“En El Poblado la relación entre vecinos solo se da en un ascensor o en un parqueadero”

LA Network - Equipo editorial
16 diciembre, 2016 - Hábitat y Desarrollo Urbano

El Poblado, o Comuna 14, sector de Medellín que por décadas ostentó el calificativo de “exclusivo sector residencial”, enfrenta hoy una compleja problemática urbana.

Foto: jaso1970-Shutterstock
Foto: jaso1970-Shutterstock

En esos terrenos, donde la competencia por el espacio se ha librado metro a metro para levantar torres de edificios por doquier, y donde los autos particulares parecen en estacionamiento permanente debido a la movilidad obligada por vías estrechas e insuficientes sin planificación adecuada, fue levantado hace exactamente 400 años (1616) un pequeño poblado, San Lorenzo de Aburrá, que luego pasaría a llamarse Villa de Nuestra Señora de La Candelaria de Medellín, origen del mayor centro urbano de esta región metropolitana  que acoge a la segunda ciudad en importancia de Colombia.

Pero, en vez de sonar clarines por los logros en estos cuatro siglos, en los 22 barrios que conforman la Comuna de El Poblado suenan lamentos y reclamaciones que surgen de las voces de sus 125.841 habitantes.

Los diagnósticos, que abundan, hablan de una serie de urgencias. Entre ellas está encontrarle solución al caótico sistema de movilidad  e interconectividad de los barrios, lo que en la práctica es bastante difícil debido a que, según los estimativos oficiales, el 94.83%  de los hogares tiene  vehículo particular propio, y la posesión de carro es de 1,48 por hogar.

Otras demandas ciudadanas están referidas a la necesidad inaplazable de estimular al uso del sistema de transporte público; ejercer un control efectivo a la construcción indiscriminada de edificaciones tanto comerciales como residenciales; y la necesidad de ampliar los espacios públicos para el disfrute ciudadano y el fortalecimiento de la convivencia entre los vecinos.

Y, para colmo, una de las fortalezas del sector, como es la infraestructura turística y de negocios, se ha convertido en un quebrado de cabeza para las autoridades civiles y policiales al pulular el alojamiento de turistas en establecimientos sin control legal, la prostitución y el comercio de alucinógenos. Igualmente, la inseguridad generada por la actuación de bandas delincuenciales aparece con altos niveles de incidencia en las estadísticas de la municipalidad.

Una visión desde el territorio

En Medellín funcionan las Juntas Administradoras Locales (JAL) como órganos territoriales de control, veeduría y administración municipal, que contribuyen a la descentralización administrativa para la prestación de los servicios municipales.

Por cada comuna y corregimiento hay una JAL, conformada por un grupo de ediles elegidos por votación popular parar un período de cuatro años. No obtienen remuneración monetaria por su trabajo.

En El Poblado, el presidente de la JAL es el joven Pedro Juan Arango Vargas, estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Eafit, con quien dialogó con LA Network para conocer su visión sobre la radiografía de problemas que vive su comuna.

Pedro Juan, en el caso de una zona tan particular de Medellín como lo es El Poblado, ¿a qué se dedica la Junta Administradora Local?

 Nuestra labor está orientada a articular las organizaciones cívicas y sociales, los comités de participación, las juntas de acción comunal y la labor de los líderes independientes. Esta articulación permite una mejor interacción con la administración municipal, con sus funcionarios y con el Concejo Municipal. O sea que dentro de nuestras labores está incentivar la participación de entidades privadas, organizaciones sin ánimo de lucro, fundaciones, colegios, universidades. El objetivo es aunar esfuerzos para tratar de encontrar soluciones colectivas a los problemas.

¿Y cuál es el grado de participación?

 En esta comuna hay bastante apatía por lo público y por la participación en las decisiones públicas. Acá es muy usual que la participación solo se dé cuando hay elecciones locales, regionales o nacionales. Es decir, cada dos y cada cuatro años.

Lo que indudablemente se convierte en un reto para la JAL.

Por supuesto que uno de los grandes restos es lograr la participación de la gente en todas las ofertas que hace la Alcaldía, sobre todo cuando los problemas en esta zona de la ciudad son diversos y complicados. Si hubiera más participación se lograría impactar de manera positiva la solución de los problemas.

¿A qué problemas se refiere?

 A problemas en el espacio público en sitios muy concretos como el Parque Lleras, Poblado Centro y Ciudad del Río. Esto tiene que ver con vendedores ambulantes, microtráfico, explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, ausencia de policías. Hay problemas también de turismo sexual. Esto nos está afectando mucho porque esta es una de las comunas más apetecidas por turistas que vienen con unos intereses no idóneos para cualquier ciudad. Ellos se alojan en hostales ilegales que además no ofrecen unas condiciones óptimas de salubridad. Esos turistas vienen a comprar servicios sexuales y a consumir estupefacientes. Ese tema nos afecta, nos preocupa, pero es un problema de ciudad. Igualmente está el tema de la movilidad que en esta comuna es caótica. Y faltan parques y espacios polideportivos.

Ante una problemática tan aguda, ¿por qué la gente no se motiva a participar?

En esta comuna, entre el 90 y 95 por ciento de la población tiene solvencia económica, es decir son de estrato 5 y 6. Y una gran cantidad de esas personas viven en unidades residenciales o casas independientes, entonces no hay  interacción, no hay relación con el vecino, simplemente aquí la relación se da en un ascensor o en un parqueadero. Aquí la gente vive englobada en su conjunto residencial. Aunque faltan parques y espacios polideportivos, aún en los que ya existen es difícil que la gente salga a hacer uso de ellos, porque las personas tienen muchas veces en sus unidades residenciales sitios donde compartir. Esa es la diferencia con muchas otras comunas de la ciudad donde la gente reclama el espacio público y hace uso de él en el día y en la noche. Ellos sí tienen relación entre vecinos.

¿Cómo enfrentar entonces el desafío de la apatía?

Creo que los proyectos y las estrategias de comunicación que se ofrecen desde la Alcaldía para esta localidad en especial, deben ser destinados según las dinámicas de la comuna y de acuerdo al tipo de población. Es necesario entonces visitar los colegios públicos y privados, las universidades, las unidades residenciales y los centros comerciales que es donde la gente se reúne. Hay muchísima gente que no se interesa por saber qué tiene la alcaldía para ofrecerles. Claro que aquí también hay población pobre, o sea de estratos 1, 2 y 3, y las personas de esos barrios, en especial los jóvenes, son los que más participan y los que están más atentos a que les arreglen cosas básicas como una cancha, un andén, una lámpara, o asuntos mayores como la seguridad. Ellos tienen más acercamientos con la Alcaldía.

¿Qué respuesta han obtenido de la Administración Municipal?

Somos representantes de la sociedad que planteamos los problemas. Hasta ahora no ha habido un gran cambio en cuanto a la situación planteada.