personas en los barrios populares y la manera de apoyarse y encontrar soluciones es una gran lección.

No voy a profundizar, pero nuestra casa de convirtió en un espacio totalmente flexible donde trabajamos en la sala, el comedor, tres personas en el balcón.

Y quiero destacar especialmente, el valor de los balcones y las plantas, que creo que en relación con temas de hábitat y vivienda social en Colombia y en el mundo, el valor del balcón como un elemento de encuentro, de contacto con el exterior, pero también para un jardín, de pronto activar alguna huerta urbana, se convierten en el elemento central entonces uno podría imaginarse y soñarse que nuestras ciudades fuera la ciudad de los balcones. En tema de la vivienda creo que el balcón adquiere una relevancia muy importante”.