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Poner el mundo al revés, una decisión creativa para que los libros transformen la sociedad y los modelos imperantes

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Entrevista a Nadia Fink, creadora de la Editorial Chirimbote de Argentina y autora de la Colección Antiprincesas y Antihéroes.

Nadia Fink, escritora y fundadora de la Editorial Chirimbote, pensó que había otro mundo para nutrir intelectualmente a los niños. Foto: Luis Iramain

Por Celeste del Bianco desde Buenos Aires (Argentina)

Maestra preescolar, periodista, escritora y soñadora, todo eso es Nadia Fink, una de las creadoras de la Editorial Chirimbote en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. “Si no hay amor, que no haya nada”, se lee en la parte interna de su brazo izquierdo. Tiene ojos celestes, sonrisa fácil y rulos rubios contenidos en un rodete. Lleva calzas negras y zapatillas de lona. Un tatuaje del santo pagano ‘Gauchito Gil’ resalta en su pierna, en la zona del músculo tibial. La leyenda del gaucho argentino Antonio Plutarco Cruz Mamerto Gil Núñez recorre el país y lo convirtió en un objeto de veneración popular.  Este peón rural, desertor de la Guerra de la Triple Alianza, es recordado hoy como un justiciero que robaba a los ricos para darle a los pobres. Su historia está en la Colección Antihéroes de la Editorial Chirimbote.

También están los cuentos clásicos, contados desde una mirada crítica, la misma que Fink exponía durante sus cursos de formación como docente inicial. Es una mañana de calor en la editorial del barrio de Parque Chas y Nadia habla con LA Network sobre este proyecto que cumple cinco años.

¿Cómo comenzó la editorial?

La editorial comenzó en enero de 2015 que fue cuando hicimos la primera reunión, en un lugar muy chiquito. Recuerdo que hacía mucho calor. Éramos tres amigas y amigos: Pitu Saa, el ilustrador, y Martín Azcurra, el diseñador, y teníamos la idea de pensar libros para niñas y niños. Veíamos que había una parte que no se había explorado y teníamos ganas de hacer biografías de personajes latinoamericanos reconocidos para las infancias. Empezamos con Frida Kahlo que ya lo habíamos investigado, nos gustaba y nos parecía que nos podía abrir muchas puertas porque era un personaje muy reconocido. Era una idea muy chiquitita y pensábamos que íbamos a venderle a nuestros amigos y amigas.  Después publicamos la historia de Violeta Parra, nos entrevistaron en la BBC y nuestro trabajo se catapultó en las redes sociales. Eso nos obligó un poco a armar una estructura después de la idea y decidimos abordarla nosotras y nosotros solos. Por eso empezamos un camino de autogestión, no quisimos vender la idea.

¿Cómo se organizaron ante la demanda creciente?

Hoy en la cooperativa somos ocho y sigue en crecimiento. Están por entrar otras dos personas más porque nuestros trabajos se van haciendo más específicos al ir creciendo. Así vamos, cuando suceden tareas más específicas van apareciendo como nuevos lugares y personas que nos dan una mano.

¿Cómo fue tu recorrido para llegar a la creación de Chirimbote?

Mi trabajo como maestra preescolar fue breve. Después me dediqué a hacer talleres de cuentos para niñas y niños. Influyó mucho la carrera porque hubo un montón de materias que me hicieron pensar la infancia de otra manera. Estamos hablando de 20 años atrás. Incluso se habló de cuentos clásicos, que yo los discutía bastante. No por una mirada feminista ni con perspectiva de género, porque en ese momento no existía, pero a mí me llamó la atención, porque tuve una infancia de pueblo. En las infancias de pueblos todas y todos corremos, nos ensuciamos, trepamos árboles y me llamaba la atención las infancias tan quietas de las niñas en las grandes ciudades. Entonces eso era lo que discutía con los clásicos, por qué de esos ejemplos de niñas. En eso siempre hubo una intención de que la infancia pudiera tener nuevos materiales o materiales alternativos o distintos a lo que se proponía.

¿Cómo es la colección Antiprincesas?

La colección Antiprincesas comenzó en el 2015 con Frida Kahlo y Violeta Parra y después siguió con varias otras entre las que están Gilda, Alfonsina Storni, Juana Azurduy, Susy Shock, que es una artista trans, y Evita (Eva Perón). Para la Liga de Antiprincesas en general, juntamos a luchadoras por la independencia de América Latina. El objetivo de Antiprincesas y la forma de elegir los personajes tiene que ver con que la historia se contó desde un solo punto de vista donde no se tomó el lugar que las mujeres ocupaban. En las luchas por la independencia, por lo menos en Argentina, recordamos a las que prestaban el piano, las que hacían el té, las que cocían la bandera. Y cuando indagamos más, descubrimos que hubo un montón de luchadoras. Incluso hubo mujeres en el frente de batalla, no luchando, pero sí preparando la comida en el medio de la batalla o curando enfermos adelante de todo. Exponían sus vidas y arriesgaban haciendo sus tareas y eso no se vio. Tratamos de contar historias de mujeres para que las niñas y los niños puedan ver que siempre fueron protagonistas y que también tengan otras referentes porque cuando a las mujeres se las pone en lugares de espera como en los cuentos clásicos o en las tapas de las revistas donde se focaliza en el cuerpo o en la maternidad, lo que pasa es que eso termina siendo el objetivo inconsciente de una niña que vive en ese ambiente. Las mujeres pueden ser dos mil cosas más y la idea es ir generando esos caminitos nuevos.

Poner el mundo al revés, una decisión creativa para que los libros transformen la sociedad y los modelos imperantes
Evita Perón y las Madres de Plaza de Mayo son algunas de las ‘antiprincesas’ de la editorial Chirimbote, una nueva mirada. Foto: Luis Iramain

¿El movimiento de Mujeres en Argentina y América Latina influyó en el surgimiento de estos libros?

Creemos que el movimiento de mujeres y las mujeres en las calles tuvieron mucho impacto en la colección porque fue justo en junio de 2015. Cuando fue el primer Ni Una Menos donde las mujeres reclamaron en las calles contra la violencia, salió Violeta Parra. Antiprincesa decantó en un momento en el que el movimiento de mujeres venía empezando a ser más protagonista. No fue casualidad, pero no había un vínculo directo con esas mujeres ni una idea directa. Después sí, lo terminamos tejiendo y hoy trabajamos todas codo a codo. En ese momento no fue tan pensando.

¿Cómo siguieron después?

Después de Antiprincesas llegó la Colección Antihéroes para tratar de pensar en las infancias de los varones. Así como las niñas se identificaban o tenían como referentes a las princesas, modelos o actrices, los niños tenían que tener referencias de hombres fuertes. Es algo que sigue presente en la infancia de los varones. Queríamos poner Antisuperhéroes pero era muy largo pero tiene que ver con pensar las infancias desde otros lugares. Por eso buscamos hombres que hubieran resaltado en la historia desde otros valores: Eduardo Galeano, Julio Cortázar, el ‘Che’ Guevara. Al ‘Che’ lo pensamos porque si bien es una especie de héroe que fue a pelear, también tuvo asma desde muy chico y ha tenido que superar varias cosas para seguir adelante con sus ideales. Esto de que ser valiente no tiene que ver con no tener miedo sino con superar ese miedo. El ‘Gauchito Gil’, que fue el último, más allá de que yo claramente soy devota, tiene que ver con cómo intervenimos en la realidad de nuestros pibes y nuestras pibas. El ‘Gauchito’ es un desertor del ejército. Lo popular también nos interesa mucho porque creemos que muchas veces la cultura está hecha para ciertas personas y se olvida o se relega o se ‘basurea’ alguna otra cultura que es más popular como la cumbia, que se escucha en toda Latinoamérica. Por eso elegimos hacer Gilda como nuestra primera argentina y no algo más obvio como Mercedes Sosa, que la queremos, la valoramos, pero es más ‘progre’.

¿Cómo es la creación del resto de los libros?

En este camino de Chirimbote fueron llegando autores y autoras nuevas. Empezamos a hacer otras colecciones. La primera fue Anticlásicos que era otra manera trabajar en oposición a los cuentos clásicos, pero ya más directa. Juan Scalitre es el autor y Delia Iglesias es la ilustradora. Tuvimos un nuevo grupo de trabajo. Juan lo que hizo fue investigar todas las caperucitas Roja que hubo en el mundo y hacer una reunión de caperucitas que querían hacer su propia historia. A partir de eso, generó un personaje que lee cuentos. Otra es Cenicienta. Él descubrió que lo había escrito una mujer y que la Cenicienta original resolvía acertijos, cuando lo retoman varones hacen todo lo del zapatito de cristal, lo de la madrastra, es todo un punto de vista porque los hombres contaron la historia de otra manera, donde Cenicienta es más sometida. Es todo un hallazgo”.

¿Qué otros temas exploran?

Sumamos el miedo como algo posible en la vida de los niños. Tuvimos algunas cosas más sueltas como ‘ComuniCanciones’ que Vicky y Dafne lo hicieron a partir de un disco que había hecho. Nos pidieron un libro que acompañara su CD. Ellas están en Córdoba y recorren el país en un ‘motorhome’ presentando su disco. Nos pareció lindo convocar a ilustradores e ilustradoras de todo el país y terminó siendo un libro más completo.

Con Ro Ferrer, empezamos a trabajar ‘Será Ley’, después de que no salió el proyecto por el aborto legal, seguro y gratuito. Ella compiló todos esos dibujos que venía haciendo en redes y establecimos un vínculo de trabajo que hoy sigue. Así surgieron ‘Feminací’ y ‘Educando a Rolando’. También hicimos un libro de Carolina Unrein que es una adolescente trans que se vino a vivir desde Entre Ríos a Buenos Aires.

Hicimos ‘Contracuentos’ y hace unos meses editamos ‘Soy Galo’.  Nina es psicopedagoga y venía trabajando con Galo que es el ilustrador del libro, un niño con síndrome de Down. Está hecho como un relato en primera persona y le hicimos un contrato, pagamos los derechos de autor de sus ilustraciones como una forma de promover el trabajo inclusivo.

Poner el mundo al revés, una decisión creativa para que los libros transformen la sociedad y los modelos imperantes
Los libros de Chirimbote tienen una fuerte impronta latinoamericana y su distribución llega a varios países de la región. Foto: Luis Iramain

¿De cuánto es la tirada?

Como se imprimió Frida y Violeta, no volvimos a imprimir nunca. La primera tirada fue de 1 000, la segunda de 2 000 y así fueron creciendo. Ahora nos mantenemos en una tirada más baja, de 2 000 libros cada vez que editamos uno y vamos tanteando que pasa. Es caro imprimir un libro.

¿Cuál es el circuito de los libros?

Nosotros mantuvimos siempre un circuito alternativo, no dependemos de las grandes cadenas que son las que hacen movimientos ante las crisis. Si no pueden vender libros, venden chorizos, broches, no les interesa porque su objetivo es mercantilista. Pero teníamos todo un circuito alternativo que siguió creciendo y se siguió sosteniendo y que tiene que ver con docentes que venden los libros a sus compañeras y compañeros, ese tipo de herramientas y estrategias que hacen que nos sostengamos a pesar de que la gente no tenga plata.  Hay una distribución oficial que es Herramienta, una distribuidora que también es autogestionada pero que también llega a las grandes cadenas. Estamos en librerías de calle Corrientes, en cadenas. Creemos que el mensaje es claro, a cuantas más personas llega mejor.

Otras distribuidoras nos pedían exclusividad y nosotros decidimos que no, porque eso deja afuera a un montón de gente alternativa. En estos momentos de crisis hubo docentes que por ahí perdían un cargo o se quedaban sin trabajo y lo usaban como un medio de sumar algo más de plata. No queremos que eso se termine si una distribuidora grande lo agarra. En lugares chicos quizás venden en sus casas por redes sociales, abren una pequeña librería.

¿Cómo funciona la venta alternativa?

Cuando formamos la cooperativa teníamos la idea de ser coherentes con la idea que transmiten nuestras obras y pensábamos que la mejor manera era trabajar en grupo, tener medios de comercialización más justos. Tratamos de que los porcentajes que se quedan quienes venden los libros sean altos, que sea una fuente de trabajo digna y no que te quedes solo con el 10 %. Que sea un porcentaje alto para que motive, que sea un medio piola (inteligente y amistoso) de vida.

¿Cómo es la distribución en otros países?

En Buenos Aires está nuestra sede, pero llegamos a otros países de Latinoamérica. Cuando pasó lo de la BBC, recibimos pedidos de libros de todos lados, averiguamos cómo era exportar un libro y era carísimo y encarecía mucho el precio de venta. Nuestros libros en Argentina salen en 250 pesos, menos de 5 dólares, que es un precio muy accesible. Es más o menos un kilo de carne. Nosotros queremos sostener los precios populares y lo que empezamos a hacer es encontrar gente que los pueda editar en esos países y manejarnos con derechos de autor. En Colombia edita y distribuye La Fogata, en Chile estuvimos con una editorial chiquita, en España y México hicimos un convenio con la Editorial Akal. Fuimos haciendo así en Bolivia, Costa Rica, Perú, en Brasil. Están traducidos al portugués, al italiano, al inglés. Todo a partir de gente que manifiesta ganas y que empezamos a contactar”.

¿Cómo sigue la Liga de las Antiprincesas?

La próxima antiprincesa va a ser Micaela García, fue una víctima de femicidio el 7 de abril de 2017 en Gualeguaychú. Su caso fue muy resonante porque era una militante social del Movimiento Evita, era muy querida. Se generó un movimiento muy enorme que terminó con la sanción de la Ley Micaela que tiene que ver con que todos los organismos estatales se capaciten en perspectiva de género. Este libro viene a acompañar eso. Una frase que retomamos es “Construir el mundo que Micalea soñó”. Mica presente y viva y no solo recordar su femicidio.

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