Transitando la pandemia
Foto: archivo LA Network

Se cumplen dos años de la declaratoria de emergencia provocada por la llegada a México del COVID-19. Dos años de un complejo proceso que trajo luto a miles de familias y transformó formas de vida y actividades productivas. 

Dos años reconociendo nuevas realidades y aún en busca de caminos para acelerar la reactivación de cotidianidad y economía. 

Es un triste aniversario. La pandemia enlutó miles de hogares, acabó con negocios y empleos, y aceleró en forma definitiva una transformación que alcanzó todo tipo de actividades humanas. 

Ese villano diminuto que azoló al mundo entero, también nos obligó a dar nuevas lecturas a lo que son y tendrían que ser activos humanos tan fundamentales como viviendas y ciudades. 

Porque ante la amenaza, todos debimos refugiarnos en nuestras casas y basar nuestra fortaleza y capacidad de resiliencia en la calidad del acceso a todo tipo de servicios urbanos. 

Dos años 

El Covid-19 nos obligó a repensar el valor de viviendas y ciudades. 

Se hizo evidente que viviendas y ciudades tendrían que ser nuestra primera línea de defensa. Y dos años después, es igual de evidente el papel que viviendas y ciudades deben tener en el proceso de construir mejores escenarios de futuro. 

Y hoy es necesario reconocer ese papel fundamental dado a viviendas y ciudades el grado de prioridad en la estrategia de desarrollo nacional. 

Un desarrollo nacional que tenga como punto de partida a las personas. Y que, en consecuencia, convierta esas viviendas y ciudades en factores determinantes al momento de construir desarrollo social, y económico. 

Se trata de un reto enorme, tan enorme que debe atenderse a partir de la coincidencia de visión, objetivos y esfuerzos de gobiernos, sociedad e iniciativa privada. 

Reconociendo nuevas realidades 

Se trata de crear condiciones que permitan hacer ciudades más eficientes, justas y competitivas. Ciudades que brinden todo tipo de seguridad y oportunidades a quienes las viven. 

Se trata de crear ciudades pensadas para la gente, y que, en consecuencia, estén respaldadas por políticas verdaderamente integrales de vivienda. 

Son ya dos años reconociendo nuevas realidades, y aún y cuando seguimos sin poder declarar domada la pandemia, sí es momento de acelerar los procesos de una recuperación que considere lo mismo actividades económicas, que sociales. 

Toca reconocer rezagos acumulados en políticas urbanas y de vivienda, pero hay que hacerlo sobre la base de una visión prospectiva que no solo tenga como meta dar respuestas al pasado, sino que busque además sentar las bases de un muy sólido futuro. 

Visión de futuro 

Se trata no solo de generar las viviendas que hoy hacen falta y de cumplir retos urbanos presentes, sino de hacerlo con la visión de que ello sea parte del proceso de construir las ciudades del futuro y de que esas ciudades garanticen respuestas para las necesidades de vivienda de sus futuros habitantes. 

No es opción. La lectura de retos debe ser con visión de futuro. Y debe ser integral, fortaleciendo el grado de coordinación entre los tres niveles de gobierno y entre ellos y las diferentes instancias que forman nuestras sociedades. 

Y conste que no se trata de fortalecer los motores del sector inmobiliario, aunque eso es algo que no sobra. Se trata de entender que las actividades humanas tienen como escenario todo tipo de activos físicos, públicos y privados. 

Y se trata también de reconocer la esencia humana de las necesidades, lo que obligaría a pensar en ciudades incluyentes y seguras, y en políticas de vivienda que respondan a las necesidades y posibilidades de la compleja estructura de la demanda. 

Seamos responsables. Seamos humanos 

No podemos volver a tiempos en que la transformación urbana y sus consecuencias sociales eran resultado de la indolencia. 

Sea la pandemia un duro llamado de atención que nos obligue a pensar en lo que hemos hecho mal y en la necesidad de dar un fortísimo golpe de timón que nos lleve a hacerlo bien. 

Hagamos de viviendas y ciudades un puente hacia el futuro. 

Y nadie dice que sea fácil. Pero es indispensable. 

No puede ser fácil en medio de una recesión económica y con los tambores de guerra sonando en Europa. Pero es indispensable. 

Seamos responsables. Seamos humanos. Honremos así a todos los que en alguna forma han sido víctimas de esta pandemia.