Un presidente crudo y fósil

LA Network - Equipo editorial
2 junio, 2017 - Gobernanza

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha demostrado su gran desinterés en la lucha contra el cambio climático. Las decisiones tomadas en favor de la industria petrolera y su retiro ayer del Acuerdo de París, son motivo de preocupación global.

El 28 de marzo pasado las políticas contra el cambio climático de la administración de Barack Obama estallaron en mil pedazos. Y no por el uso de armas de destrucción masiva. Una pluma fue suficiente. El presidente Donald Trump firmó con ella ese día la Orden Ejecutiva de Política de Independencia Energética, que bajo ese nombre pomposo no resultó ser nada distinto que la eliminación de todas las líneas definidas por su antecesor en materia ambiental.

La orden ejecutiva de Trump ordenó a la Agencia de Protección Ambiental EPA suspender, revisar y rescindir cuatro acciones relacionadas con el Plan de Energía Limpia, que en opinión del presidente han perjudicado la economía.

El plan para desmantelar las bien intencionadas acciones ambientales del gobierno anterior cumple hasta ahora el guión establecido. La Agencia de Protección Ambiental, por ejemplo, tendrá, con base en el borrador de presupuesto presentado por el Gobierno Trump a revisión del Congreso ayer, un recorte estimado del 31 por ciento, que en dinero representa una cifra cercana a los 1.100 millones de dólares. Dentro de tal presupuesto está contemplado que el personal se reduzca en un 25 por ciento y 50 programas podrían tener recortes.

Otra decisión de Trump que ha hecho evidente su desinterés en frenar el calentamiento global fue la de eliminar los obstáculos para construir el Keystone XL Pipeline y su declaración que el ducto Dakota Access beneficia al interés nacional,  iniciando así el proceso para completar su construcción.

Este es un proyecto energético propuesto por la empresa canadiense TransCanada, que quiere vincular la región de Alberta, en Canadá, con el estado estadounidense de Nebraska. El oleoducto espera transportar 830.000 barriles diarios de petróleo de las arenas bituminosas canadienses, así como de Dakota del Norte y Montana, a un centro de distribución en Nebraska. Desde allí sería transportado a refinerías del estado de Texas.

Dos consideraciones tienen los ambientalistas para estar en contra de este proyecto: la extracción de esas arenas bituminosas implica un ejercicio altamente contaminante para el medio ambiente y el otro tema inquietante es que el cruce del oleoducto por varios estados pueda afectar ecosistemas sensibles, y muy especialmente fuentes de agua.

Donald Trump fortalece así su carácter de negacionista del cambio climático, A pesar de las evidencias para la mayoría de los científicos y expertos sobre la existencia y las consecuencias del calentamiento global, existen los llamados personajes como Trump, quienes no creen que el cambio climático sea un problema o esté provocado directamente por el hombre.

Trump precisamente ha repetido en decenas de escenarios que el cambio climático es “una falsa alarma” e incluso ha llegado a considerar como “un efecto menor” las consecuencias del calentamiento de la Tierra.

Ahora llega, como estocada final de Trump, la decisión tomada este jueves sobre el Acuerdo de París, cuyas discusiones y avances serán revisados en noviembre en la ciudad de Berlín. Ya Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental EPA, había afirmado en abril pasado que lo mejor para su país es abandonar ese acuerdo. hecho que ratificó Trump al retirar a Estados Unidos de este Acuerdo.

Desde la firma del Acuerdo de París, en diciembre de 2015, 55 países, que representan el 55% de las emisiones de carbono, ratificaron el acuerdo y asumieron el compromiso de materializarlo en políticas públicas. Entre los principales países que ratificaron los acuerdos estaban Estados Unidos y China. Para la administración de Barack Obama el tema fue una prioridad.

El Acuerdo trazó como meta principal mantener el calentamiento global menor a dos grados Celsius. Si el planeta llegara a los cuatro grados, el clima experimentaría un incremento de los ciclones naturales, sequías, hambruna y un aumento del nivel del mar en las costas.

Ante esta cascada de decisiones de Trump contra el medio ambiente, no resultó extraño que el Papa Francisco en su audiencia de la semana anterior con el presidente estadounidense, le hubiera entregado una copia de la encíclica Laudato Si, sobre el cuidado del planeta y el medio ambiente. Trump le prometió el Pontífice que iba a leerla. Pero como dice la propia Biblia “por sus acciones los conoceréis”, por lo que la promesa de Trump a Francisco no parece ser más que un gesto de cortesía.