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Policarpa, un barrio que se sobrepuso a la informalidad

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Barrios bogotanos como el Policarpa Salavarrieta, fundado por la organización Provivienda en 1961, muestran que sus estrategias de planificación, ocupación, organización y habitabilidad han girado en torno a ideales de formalidad.

Policarpa, un barrio que se sobrepuso a la informalidad
Pasaron más de 20 años para que el Distrito le diera el título de “barrio legal”, pero en cuanto a dinámicas urbanas y arquitectónicas, logró adaptarse a la ciudad en poco tiempo. Foto: Barrio Policarpa

Así lo evidencia una investigación realizada por la arquitecta Katherin Triana Urrego, magíster en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, en la cual encontró que este barrio derriba de algún modo el término “informal”, que no representa lo que realmente son sus luchas ni sus ideales.

El estudio identifica la transformación del que se considera uno de los barrios insignia contra la lucha por la vivienda de ocupación informal, y desde su fundación ha resistido los embates del Estado y la ciudad y de las formas modernas de planear las ciudades que, en la mayoría de los casos, no tienen en cuenta la parte “informal”.

El Policarpa, con alrededor de 24 cuadras construidas con viviendas y comercios, y una en la que están el parque y el salón cultural, colinda con los barrios Modelo Sur, Sevilla, Ciudad Berna y el Hospital San Juan de Dios.

Aunque este barrio ha sido estudiado a nivel sociológico y político, existe una falencia en el ámbito espacial y arquitectónico. Por eso, este trabajo se centra en la transformación de la vivienda y sus modos de habitar. “Quería hacer un reconocimiento de cómo se iban construyendo las viviendas –unidades habitables– y analizar cómo habían evolucionado a lo largo del tiempo”, dice la arquitecta Triana.

El estudio identifica la transformación del que se considera uno de los barrios insignia contra la lucha por la vivienda de ocupación informal.

 

Así se transformó la vivienda bogotana

El estudio, dirigido por la profesora Silvia Arango Cardinal, de la UNAL Sede Bogotá, refleja la realidad de cómo se ocupó la mayor parte de los territorios del oriente y del suroccidente de Bogotá, al margen de las estadísticas y evidenciando los procesos habitables y arquitectónicos.

“Si nos regimos por la ley, que define lo informal como lo desordenado, entonces el Policarpa es todo menos eso, porque la Central Nacional Provivienda, que lideró la invasión, el desarrollo y el mejoramiento barrial y arquitectónico del barrio, de otros 72 barrios en la ciudad y de otros cientos en el país, tenía un modelo de ocupación a largo plazo”, señala la arquitecta Triana.

Esta ocupación se fue formando gracias a la experiencia de las distintas ocupaciones que se iban haciendo y no era un modelo diferente al que usaban el Gobierno y distintos entes privados para planear los barrios. Además, las estrategias comunitarias ayudaron a dar respuesta al gran déficit de acceso a la vivienda y habitabilidad que tenía la ciudad.

A nivel individual, las “unidades habitables” no se transformaron de la misma manera. Todas tienen distintos tiempos, materiales y formas, y los ideales políticos, religiosos y económicos que tenía cada persona le imprimieron un carácter a cada casa, lo que a su vez consolidó una identidad del barrio.

Pasaron más de 20 años para que el Distrito le diera el título de “barrio legal”, pero en cuanto a dinámicas urbanas y arquitectónicas, logró adaptarse a la ciudad en poco tiempo consolidándose antes de que fuera reconocido como barrio. Sus habitantes habían mejorado vías, hicieron sus redes de acueducto, alcantarillado y electricidad, y generaron un punto de comercio importante en el centro, que se mimetiza con la ciudad.

Una mirada cercana

Esta investigación se realizó en seis partes: la primera y segunda parte consistieron en la observación de la arquitectura del barrio –a través de recorridos– y la construcción de la historia de cómo hicieron sus casas, con entrevistas y conversaciones.

La tercera se basó en archivos fotográficos familiares e históricos que muestran la construcción de la casa y cómo vivían antes y ahora. En un cuarto momento se hicieron levantamientos arquitectónicos para entender la construcción de las estructuras, las paredes y los múltiples espacios.

La quinta y la sexta parte abarcaron la bibliografía y la prensa: relatos y textos sobre el barrio, su historia, sus viviendas, sus luchas, lo que ha representado para la ciudad, entre otros aspectos.

“Las universidades y academias deben empezar a pensar la ciudad de manera diferente, pues existe la ciudad, y dentro de ella hay varios fenómenos, pero no podemos seguir dividiéndola solo en formal e informal”, enfatiza la arquitecta Triana.

 

Agencia de Noticias UN

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