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Foto: pexels-markus-spiske-2990647-scaled.jpg

Tengo que ser honesta. Yo no era la más respetuosa de la naturaleza. No me importaba mucho si se talaba un árbol o si hacía más frío o calor de lo normal. Como algunos lectores, no entendía a profundidad el tema y creía que el cambio climático era algo que no iba a tocarme. Afortunadamente, de unos años para acá he comprendido la relación entre el ser humano y la naturaleza. Creo y espero que hoy la gran mayoría sienta algo parecido. O acaso ¿Quién no ha sido afectado por las extremas sequías, incendios, lluvias o inundaciones que ahora son más frecuentes y de mayor magnitud? ¿Alguien puede decir que el aumento de enfermedades y muertes ocasionadas por factores cardiovasculares y respiratorias es mera coincidencia? ¿O qué los daños a la agricultura, la flora y la fauna no son evidentes?

La COP 26, o Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático, se celebra cada año y en esta ocasión tiene a Glasgow, Escocia, como su anfitrión. De ahí no esperen que salga la salvación del mundo o que se descubra finalmente la cura para los males climáticos, ambientales o socioeconómicos. Está claro que los tomadores de decisión y los ciudadanos conocen la problemática de fondo y las soluciones, por eso esta conferencia no es más que la ratificación de voluntades y compromisos para acelerar la acción. Es el momento para crear alianzas estratégicas y conseguir recursos en pro del objetivo común.

Su importancia radica en que reúne a más de 200 dignatarios que deben mostrar qué y cómo lo están haciendo en materia de logros y compromisos adquiridos con el Acuerdo de París firmado en 2015. Es una oportunidad de oro para, de una vez por todas, ratificar que estamos ad portas de la debacle, que sí o sí debemos reducir las emisiones de gases efecto invernadero y evitar que la temperatura mundial aumente más de 1.5 grados centígrados. Puede sonar catastrófico, pero como dijo Antonio Guterres Secretario General de la ONU, es la última oportunidad para actuar con determinación, redireccionar acciones y evitar una catástrofe climática.

En lo que respecta a Colombia, hay que reconocer que se ha comprometido con la causa. En el país se han formulado una serie de políticas, proyectos y estrategias encaminadas a la mitigación del cambio climático y enfocadas en la realidad de que somos un país megadiverso que necesita protección. Aunque nuestra contribución negativa al medio ambiente no sea alta en comparación con otras naciones, lo cierto es que cada granito aporta y es necesario. A pesar de esto, los opositores critican estos avances ante los más de 65 líderes ambientales asesinados en 2020 y el poco afán del gobierno por firmar el Acuerdo de Escazú.

Al final, el mensaje de este diálogo de alto nivel se puede resumir en una frase de Al Gore: “Solo se necesita voluntad política”, a la que los ciudadanos preocupados añadimos ¡Por favor actúen ya!

P.D.: No se pierdan la extraordinaria campaña medioambiental de Naciones Unidas en la que un dinosaurio entra al recinto y afirma que “Estamos financiando nuestra propia extinción”. Vale la pena.

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