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Persa Víctor Manuel, de centro industrial a polo comercial y cultural

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La Network dialogó con Rodrigo Sepúlveda uno de los arquitectos tras el proyecto de recuperación de este mercado en Santiago de Chile y que en 2019 recibió el Premio Nacional de Innovación Avonni.

Rodrigo Sepúlveda, arquitecto del Proyecto de Recuperación del Persa Víctor Manuel, que cuenta con 1.000 locales, enfocados en su mayoría en el arte y su comercialización. Foto: Nicolás Valdebenito González
Rodrigo Sepúlveda, arquitecto del Proyecto de Recuperación del Persa Víctor Manuel, que cuenta con 1.000 locales, enfocados en su mayoría en el arte y su comercialización. Foto: Nicolás Valdebenito González

Por Daniela Suau desde Santiago de Chile

Los orígenes del Persa Víctor Manuel son algo que apasiona a Rodrigo Sepúlveda, quien arribó en 2016 junto al grupo de profesionales que entre 2015 y 2017 comenzaron a darle una nueva vida a este recinto histórico. Mientras recorremos los pasillos del persa, se emociona contando los usos que tuvo este edificio construido en 1917, que albergaba a una fábrica de curtiembre y a una fábrica de zapatos.

¿Cuál es el origen del edificio?

Es un edificio de carácter industrial, cuya data es de 1917, hecho por el arquitecto francés Eugenio Joannon y que es bien prolífico, pero no tan conocido, contando con varias obras en Santiago. La herencia que tenemos en arquitectura industrial en el persa y que cobija un comercio local, es super interesante porque quedan los vestigios de las piscinas de secado de la curtiembre, el sistema super modulado y el hormigón armado, siendo una de las primeras obras que se hizo en Chile.

En el segundo piso, donde están las piscinas de secado, los pilares crean un sistema armado de pilar-viga, con unas losas nervadas prefabricadas y que para el año que fue construido era muy innovador, de hecho, hay investigaciones que se han hecho desde las universidades, que evidencian que fue una patente comprada en Francia y que fue ejecutada por el mismo arquitecto, que también era ingeniero.

Es por esto que cada intervención que se hace, como la Plaza Central y otras, miran este origen, porque queremos darlo a conocer, relevarlo y sensibilizar la materialidad que existe.

¿Cómo fue el cambio de destino industrial a comercial?

Cuando la fábrica termina de funcionar, a principios de 1980, es comprada por los actuales propietarios, Rentas Massú, que adquiere el 100 % del inmueble. Justo en esos años, partía un incipiente comercio en la calle Bío Bío, de feriantes informales –denominados ‘coleros’ porque se ubicaban ‘a la cola de la feria’- y los propietarios deciden abrir las puertas, para incorporarlos al interior del inmueble. Así se inicia formalmente la idea de persa cubierto en un edificio.

El acuerdo formal, de arriendo de espacios, se fue dando en el tiempo, lo primero fue abrir las bodegas que estaban en la calle Bío Bío al comercio informal y por eso, desde ese tiempo se le conoce como el ‘Persa Bío Bío’, lo que en realidad es una dimensión territorial, geográfica de concepción del espacio. También es conocido como el persa de antigüedades.

¿Cómo surge el persa como polo creativo?

En 2015, gracias a una nueva administración, Felipe Massú, gerente general, toma la dirección de este proyecto y llega con una mirada mucho más integral, queriendo ordenar temas que se han ido mejorando año a año y se arma un grupo de profesionales entre 2015 y 2017, quienes vemos un potencial en recuperar este espacio y ponerlo en valor.

El plan de recuperación tiene varias dimensiones de innovación, porque no hay ningún modelo donde tu incorpores una experiencia cultural que la destaque y la tome desde su entraña, que tiene que ver con el comercio, la gastronomía, el arte, el arte urbano y la arquitectura, bajo un mismo paraguas. Además, existen nuevas dimensiones que se pueden incorporar, como la academia, las distintas escenas, todas las visiones artísticas, las expresiones culturales y folclóricas, artesanías y cosas que se empiezan a dar acá.

Cuando nosotros definimos que hay un modelo integral, es porque entendemos que la cultura se entiende desde el arte hasta el comercio, como un acto cultural heredado.

Tocadiscos de 1960 en el Galpón de Antigüedades del Persa Víctor Manuel, mercado o bazar que a través del arte y la creación, genera miles de negocios cada fin de semana. Foto: Nicolás Valdebenito González

¿Por qué consideras que se debe relevar el origen del persa?

Porque es una historia que no podemos olvidar, porque tiene una tradición y un patrimonio histórico, que es parte de la vida de la gente.  Planteamos que esto tenía que ser un polo cultural para la zona sur donde también hay arte urbano, en los años 80 surgen Los Prisioneros y en los 90 surgen otros grupos musicales.

Este edificio alberga muchos procesos y el actual es uno que nosotros definimos como un proceso de polo cultural, en el que el comercio es el core del negocio, porque tiene mucha fuerza, y la arista cultural viene a acompañarlo, a mezclarlo, a complejizarlo en todas sus dimensiones.

¿Cómo fue el proceso de dar vida a un polo creativo y la reacción de locatarios?

A veces las transformaciones cuestan, este también ha sido un cambio que, si tú lo ves, desde que iniciamos hace cinco años atrás a la fecha, es fuerte.

En estos años hay una nueva imagen del persa, desde sus pasillos, cambió la estructura de sus techos, hay lugares pintados, hay nuevos locatarios, nuevos visitantes y hay un espacio para descansar.

En ese sentido es super importante la vinculación con los locatarios, porque parte de nuestro valor cultural, en una dimensión, son ellos. Hay locatarios que llevan 35 o 40 años con nosotros y forman parte de la cultura. No podemos decir que la cultura es solamente el arte urbano o la gastronomía, por eso lo definimos como un modelo integral, un modelo más complejo, multidimensional. Ellos son nuestros clientes y nuestros visitantes son nuestros clientes, pero en una segunda línea.

Esto habla también de una cultura territorial/comercial que no es ajena al Barrio Franklin y que nosotros no lo entendemos como un barrio, sino como un territorio. Vivimos juntos en un barrio comercial, donde todos somos diferentes, donde hay un cosmos inmenso con voces totalmente disonantes, en el que tenemos que convivir y este espacio alberga, de cierta manera, esta riqueza que es multidimensional.

¿Cuánta gente visita el persa?

Nosotros hicimos una primera medición hacia finales de junio de 2019 cuando se hizo un estudio base de cuántas personas ingresaban y se contabilizaron 42 000 personas durante el fin de semana, un sábado ingresaron 14 000 y un domingo 28 000 personas. Lo interesante es que vienen de todas las comunas de Santiago. Nuestro desafío es que eso debería medirse al igual que la encuesta de ocupación y desempleo, cada cuatro meses, porque te va marcando las fechas estacionales.

Dentro de los otros datos interesantes que pudimos medir, es que vienen de todo Santiago y que por tradición vienen más hombres que mujeres, entonces ahí hay un desafío desde el punto de vista de cómo esto se hace mucho más integrador para todos.

También sabemos que viene gente más joven, hasta los 40 años; que los que vienen a comprar muebles vienen muy temprano, el público que viene almorzar llega entre las 12 y las 15 horas, y ahí tenemos los picos de ingreso. Quienes vienen cuando hay tocatas, recitales de poesía, exposiciones u otra actividad, vienen entre las 16 y 19 horas.

¿Cómo ha surgido la oferta de los restaurantes?

Sería muy pretencioso decir que nosotros planificamos todo solos. Sí planificamos, pero esto es un crecimiento conjunto y orgánico. Algunos dueños de restaurantes han venido y nos tocan la puerta, porque quieren estar acá, pero también hay otros que han ido creciendo de a poco y también nuevas generaciones que están llegando a los antiguos restaurantes, que eran manejados por los primeros locatarios, como el caso de Don José, que ahora su nieta tomó la posta y es parte de esa nueva generación.

También tenemos el patio de comidas, con otro tipo de restaurantes, más chiquititos, tipo comida al paso y que es otra respuesta gastronómica al público que los visita.

Los restaurantes que están en la calle son parte del nuevo proyecto y hay una metodología clara de cómo trabajar. Como arquitecto del persa veo todo el desarrollo de infraestructura y cultura, así que exigimos una serie de anteproyectos para ver cómo se van a vincular, desde el punto de vista estético y arquitectónico al proyecto general del persa. Ofrecemos la arquitectura como un servicio y si no lo requieren, hacemos de contraparte, pero en varios casos ha ocurrido que somos nosotros los que diseñamos y eso ha obtenido buenos resultados.

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