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¿Qué aporta el tercer sector al desarrollo de las ciudades?

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El trabajo en red y la participación de la sociedad civil en el desarrollo social y económico de América Latina y el Caribe y su incidencia en los procesos de cambio e innovación social, fueron los temas de análisis en un encuentro académico en la ciudad de Medellín.

¿Qué aporta el tercer sector al desarrollo de las ciudades?
Ciudades como Medellín, gracias a modelos exitosos de financiación para el desarrollo como las alianzas público-privada y su experiencia de cambio por la participación de la sociedad civil, es un referente para muchos de los expertos en la manera de intervenir de la sociedad civil.

Durante los años 90 la crisis por la seguridad que padeció Medellín coincidió con un tercer sector muy sólido. Así lo considera Santiago Leyva Botero, profesor del Departamento de Gobierno y Ciencias Políticas de la Universidad Eafit, uno de los investigadores que participó en la 12 Conferencia Regional de la Sociedad Internacional para la Investigación del Tercer Sector (ISTR por sus siglas en inglés), que se realizó en Medellín con presencia de investigadores de 16 países.

El tercer sector reúne a un grupo heterogéneo de organizaciones e instituciones que hacen parte de la sociedad civil organizada, es decir, que no tienen un carácter público ni privado. Sus aportes van desde iniciativas para reconstruir poblados afectados por desastres naturales, reducción de la pobreza, aportes a educación y, en general, para el desarrollo económico y social de los países.

En ese contexto, el profesor Leyva explicó que, aunque esta esfera ha jugado un papel fundamental en abrir agenda y repensar asuntos de lo público, en Medellín “en la medida que la crisis fue perdiendo importancia y fueron llegando tiempos más normales, el tercer sector se fue debilitando, especialmente la cooperación internacional perdió participación y se volvió mucho más complejo unir voluntades. Hoy en día tenemos muchas iniciativas en la ciudad, pero uno de los retos actuales es aprender a trabajar en red”.

Otras acciones que se analizaron en este encuentro, consideradas claves en el desarrollo de los países de América Latina y el Caribe, son iniciativas comunitarias que promueven el bienestar de las comunidades más vulnerables, programas de cooperación internacional para la transformación social de los territorios, la contribución de organizaciones no gubernamentales (ONG) en temas como la paz, de entidades sin ánimo de lucro que se dedican a la filantropía con aportes a la educación, y el empeño de fundaciones empresariales por metas sociales como la reducción de la desnutrición infantil en Colombia.

Los analistas vienen observando que en los países de la región el tercer sector viene experimentando una expansión, en parte por el mayor interés de participación de la sociedad civil en asuntos públicos. Pero la historia de estos grupos se viene consolidando hace varias décadas.

Desde los años 70, en primera instancia influenciadas por las instituciones religiosas, luego con la aparición de diversas ONG y la denominada economía social, estas agrupaciones se han venido fortaleciendo entre los sectores públicos y privados como una forma desde la organización civil responder a intereses colectivos.

Jacqueline Butcher, representante del ISTR y directora del Centro de Investigación y Estudios sobre Sociedad Civil en el Tecnológico de Monterrey (México), explica que “la sociedad civil siempre ha sido parte del actuar social, su papel no es sustituir a ningún gobierno, es acompañar y trabajar en conjunto para lograr beneficios a la sociedad. El tema es corresponsabilidad, cuáles son los roles de cada uno de los sectores en los gobiernos, las empresas y la sociedad civil organizada. Es participar, ayudar a que la gente tome sus decisiones hacia dónde quiere ir, se asocie libremente para construir democracia en la región”.

Recientemente, la incidencia que han tenido estas organizaciones se ha reflejado en casos como el rol que jugaron las alianzas sociales para la reconstrucción del municipio Salgar (Antioquia), luego de la avalancha en el año 2015 que dejó a 308 familias damnificadas y donde se involucró la corresponsabilidad entre los distintos sectores de la economía. Otros ejemplos como los proyectos de cooperación internacional de educación para el empleo y las acciones sociales frente a la pobreza son algunos de los escenarios donde suelen actuar las organizaciones civiles.

“El hecho de discutir a nivel académico amplía los horizontes y el conocimiento de la agenda. El desarrollo tiene que ser participativo, no solo asumir que porque elegimos unos gobiernos democráticamente estos toman en consideración todas las variables que inciden en el desarrollo. Ahí el tercer sector, al ser representativo de la sociedad civil, se convierte en su voz por el hecho de mantener activo una visión del desarrollo y de participación en los planes para las ciudades”, dice David Santiago Rosado, profesor de Gerencia de Organizaciones del Tercer Sector en la Universidad de Puerto Rico.

Para el investigador Andrés Guzmán, economista de la Universidad de los Andes, quien trabaja en estudios relacionados al aporte de este sector en Colombia, las organizaciones sin ánimo de lucro han logrado cerrar brechas y, por lo menos, atender fallas tanto del Estado como del mercado. “En ese espacio es donde están las organizaciones civiles para ofrecer un aporte especial. El sector ha ido creciendo, sobre todo cuando las organizaciones privadas están involucrándose en iniciativas de responsabilidad social, en formar este tipo de organizaciones voluntarias y empresariales para apoyar diferentes temas”.

Ciudades como Medellín, gracias a modelos exitosos de financiación para el desarrollo como las alianzas público-privada y su experiencia de cambio por la participación de la sociedad civil en muchos de sus procesos sociales, es un referente para muchos de los expertos en la manera de intervenir de la sociedad civil. Los retos, destacan los académicos, pasan por generar una mejor articulación entre los distintos sectores de la sociedad.

Entre los retos que identifica Daniel Fuentes, investigador del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México, entidad que se encarga de monitorear el tercer sector en su país, está avanzar en la comprensión de la totalidad del tercer sector.

“Es algo que definitivamente tiene que medirse, constantemente. En nuestro caso, generamos un estudio y entregamos cifras de este sector anualmente. Poca es la estadística que se tiene para poder medir de manera adecuada el sector, sobre todo en el marco de las cuentas nacionales. Así como calculamos el PIB quisiéramos que se calcule el PIB de las organizaciones de la sociedad civil, porque si no lo mides no puedes gestionarlo de manera eficaz”, concluye.

Con información de la Agencia de Noticias EAFIT

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